Aprenda usted a sentarse

"Oficio: dibujante", José Luis Munuera (Astiberri)

Pongamos las cosas en perspectiva: ¿qué es un rey sino un señor sentado en un trono?

Este librito, cuyo profético formato de devocionario anticipa el culto de que va a ser objeto a partir de ya mismo, ofrece más información práctica por centímetro cuadrado de página que casi cualquier otro que se haya publicado sobre esa peculiar modalidad de señor sentado que es el dibujante de tebeos.

No, no es uno de esos manuales sobre “cómo dibujar”, aunque las vivencias y consejos que aporta sobre el proceso de destilación del propio estilo valen su peso en oro. Tampoco es un tratado teórico, (de esos ya hay muchos y muy recomendables), si bien abundan las reflexiones sobre el medio y su idiosincrasia, con el plus de legitimidad que se deriva de basarlas en la práctica profesional asidua y exitosísima, pero también en toda una vida de devorar tebeos y desmenuzarlos obsesivamente para comprender cómo funcionan (es una pena que Munuera no se prodigue más como crítico de obras ajenas, porque el tipo ha desarrollado una habilidad sobrenatural para alcanzar el tuétano de un tebeo, de un autor, de toda una escuela, con una sola mirada).

Lo que viene a contarnos es lo que hasta ahora no nos había contado casi nadie. Cómo se construye un proyecto, cómo se vende ese proyecto a una editorial y cuántos factores, unos más aleatorios que otros, determinan el éxito. Cómo se le da forma a un álbum, página tras página, duda tras duda. Cómo se equilibran en la balanza inquietudes creativas y exigencias comerciales. Cómo se sobrevive a una franquicia multimillonaria (“Spirou”), con todos los elementos en contra. Al cabo, cómo se gobierna el rumbo de una carrera a través de los mares traicioneros de una industria cada vez más conservadora por puro instinto de supervivencia.

Puede ser un tanto difícil encasillar “Oficio: dibujante” en un género específico pero, si tal género existe, es el mismo al que pertenecen libros como el célebre “Aventuras de un guionista en Hollywood” de William Goldman. Lo que ambos pretenden es, ni más ni menos, exponer ante el profano la realidad prosaica de un oficio, con tanto rigor como saludable escepticismo autoirónico, y una plétora de anécdotas sabiamente escogidas para divertir y esclarecer. Instruir deleitando, ya saben, y este señor sentado no ha vendido tantos ejemplares de sus tebeos a base de aburrir al personal. Por eso mismo es un libro tan recomendable para cualquier lector inteligente que sienta el menor interés por los tebeos, sean cuales sean sus aspiraciones profesionales.

¿Capítulos que justifiquen por sí solos el (escandalosamente razonable) precio de libro? Prácticamente todos, salvo quizá las breves pero no por ello menos oportunas remembranzas de Martz-Schmidt y Moebius (cuya inclusión en el libro, por lo que sabemos, estaba proyectada meses antes de que falleciera). Aun así, sospecho que el conciso heptálogo titulado “Guía Puto Roger Corman para la producción masiva y barata de tebeos de todo género” va a gozar de especial favor por parte de los lectores: no les extrañe encontrar, de aquí a no mucho, a gente que se lo recite de memoria.

Una última advertencia: ya desde la portada, Munuera se autorretrata como una suerte de hidalgo pobretón pero contento, a juego con los numerosos comentarios desmitificadores que menudean en las páginas del libro. No se dejen engañar: emplea esa jugada irónica para colar bajo nuestras propias narices el corazoncito del libro en un capítulo titulado “Señores sentados”, y que evidencia esa pasión de la que Paco Roca escribe con tanto acierto en el prólogo.

¿Cuántos tipos de señor sentado hay? Casi tantos como oficios: reyes y camioneros, oficinistas y dibujantes de tebeos, criadores de almorranas todos. Solo se distinguen por el lugar donde descansan sus posaderas, y por lo que hacen una vez sentados. Una pista: los más importantes son los que se dedican a hacernos la vida un poco más grata.

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Alejandro Romero

Mientras se hunde en el asfalto, Alejandro Romero traduce libros de magia, escribe tebeos crípticos como "La canción de los gusanos" y tratados herméticos como "El humor en la sociología posmoderna" (sí, en serio), y se materializa en las más recónditas universidades andaluzas para enseñar sociología a los inocentes, así, a traición y con toda su mala idea.


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