Juerga general

Mi amigo Roque, que trabaja en la Moncloa de rebozador de croquetas, me ha confesado que Mariano, lo primero que hace cada domingo por la mañana, antes de leer el ABC, antes de aplicarse el Just for Men en su cabello, incluso antes de repetir ante el espejo 100 veces la palabra “shusherias” (tarea en la practica cada día con tesón), es sentarse en su sofá a desayunar mientras ve el capitulo semanal de “Bob Esponja”.

Al parecer, los mundos acuáticos de Bob han desarrollado en él una habilidad inigualable y que le ayuda en su día a día al frente del gobierno: poner cara de tonto cuando no se entera de algo.

Bueno, en realidad no es ésa la cara que pone, pero me hizo mucha gracia cuando la encontré en internet (si ponen en Google “Rajoy con cara de tonto” echarán un buen rato). La cara a la que me refería se trata más bien de ésta.

Si, ya sé. Ésta es mucho menos graciosa, pero es mucho más ilustrativa para explicar mi postura indecisa respecto de la huelga general de hoy; tema al que llevo dándole vueltas varias semanas y que ha conseguido que aparezca en mí más de una vez una cara parecida a la de Mariano en sus momentos de más profundo colapso cerebral.

Cuando estos días reflexionaba sobre si hacer o no hacer huelga, dos pensamientos totalmente opuestos me impedían tomar una decisión. Por un lado, las reformas laborales del gobierno me parecen un retroceso de derechos inaceptable, una bajada de pantalones a los titiriteros del IBEX 35, una felación sin condón a Durao Barroso recién salido del gimnasio… y un sinfín de comparaciones cada cual más desagradable que me aportaban otro sinfín de motivos para no ir a trabajar hoy. Por el otro, en los últimos años se ha incrustado en mí un rechazo a los sindicatos que no logro desatascar. Su anacronismo, sus estructuras caciquistas, sus discursos vacuos y en general, su fracaso absoluto defendiendo a los trabajadores en los últimos 20 años, han conseguido que no me identifique con ninguna de sus reclamaciones, quizá si en el fondo, pero jamás en las formas.

Tiempos Modernos

Las huelgas generales se han convertido, parafraseando a García Cossío, en Juergas Generales. Montañas de globos y pancartas, sindicalistas dándose palmadas en el pecho, señores mayores llegados del pueblo en el autobús que pasean por Gran Vía comiendo empanada de atún y universitarios que aprovechan para hacer botellón. Mientras, los verdaderos currantes se juegan el puesto de trabajo, creyendo que mañana aumentarán sus sueldos, sus jefes se bajarán el suyo, evitarán despidos peor retribuidos o se conciliarán sus vidas familiares y laborales… Desgraciadamente, por faltar a trabajar un día y por muchos manifestantes que recuenten los periódicos, nada va a cambiar con esas formas, y la juerga general lo que mañana traerá será una resaca de desilusiones.

La huelga de hoy me recuerda a la que hacía Charles Chaplin en “Tiempos Modernos” (1936), poco después de la anterior gran estafa económica de 1929. Recién salido de la cárcel, Chaplin, que interpreta a un humilde obrero, recoge del suelo una bandera que acaba de caer de un camión. Con la buena intención de devolverla a su dueño, comienza a agitarla, caminando hacia delante para hacerse ver, cuando de repente, detrás de él, aparece una horda de convencidos huelguistas, viéndose atrapado sin querer en una manifestación, por entonces ilegal, que es disuelta a mamporros por la policía. El pobre Chaplin acaba de nuevo en la cárcel a los 5 minutos de haber salido.

Han pasado casi 80 años desde que este genio rodara esta maravilla del descojone y la crítica al mismo tiempo y nosotros seguimos igual. O vamos a peor. Ciudades cada vez más repletas, cada vez más llenas de coches, industrias contaminando cada vez más, trabajadores explotados, ricos cada vez más ricos, pobres cada vez más pobres. Hoy, al despertarse, Botín y compañía seguirán frotándose las manos como moscas del vinagre que dan vueltas alrededor de una mierda fresca. Y nosotros, en cambio, seguiremos agitando banderitas.

 

 

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Fernando G. Acuña

Cuando escuché por primera vez el refrán “pongo un circo y me crecen los enanos” pensé en lo afortunado que sería teniendo más enanos para mi circo. Por un momento, imaginé que los enanos crecían como las cebollas o los puerros, en un huerto, con un poco de sol y mierda de vaca. Así es mi vida: irreverente, cómica, absurda, como un circo lleno de enanos que crecen sin parar.


5 Comentarios

  1. JuanFresh Barullo dice:

    Como me pasa en 35,72 % de las veces, estoy totalmente de acuerdo contigo.
    Muy fresco todo lo que escribes, como la mierda que nos vamos a comer todos.

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  2. Alberti dice:

    ¿Quién ha dicho que neceditemos estar sindicados para ir a la huelga? La prueba de que el derecho de huelga está más justificado que nunca, es que ejercerlo tiene más riesgos hoy que hace 20 años. ¿Qué hacemos la ristra de falsos autónomos que crecemos como enanos en este circo pseudoliberal? Ir a la huelga es más arriesgado. Lo que lograrán los famosos titiriteros es que: pasemos de sindicatos, pasemos de partidos políticos, pasemos de la familia, pasemos de los colegas (esos que antes veíamos en el bar o en el bautizo y sólo vemos a través de FB o de un blog), pasemos de comprar periódicos, etc… En Europa hay demasiado inconformista por poderes, creyendo que su inconformismo es propio e intransferible, cuando en realidad es un tipo de nihilismo inoculado por quienes tienen las riendas del cotarro. Y si los sindicatos no me inspiran confianza, me basta con no afiliarme a uno de ellos. ¡Pero alguien tendrá que convocar huelgas, ¿no?! Es que result que yo no estoy autorizado a convocarlas individualmente. O a lo mejor, si no nos fiamos de los sindicatos, lo que hay que hacer es precisamente afiliarse para tratar de influir en ellos. O crear otro. Además, hay una panoblia inacabable de sindicatos, o sea que podemos afiliarnos al que nos de la gana para no concentrar el poder en un par de ellos. Pero no nos engañemos porfaplís: si no vamos a la huelga es porque somos unos aboñigaos, unos arrugaos de la vida. Yo mismo. Ojalá hubiera tenido los cojones de ir a la huelga. Pero como mínimo hay que tener el coraje de decíserlo, de asumir que no somos todo o valientes que quisiéramos o imaginamos cuando nos encerramos en nuestro cyuartucho a leer “novelas gráficas” o blogs que ladran mucho pero muerden poco.

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  3. Zola dice:

    Para ir a la huelga, desgraciadamente, necesitamos que la convoquen los sindicatos. Lo que ocurre es que antes, en un mundo mucho más industrializado, un día de paro suponía grandes pérdidas para los empresarios. A día de hoy, un día de paro y de manifestación no sirve de nada. La huelga tiene como objetivo hacer un poco de daño al sistema, enfrentarse a él, mostrar que los trabajadores tienen el poder. Con un día de manifestación no se logra nada en el siglo XXI. Hay que cambiar las formas de confrontación. Vease una huelga de un mes, con dos cojones, o vease convertirnos todos en potenciales hackers y joder las transacciones financieras de los bancos durante una semana. Así si se hace daño, así si se levanta la voz.

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  4. Maputxe dice:

    Hola
    Solo quería anotar el comentario de Quino, a través de Mafalda:
    “Una pulga no puede detener a una locomotora, pero puede llenar de picotazos al maquinista”…
    Enhorabuena al creador de este espacio.

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  5. Océano Mar dice:

    Sencillamente me ha encantado… nunca lo hubiera expresado mejor y llevo tiempo comiéndome el coco con el tema con cara de Rajoy haciéndose el carabullo… el ejemplo de la peli: genial…

    Me lo llevo!!!!

    Y encantada :-)

    Mar.

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