Luis Piedrahita se confiesa
Si los ácaros quisieran ser representados frente a un juez por todas esas pieles secas que se nos han comido elegirían a Luis Piedrahita. Porque él sabe ver lo maravilloso que pueden ser ciertos seres pequeñitos si nos acercamos a ellos. Posiblemente sea la persona que más ha hecho reír a la gente hablando del mimbre, las medusas o las trabillas de los pantalones. Pensándolo, puede ser la única persona que lo ha logrado. Charlamos con Luis a su paso por el Teatro Quintero de Sevilla, presentando su espectáculo “¿Por qué los mayores construyen los columpios siempre encima de un charco?”.
: ¿Por qué se te ocurrió defender a esos pequeños seres a los que no se les trata con el respeto que se merecen?
Las cosas son grandes o son pequeñas dependiendo de si están cerca o lejos. Una cosa muy grande es pequeña si está lejos y una cosa pequeñita puede se muy grande si te toca verla de cerca. Las cosas pequeñas vistas de cerca son las que hacen la vida más grande.
: Una cosa muy importante para mí: ¿te ha pasado alguna vez que nadie se ría de una broma o un chiste? ¿Qué se hace en esos momentos?
Me pasa constantemente. En el párrafo anterior dos veces. El truco para que eso no sea un drama es no hacerse el gracioso. Si uno no espera la risa, la “no risa” no es un fracaso. El problema es cuando uno habla, escribe o piensa esperando que haya una risa después de cada frase. En esos casos el silencio suena sordo como un puñetazo en el estómago.
: Otra sobre risas: ¿qué harías tú si ves a un tipo que lee un libro y se ríe sólo? Es que hace unos días me pasó y se cambió de asiento una chica que iba a mi lado…
Cada vez que veamos a alguien que ríe leyendo, que sonríe, o que llora, es de buena educación sentir envidia hacia él. A lo mejor tú te reíste tanto tanto que esa chica no pudo soportar la envidia y tuvo que levantarse y buscar una esquina para vomitar.
“Si uno no espera la risa, la ‘no risa’ no es un fracaso”
: En un tweet pedías que la gente viniera orinada de casa a uno de tus espectáculos. ¿Qué es lo más raro que has visto en las butacas?
Una vez un señor casi se muere de risa. Sin bromas, fue muy dramático. Hubo que parar la actuación, dar luces en el teatro y pedir un médico. Creo que luego, para que se recuperara, se lo llevaron a un sitio muy aburrido: a una notaría, a un banco, o a solicitar un crédito hipotecario. Para compensar, más que nada.
: ¿Te consideras más mago o humorista?
Gracias a Dios no hay que elegir. Una cosa no quita la otra, es más, ambas cosas se complementan.
: ¿Qué humoristas te gustaban de pequeño? ¿Qué veías y/o escuchabas por aquella época?
Me encantaban Gila, Tip y Coll y Juan Tamariz. Cuando estos señores aparecían en televisión traían consigo un mundo distinto que era mucho mejor que el de verdad.
: ¿Cómo fue para un humorista escribir y dirigir a medias un thriller como “La habitación de Fermat”?
Doloroso. Ése en concreto fue un rodaje muy duro. Gracias a Dios luego ves la criatura y se te van todos los males. Es una película hecha con corazoncito, que costó muchísimo trabajo sacarla adelante, pero de la que estamos muy orgullosos.
“Al parecer, para diseñar una campaña de seguros, es requisito esencial tener un ligera lesión mental”
: ¿Qué se siente cuando te prologa Forges? Y que además te diga que le gustaría que tú fueses su padre…
Se sienten unas cosquillitas en los tobillos muy especiales, amarillitas y azules, que suben dando brincos eléctricos hasta el estómago; allí explotan, como un hámster en un microondas, y se tornan una sustancia rosada, espesa y calentita que llega hasta el corazón; en el corazón palpita ese mejunje y hierve, sube por la tráquea como un vaporcito blanco y peludo, entra por el cuello y aparca en el cerebro. Todo, entonces, se sublima y se precipita como un agüita muy clara, esmeralda, refrescante y para todos. Vamos, lo típico, cualquiera que hay sido prologado por Forges sabe de lo que hablo.
: Adoro las fotos de los autores en los libros. Veo la tuya en la solapa de “Dios hizo el mundo en siete días… y se nota” y no paro de preguntarme: ¿os obligan a los que escribís un libro a sujetaros la cabeza con las manos?
No. Lo hacemos porque no hay muchas otras cosas que se puedan hacer. Puedes sujetarte la cabeza con un dedo, tocarte la barbilla, apoyar la cara sobre una mano… poco más. Lo de poner la cara solo ya lo hacen para el D.N.I.
: Me encanta un monólogo tuyo sobre la publicidad previsible, pero pienso que hoy la publicidad es muy imprevisible. Hay niños que dan saltos mortales y bailan cuando les ponen por delante un plato de sopa, osos polares que van de la mano con menores de edad… ¿Hacen falta buenos guionistas o ya hay bastantes humoristas en la publicidad?
La publicidad tiene un nivel altísimo, en general. Sin embargo hay algunos sucesos que no tienen explicación. Yo no sé que pasa con los anuncios de seguros. El del teléfono rojo con ruedas, el erizo marioneta –que antes estaba discado y antes era por ordenador-, los de “Soy, soy, soy”, los de “Me siento seguuuuuro…”, los de Balumba, el oso polar ese de ojos negros, quietos y muertos que lleva a los niños de la mano… ¡¿Qué nos está pasando?! ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Al parecer, para diseñar una campaña de seguros, es requisito esencial tener un ligera lesión mental.
: Tú eres gallego y yo soy andaluz, así que le dije a una amiga gallega que me dijera qué te preguntaría ella. Y me dijo: “¿Por qué no te pones una horquilla en el pelo?” Dice que cuando te ve por la tele sufre porque se te van a erosionar las manos como a la esfinge de Gizeh con tanta fricción flequillil…
No es un flequillo. Es una peluca de rosca y tengo que ir girándola cada cierto tiempo, si no lo hago corro el riesgo de que se me caiga al suelo en directo.
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Juan Antonio Huertas
Comenzó a ser redactor de FREEk! como parte de un tratamiento para superar su adicción al Varón Dandy vía oral. Hoy está casi rehabilitado. Le gusta la música, el cine y la literatura que le hace sudar, que le piten los oídos, le provoquen insomnio o poluciones nocturnas. No le presten dinero ni le llamen para las mudanzas.


