Los managers

...algunos medio calvos, y otros con coleta

Peter Grant, John Boham y Jimmy Page. Trío de Ases

 

Desde el sangrante Coronel Tom Parker hasta el altruismo exacerbado de Brian Epstein entre otros, los managers gozaron de mayor fama y fortuna que la de los artistas a los que representaban. Acuesten a sus hijos y encierren a sus hijas si no quieren que formen parte de un espectáculo en el que el dinero sí da la felicidad. Efímera, pero felicidad al fin y al cabo.

Cuando la música se escribía en mayúsculas, el más escéptico podría pensar que con unos cuantos instrumentos usados, la amistad de compañeros de pupitre o de fábrica al uso y algunas versiones de clásicos imperantes, bastaban para formar un conjunto. Fue entonces cuando existieron individuos que, sin saber un sólo acorde, transformaron canciones de apenas tres minutos en la banda sonora de nuestras vidas. Ellos son los managers. De verbo fluido, extravagancias variopintas y estrategias que dejarían absorto al mismísimo César, muy pronto atesoraron el mecenazgo de incipientes artistas en los que, por capricho o voluntad propia, vieron una máquina de hacer dinero.

A simple vista, un manager se podría considerar heredero directo de los mecenas de antaño, ya que si bien los Médicis de Florencia fueron los grandes protectores y financiadores de artistas del Renacimiento, Brian Epsteiny sus argucias hicieron de los Beatles, en dos continentes, una referencia de igual o mayor importancia a la de la cúpula de la iglesia de San Pedro de Miguel Ángel en Roma. La única diferencia estriba en que si los primeros sólo financiaban a sus artistas, los managers, como representantes, buscaban ese capital. Y para tan ignominiosa causa podrían hasta alquilar los servicios de su propia progenitora o imponer una moda estética que llega hasta nuestros días. Y si no, ahí están los Beatles o mod top haircuts, obra de Brian Epstein o la crestería y el desaliñospunk de los Sex Pistols por gracia de Malcom McLaren.

A sus órdenes mi coronel

A lo largo y ancho de la Historia cualquier rey se ha rodeado de un ejército y un coronel que salvaguardaban sus posesiones e intereses. Es indiscutible que Elvis Presley, el Rey, contó durante todo su mandato con una legión de fans que alcanzaba hasta donde ni Napoleón pudo pisar. Nunca actuó en el viejo continente, aunque los movimientos de su regia pelvis estuvieron bajo la supervisión de su manager, el Coronel Tom Parker. Andreas Cornelius Van Kuijk, su verdadero nombre, puede ser considerado el primer manager de corte moderno con tácticas publicitarias de merchandising desconocidas hasta el momento. De talento muy cercano al latrocinio, sus comisiones llegaban al 50% de lo recaudado por Elvis, sin contar las cuantiosas sumas que se apropiaba con cada sesión de fotos, etc. No obstante, el propio Presley llegó a sentenciar que fue su “mejor amigo”. Y es que con amigos así, ¿quién necesita de un perro? De hecho, la andadura de este singular representante incluía distintos trabajos en circos variopintos, perreras, un cementerio para perros e incluso fue entrenador de mascotas. ¡Guau! Este holandés errante recibió el apelativo de coronel a finales de la década de los años ‘40 de la mano del gobernador de Louisiana, Jimmi Davis. Años más tarde, a mediados de los cincuenta, se convierte en manager de Elvis tras haber sido el representante de Johnny Cash, entre otros.

“Las comisiones de Tom Parker  llegaban al 50% de lo recaudado por Elvis”

En los veintidós años que los unieron, el carácter intrincado del coronel logró convencer a Elvis de que abandonase los escenarios y se centrase en su carrera como actor, realizando una veintena de infumables filmes, para a finales de los sesenta, convertirlo en la anfetamínica mascota obesa de las noches en los hoteles de Las Vegas. Con más barriga que la de su coronel, el rey claudicó tras una vertiginosa decadencia en 1977 y el coronel, después de varios intentos de participar de su herencia, acabó sus días como anunciador de eventos en distintos hoteles. En enero de 1997, Parker moría en Las Vegas demostrando que su carácter déspota y acezante hizo de Elvis un rey hasta para los republicanos.

Idealista con causa

Vitalista y con un corazón de gay palpitar, Brian Epstein fue el manager del conjunto más grande jamás contado: The Beatles. Sin experiencia previa en el gremio, abandonó su pequeña tienda de discos para dirigir la carrera artística de cuatro desaliñados chicos de Liverpool a los que les impuso rectitud, elegancia y formas sobre un escenario. Una de sus estrategias comerciales consistió en comprar 10.000 copias del primer single de los Fab Four, “Love me do”, y con ello hacerlos entrar en las listas de ventas tras la firma de un suculento contrato con Parlophone Records. Sin embargo, su buen hacer no impidió que el grupo “más famoso que Jesucristo” decidiera abandonar los directos en 1966 tras un largo y agotador peregrinaje. Esto, unido al amor no correspondido que Epstein profesaba a John Lennon, precipitó su muerte un año más tarde a causa de una mezcla infalible de barbitúricos con alcohol que ha llevado a pensar en suicidio intencionado. Y esto merece un párrafo de silencio.

Nacido en el seno de una familia judía en 1934, la primera vocación de Epstein fue la de actor. Tras una breve estancia en la Escuela de Arte Dramático de Londres, en la que se codeó con Peter O´Toole, su padre lo puso al frente de la sección de música de los almacenes familiares NEMS en Liverpool. Allí desarrolló un inesperado olfato comercial. Y fue éste, el destino o el azaroso mundo de Paul Auster en el que vivimos, el que unos gamberros de Liverpool que habían grabado unos temas en Hamburgo se cruzasen en su vida para siempre. Sus copias se vendían bien y después de una visita a The Cavern, donde actuaban cada noche, Brian se ofreció a ser su representante sin experiencia en el gremio y carente del carácter depredador que tal cargo precisaba.

La mastodóntica Decca y casi todas las compañías discográficas del momento rehusaron apostar por The Beatles. Parlophone sí lo hizo y, con la edición de su primer single, “Love Me Do”, comenzó la carrera imparable del grupo más grande jamás contado. Epstein les infringió disciplina y elegancia en el vestir y el trato, compró todas las copias del single para que tuviese repercusión en las listas de ventas, y se enamoró perdidamente deJohn Lennon. Su homosexualidad dentro de la represiva sociedad inglesa de los años ‘60 no se hizo pública hasta su muerte en 1967, aunque fueron muchos los rumores que hablaban de encuentros entre ambos, como el de España en 1963. Lennon, que no le correspondía, los desmintió.

Sin embargo la atención de Epstein también se centró en otros frentes, como se describe en su biografía “A Cellarful of Noise”. Además de The Beatles, era el manager de conjuntos beat como Gerry & The Peacemakers, The Fourmost o Cilla Black. No obstante, una vez conquistado el mundo, los Beatles abandonaron las giras y Epstein cayó en picado; las drogas, la afición al juego o una tormentosa relación con un chapero bisexual precipitaron su muerte (accidental o suicidio intencionado, vaya usted a saber) por sobredosis de barbitúricos y alcohol. Ningún Beatle acudió a su entierro, ya que se encontraban en Escocia recibiendo al Maharishi Manesh Yogi. Y es que el mundo es una decepción constante.

El más gran-de

El grupo que ha dirigido su música a cotas más elevadas que las de su propio nombre, también necesitaba de un manager de tan magna envergadura. Peter Grant, antes de convertirse en el representante de Led Zeppelin, había sido el tour manager de The Everly Brothers, The Animals, Chuck Berry o The Yardbirds, y participado en grandes producciones cinematográficas como “Los cañones de Navarone” o “Cleopatra”. Con un estómago de similar magnitud a la de su talento, Grant irritaba a promotores y agentes de venta de localidades porque, curiosamente, eran los últimos en recibir dinero por su trabajo. Él se preocupó porque sus músicos fueran pagados a tiempo, que se centrasen en las giras en lugar de insípidas apariciones televisivas y sesiones fotográficas o que un álbum era preferible a una comercial colección de singles. Esto revelaría que los Led Zep amasaran una fortuna impensable en los años ‘70 con actuaciones de más de cuatro horas, tuviesen absoluta libertad creativa y se llevasen de gira a todas las groupies de la Vía Láctea.

“Grant irritaba a promotores y agentes de venta de localidades porque, curiosamente, eran los últimos en recibir dinero por su trabajo”

Además, para que sus chicos tuviesen pleno control artístico y publicitario, dio vida a Swan Records con el claro objetivo de que el cuarteto nadase con tranquilidad en el turbulento lago de los cisnes del negocio musical. No obstante, no hicieron pie y distintas adicciones propias del momento terminaron ahogando a grupo y manager indistintamente. Su lema “hay que saber decir no” lo traicionó en 1995.

El gran timador del Rock´n´roll

Confiar en una persona es necesario, aunque desconfiar de la misma aún lo es más. Sobre todo, y parafraseando a los sevillanos Pata Negra, si se pretende crear “un conjunto de corte moderno, con las intenciones de forrarse en el momento”Malcolm McLaren era un entusiasta de la moda que, antes de ser el representante de los Sex Pistols, había elaborado todo el pret a porter artístico de los New York Dolls. Influenciado por el situacionismo, una corriente de pensamiento de los años cincuenta que mezclaba dadaísmo, provocación e inconformismo político, reunió a unos chicos que frecuentaban su tienda de ropa llamada Sex, les cambió la imagen y los bautizó con el mismo nombre que una banda callejera neoyorkina, The Sex Pistols. Sin sus artimañas publicitarias los Pistols jamás hubiesen salido del local de ensayo ni cruzado el charco, convirtiéndose en las crestas instigadoras del movimiento punk. Contrariamente a Peter Grant, McLaren prefería las apariciones televisivas y los escándalos a la calidad de su banda. La aparición del cuarteto en el show de Bill Grundy, en el que repitieron el explícito “fuck” hasta cansar y la edición de los incendiarios singles “Anarchy In The UK” y “God Save The Queen” en pleno XXV aniversario de Elisabeth II, convirtieron a los Pistols en un antitético negocioanarquistamente lucrativo con tan sólo un álbum en el mercado. Además McLaren sólo programaba conciertos para sus chicos en lugares con una audiencia potencialmente peligrosa. Eso explicaría los dos efímeros años de existencia de los Sex Pistols en los que la heroína tuvo más peso que cualquier acorde. Con todo, McLaren quiso continuar con el tirón comercial de una banda ya finiquitada y publicó el documental “The Great Rock And Roll Swindle” (“El gran timo del rock and roll”) al que acompañó un disco. En ambos casos quedaba latente lo que todo había sido: una gran mentira milimétricamente medida en la que la imagen valía más que mil -anarquistas- palabras.

Entre pillos anda el juego

Sharon Osbourne

Dirige la carrera artística en solitario del Príncipe de la Oscuridad desde 1982. Hija de un ex manager de Black Sabbath, casi estuvo a punto de ser estrangulada por su cónyuge en un Festival por la Paz en la antigua URSS. Gracias a ella, Ozzy ha abandonado las extravagancias: ya ni mordisquea cabezas de murciélagos ni esnifa hormigas. Más bien hace de protagonista del reality show “The Osbournes” de la MTV, una estrella de rockconvertida calzonazos con su señora y esperpénticos hijos, Kelly y Jack. Una dama para un hombre de hierro.

Chas Chandler

El bajista de The Animals fue el descubridor de Jimi Hendrix en el mítico Café Wha. Productor ejecutivo de sus dos primeros álbumes y manager, le buscó una banda, The Experience, y le acabó pagando las actuaciones en drogas y cualquier especie menos en metálico, precipitando la muerte del hijo del Voodoo a los 27 años. No somos nada.

Allen Klein

Más listo que el hambre que nunca ha pasado, Klein ha acabado en los tribunales en múltiples ocasiones. Entre las más sonadas se encuentra la apropiación de la suma de dinero que negoció con Decca para los Stones o la de la recaudación para UNICEF del concierto organizado por George Harrison en Bangladesh. McCartney lo vio en sueños como un “malvado dentista” tras su gerencia de Apple Records. Otra manzana podrida.

Don Arden

Antes de ser manager de Black Sabbath y padre de la segunda esposa de Ozzy, Arden fue el representante de The Small Faces. Entre sus tácticas destaca regalar unas pocas libras a amas de casa para comprar sus singles. Ellas posteriormente se lo entregaban a Arden y él a su vez a dj´s de moda para pincharlos en fiestas de ocasión.

Coronel Tom Parker

El manager del Elvis convenció al propio Rey de que no era aconsejable dar conciertos por Europa. De hecho nunca dio ninguno. La razón era que este holandés había entrado en EE.UU. de forma ilegal y si acompañaba a Presley, tendría que regresar en cayuco. América para los americanos.

 

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Fernando Cañas


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