Mágico González

De él se ha dicho que fue mejor jugador que Maradona. También que era un galáctico de la noche gaditana. Sus extravagancias nocturnas se cuentan por miles. Y sus goles, como milagrosas ilusiones amarillas y azules. Sin embargo, poco se ha hablado de su duende gitano, de su carácter humilde y generoso con los más necesitados o de su amistad con Camarón de la Isla. Lean, y descubran realmente quién es Jorge González Barilla, el Mago de Cádiz.

Que en las calles de los suburbios de San Salvador, en el seno de una familia muy humilde donde Mágico González aprendió sus primeros trucos con el balón. El Mago, como lo conocen en el su país, no tardó en destacar y proclamarse campeón de la Liga Nacional para después lanzar a su selección al Mundial de Fútbol en 1982, año que cambiaría por completo su destino.

Sin ganar ningún partido, y con la ayuda de Naranjito, Jorge fue incluido en el mejor 11 del campeonato. Y de Naranjito y el Cola-Cao, Mágico se pasó al gazpacho y al pescaito fritoFichó por el Cádiz C.F, hipnotizado por el encanto de ese lugar encallado en el sur, echó raíces y pelo largo, y a la mar, y se labró el respeto de una ciudad rendida a su buen humor, a su carácter introvertido y travieso, y a sus goles dentro y fuera del estadio.

Pero su estilo bohemio y desenfadado chocó con su carrera deportiva. Cuentan que más de una vez tuvo David Vidal que ir en su busca por las discotecas a horas tempranas de la mañana, antes de los partidos. En una ocasión, Mágico se percató de su presencia, corrió a esconderse en la cabina del pinchadiscos, y allí se quedó dormido. Tanta era su indisciplina que Vidal le tenía que ocultar los días que había entrenamiento físico. Si Mágico se enteraba, directamente no aparecía por el campo. A pesar de ello, Vidal estaba fascinado con sus habilidades, y todavía se sorprende cuando le recuerda dar más de 30 toques a un paquete de tabaco arrugado, o cuando subía las escaleras de su casa dándole boleas a una naranja. A Jorge lo que le gustaba era jugar con la pelota y siempre era fácil verle al final de cada entrenamiento jugando con los niños que se le acercaban, en cualquier plazuela cercana al estadio, mientras sus compañeros se retiraban exhaustos a casa.

También le gustaba mucho dormir. Se quedaba sopa en los vestuarios mientras los fisioterapeutas lo masajeaban, o directamente en su casa, con una resaca de elefante, y si aparecía, lo hacía en el descanso del partido. Los directivos del Cádiz intentaron ponerle firme y un día mantuvieron una seria reunión con Mágico en la que el salvadoreño prometió portarse bien… Al día siguiente Jorge desapareció durante una semana.

Pero Cádiz le perdonaba eso y más. Con su calidad, si el Mago hubiera sido un jugador disciplinado no hubiera durado mucho en un club tan modesto y los aficionados lo sabían. De hecho, equipos importantes se interesaron por él, pero desistieron al saber de sus costumbres nocturnas. Hasta hizo una gira de verano con el Barça por Yankilandia, junto a Maradona, que quedó maravillado con Mágico. Pero nunca llegó a firmar por ese club. El día que empezaba la gira, Vidal se ofreció a llevarlo al aeropuerto y cuando pasó a recogerlo, el Mago estaba despierto. “Como nos íbamos a las 5, no me he acostado”. Durante la gira, saltó una alarma de incendio en un hotel y todos los jugadores salieron a la puerta menos él. Cuando fueron a buscarlo a su habitación lo encontraron en la cama con una rubia californiana repitiendo “¡Yo no he sido, yo no he sido!”.

Su arte, su naturalidad y su sinceridad hacían más fácil cogerle cariño, como hizo Camarón. Fueron buenos amigos porque ambos eran gitanos: uno de raza, el otro de corazón. Ambos eran introvertidos, indisciplinados, entrañables, generosos, insuperables. Pero sobre todo ambos amaban la noche, y ambos tenían un duende que de pronto aparecía y les elevaba a las alturas del arte. Sin embargo, cuando preguntaban a Mágico por su amistad con Camarón, un silencio denso enturbiaba el aire. Es fácil imaginarlos a los dos, alrededor de un porro, marcándole goles y cantándole silenciosas bulerías a la noche.

Tras la muerte de Camarón, el Mago puso fin a su etapa en España. De vuelta a América, siguió jugando, ejerciendo de entrenador y hasta de taxista. Y nunca pasó a recoger las primas de sus últimos campeonatos.

La última vez que volvió a Cádiz fue por motivos altruistas. La ciudad organizó en febrero de 2001 un partido benéfico para recaudar fondos a favor de los damnificados por el terremoto que asoló El Salvador en enero del mismo año. Hace ya cinco años que marchó, pero todavía ser respira por las calles de Cádiz el embrujo de su encantamiento.

 

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Fernando G. Acuña

Cuando escuché por primera vez el refrán “pongo un circo y me crecen los enanos” pensé en lo afortunado que sería teniendo más enanos para mi circo. Por un momento, imaginé que los enanos crecían como las cebollas o los puerros, en un huerto, con un poco de sol y mierda de vaca. Así es mi vida: irreverente, cómica, absurda, como un circo lleno de enanos que crecen sin parar.


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