El lúbrico y divertido mundo de las parodias porno

Guarradillas satironas

La industria del porno debe tener mucho, pero que mucho sentido del humor. Si no, no entenderíamos ese afán por titular tantas películas con nombres cada cual más descacharrante. O esas versiones de éxitos taquilleros, realizadas con menos vergüenza que El Príncipe Gitano emulando a Elvis. Si eres de los que prefieren “Forrest Hump” al pesado de Tom Hanks, éste es tu reportaje, baby.

 

Confiésalo: cuando eras pequeño soñaste más de una vez con que el chico del videoclub se equivocara y, en lugar de darte la peli de Freddy, te pasara aquella otra que se llamaba “Pesadilla en Sex Street”. ¿O es que no era mucho darle al onanismo viendo chicas con poca ropa en lugar de dormir mal por culpa de un tío con la cara quemada y un jersey de lana a rayas? Aun hoy seguro que miras de reojo la estantería de vídeos para adultos, esperando que algún otro título te sorprenda de nuevo por su osadía, o encontrarte con alguien que se haya atrevido a hacer esa versión bestia de “Las crónicas de Narnia” que te ronda la cabeza…

“¿Y a quién diablos se le ocurriría parodiar películas usanodo pollas y tetas como reclamo?”, te preguntarás. Tranquilo, querido lector, aquí está FREEk!, tu revista de incalculable valor (sex)antropológico, para contestar a todas tus dudas.

Bailar pegados es…

Según todas las crónicas, debemos aplaudir la creación de la porn spoof (o parodia porno, para entendernos) a Herschell Gordon Lewis, viejo zorro de astucia supina y con una habilidad más que especial para los negocios. De hecho, muchos conocerán su nombre porque el de Pittsburgh es también considerado el padrino del gore, gracias a esas joyitas llamada “Blood feast” (1963) y “2.000 maníacos” (1964). Unos años antes de darle a las vísceras, a Lewis ya le gustaba enseñar piel en una serie de nudies -o pelis de desnudos- entre las que destacó “Living Venus”, un biopic apenas encubierto de Hugh Hefner, el fundador de Playboy, que le trajo con la censura algún que otro quebradero de cabeza. Buscando alguna coartada a su fijación por mostrar pechos libres de opresión, Lewis decidió junto a su socio David F. Friedman unir desnudos y canciones en“Goldilocks & The Three Bares” (1963), parodia musical y nada infantil del entrañable cuento “Ricitos de oro y los tres ositos”. El éxito del filme, rodado en Seemorescope, un formato sacado de la manga por la parejita de marras y que prometía al espectador ver los bustos de sus lozanas protagonistas en todo su esplendor, fue tal que sería reestrenado en cines de todo EE. UU. en años sucesivos, en un programa doble junto a otra parodia erótica obra del desconocido Loel Minardi“Sin-derella & The Goleen Bra”, y que pueden encontrarse también actualmente conjuntas en DVD.

Descubierto el pastel, no es de extrañar que algún que otro avispado se lanzara al ruedo de rodar filmes similares en busca de dinero fácil. Los nudies de regusto camp y dudosa estética proliferaron por doquier -¿es necesario recordar aquí la obra tempranera (y con temprera) de Russ Meyer?-, pero si hoy en día hay algún título recordado más que otro, ése es “The First Nudie Musical”. Considerado una auténtica peli de culto, este atípico musical, variante de “Cantando bajo a la lluvia” cercana al delirio, estuvo dirigido al alimón por Mark Haggard -que con los años acabaría ejerciendo tareas de producción ejecutiva en filmes como “Alien, el 8º pasajero”, ahí es nada- y Bruce Kimmell. Éste último fue además el compositor de las canciones que se sucedían en el filme, con nombres tan explícitos como “Orgasm” y “Dancing Dildoes”.

Productor musical de éxito (más de 30 álbumes llevan su firma, algunos con artistas de la talla de Petula Clark), Kimmell se empeñó en llevar a buen puerto esta historia sobre el hijo del dueño de un estudio en crisis que intenta salvar de la ruina la empresa familiar rodando el primer musical porno de la historia del cine. Para ello no dudó incluso en involucrar a una compañía tan prestigiosa como Paramount Pictures, que se enredó en el proyecto confiando en las credenciales de Kimmell, que por aquel entonces ya tenía una más que prestigiosa carrera en el teatro y el showbusiness. Una marcianada en su momento, e incomprendida por la gran mayoría, “The First Nudie Musical” goza en la actualidad de una estupenda segunda juventud gracias al DVD en su país natal, donde acapara una legión de fans. Entre ellos, Trey ParkerMatt Stone, los creadores de “South Park”, que en su película “Orgazmo” -parodia del cine porno, por cierto- llegaron incluso a plagiar diálogos de la película deKimmellHaggard como sincero homenaje. Una última anécdota más a reseñar: entre los actores de este sexy musical el espectador de ojo más avizor puede jugar a encontrar a un bisoño Ron Howard, que aparece sin acreditar y que con los años sería el director de “Cocoon”“Apolo 13″. Curiosamente, nuestra próxima parada, querido lector, será en el espacio.

Polvo de estrellas

Si bien las películas antes comentadas podrían ser consideradas sin duda alguna antecedentes genuinos del porn spoof, la película que sin duda funda el género sin ambigüedades es “Flesh Gordon”. Y es que “Flesh Gordon” lo tiene todo: nombre jocoso, oportunista e ingenioso, trama calcada de un éxito de sobras conocido por el público y, cómo no, el despelote de turno para goce de nuestras pupilas.

Rodada con casi un millón de dólares de presupuesto, una cifra desorbitada para una película inscrita en el género erótico y más en aquellos años, “Flesh Gordon” se estrenó en 1974 y se convirtió de inmediato en un éxito, recaudando con creces la inversión, a pesar de enfrentarse a más de un problema con la censura. De hecho, de los casi 80 minutos iniciales de su montaje, durante años circuló por los cines una versión cortada a tijeretazos que apenas superaba los 70 minutos. La edición en DVD puesta en circulación en la actualidad por Henstooth Video, y que puede encontrarse sin mucha dificultad vía Internet, ofrece un montaje alternativo que alcanza los 90 minutos.

La película estaba dirigida también a cuatro manos por los hoy olvidados Michael BenvenisteHoward Ziehm, que hasta ese momento habían realizado también como pareja profesional engendros de la talla de“Harlot” (1971), docudrama que seguía los trabajos de dos prostitutas, o “Mona: The Virgin Nymph”(1970), uno de los primeros pornos estrenados en cines y que tenía como protagonista a una joven cuyo sueño era llegar virgen al matrimonio aunque se pasaba todo el metraje regalando felaciones y cunnilingus a todo ser viviente que se cruzara en su camino al altar.

En “Flesh Gordon”, gracias a su holgado presupuesto (en los f/x incluso trabajó un jovencísimo John Dykstra, ganador del Óscar por su labor en “Spider-Man 2″), pudieron dar rienda suelta a sus filias utilizando a los míticos personajes creados por Alex Raymond con ligeras variaciones en sus nombres… y más ligeros aun de ropa. De paso, convirtió en estrella e icono erótico a Candy Samples(también conocida como Mary Gain), musa de Russ Meyer en filmes como “Beneath The Valley of the Ultravixens”“Up!” y cuyo espectacular poderío pectoral quedaría patente en títulos posteriores tan explícitos como “Attack of the Monster Mammaries”“Bra Breakers”.

En “Flesh Gordon”, amantes de las anécdotas, también aparecía en los créditos Graig T. Nelson, el padre de la familia Freeling en“Poltergeist” y al que hemos podido ver últimamente en algunos episodios de “Me llamo Earl”. Claro que quien le busque no le encontrará, ya que su actuación se limitó a ponerle voz al Monstruo. Así que debe estar contentísimo de haber sido el actor que menos enseñó de toda la película… no como los protagonistas de los filmes de los que hablaremos a continuación.

Sin ropa y sin vergüenza

 

El éxito de “Flesh Gordon”, que propició incluso una secuela bastante tardía y mucho menos lograda, “Flesh Gordon Meets The Cosmic Cheerleaders” (también dirigida por Howard Ziehm en 1989, esta vez en solitario), dio lugar a toda una avalancha de títulos que explotaban sin pudor -nunca mejor dicho- otros éxitos cinematográficos. Siempre desde un punto de vista paródico y mostrando cuanta más carne, mejor. Los ‘80 y los ‘90 han sido sin duda alguna los años gloriosos del porno cachondón, capaz de reírse sin complejos de sus compis del cine serio y robándoles sus historias, sus personajes y sus títulos para llevárselos al huerto del celuloide X.

Así, a cada filme procedente de las colinas de Hollywood le nacía su clon en las curvas sinuosas del porno. Si John Singleton triunfaba con “Los chicos del barrio”, los de Heatwave no tardaban en presentarnos sus“Girlz In The Hood”. Si Tom HanksMeg Ryan se paseaban “Sleepless in Seattle”TT Boy y Kimberly Chambers se lo montaban en plan granjeros en “Sheepless in Montana”. Mientras Kevin Costner vigilaba las espaldas de Withney Houston en “The Bodyguard”Randy Spears prefería cuidar de otros aspectos de la anatomía de Beatrice Valle en “The Boobyguard”.

El inefable Ron Jeremy recogía el sombrero Stetson de Harrison Ford y demostraba su habilidad con el, ejem, látigo en “San Fernando Jones & The Temple of Poon” (que aquí algún distribuidor graciosillo tradujo a su vez como “Indiana Joan contra los mamones”). “Jurassic Park” se convertía de golpe y pollazo en “Jurassic Pork”“Pulp Fiction” en“Pulp Friction”“Austin Powers” en “Austin Prowler”“Bitelchús” en “Bitelchups”… y sumen y sigan.

Hasta el famoso orgasmo fingido de la citada Ryan en “When Harry Met Sally” pasaba a ser algo mucho más explícito en “When Harry Ate Sally”. Por librarse no se libraba ni el Holocausto judío: “Schindler’s List” se traducía en una oda al sadomasoquismo en “Schindler’s Fist”. Ahí queda eso. Ni siquiera los clásicos de siempre están a salvo: “Swinging In The Rain”“Tits A Wonderful Life”“Saturday Night Beaver”“E-Three, The Extra-Testicle”“Itsy-Bitsy Bang Bang” (con Blondina montándoselo con una horda de enanos) demuestran con creces que la industria del porno también tiene su corazoncito…

En la actualidad, las parodias porno siguen gozando de un estupendo estado de salud. Así lo prueban títulos como “Missionary Position: Impossible” (bestial adaptación de las aventuras de Ethan Hunt), “The Da Vinci Load”“Harry Rotter & The On-Fire Gobbling”, las sagas “Porn Wars”“Sex City” emprendidas por la todopoderosa Private, o la increíblemente cuidada “Lady of the Rings”, con Silvia Saint en la Tierra Media poniendo palotes por igual a orcos, hobbits y elfos.

Hasta un clásico del género como Jim Wynorski (suyas son “The Witches of Breastwick” “House on Hooter Hill”) sigue haciendo de las suyas con“Cleavagefield” -que se podría traducir como “Campo de escotes”-, remake en clave hardcore de la reciente“Cloverfield”. Ni siquiera escapan ya este tipo de parodias los videojuegos. Productoras como Whorelore se han dado cuenta que hay un filón de primera para acercarse a las nuevas generaciones si realizan adaptaciones como “World of Whorecraft” -de la que ya llevan 6 cortometrajes- y “Rage of Bonan”, que parodia el juegoonline “Age of Conan: The Hyborian Adventures”, con el brutote de Evan Stone -y su espadón- como el guerrero cimmerio.

El género, como ven, sigue reinventándose. Scott BandJeff Mulen, creadores de éxitos como “Not Bewitched XXX” (o “Embrujada” con Samantha, aquí Jenna Haze, moviendo algo más que la nariz) y “Not The Brady Bunch XXX”, andan ya involucrados en versiones lúbricas de series tan cándidas como “Love Boat” y “Three’s Company”. Y Doug Sakkman, director de “Re-Penetrator”“El EXxxorcista”, pondrá toda la carne en el asador con su particular versión de “Posesión Infernal”, que llamará “Evil Head” y protagonizará su querido Tommy PistolSakmman, por cierto, lo tiene bien claro cuando le preguntan por el secreto de hacer una buena parodia sexy y le cuestionan cómo extraer erotismo de una escena terrorífica: “Fácil, ponle un buen par de tacones de stripper a tu actriz principal”.

EL Summun del género: “Eduardo Manospenes”

Seguro que te has cruzado con ella en algún videoclub. O bicheando por Internet. O su nombre ha surgido de coña en alguna conversación entre colegas, con unas copas de más. No, no es una leyenda urbana. “Eduardo Manospenes” existe. Y encima, tiene su encanto, mecachis.

Dirigida por Paul Norman en 1991, tan sólo un año después del filme de Tim Burton que le sirve como modelo, “Eduardo Manospenes” se convirtió en tal éxito que acabó generando incluso un par de secuelas. El protagonista de las tres películas es el mismo, un Sikki Nix con la misma cara de perrillo apaleao que ponía Johnny Depp. Su nombre generó un error habitual: son muchos los que piensan que el prota era Nikki Six, el bajista de Motley Crüe.

Aunque las secuelas llevaron al pobre Eduardo por otros derroteros, la primera de las películas seguía casi paso a paso el original de Burton, claro que con algunas variaciones. Por ejemplo, aquí la vendedora de Avon que adoptaba al pobre chico iba mostrando a domicilio consoladores en lugar de cosméticos.

Lo mejor, de todos modos, era su delirante escena final, con Jeanna Fine bailando al ritmo de “Just One Touch”, temazo ochentero cantado por Phoebe Cates. Pero si en “Eduardo Manostijeras” Winona Ryder lo hacía bajo la nieve, aquí la buenorra de Jeanna lo hacía bajo las eyaculaciones de nuestro héroe. Poesía pura, jóvenes.

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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