La cena de los idiotas

La ausencia de frescor es el denominador común de los contenidos sobre cine que se encuentran en internet. Por lo general, sólo hallamos repasos a los estrenos de cada semana (más repetitivos que “Cifras y Letras”), donde los cronistas aprovechan para hacer onanismo literario sobre un tema tan simple como es resumir una historia. Crónicas soporíferas de festivales o críticas destructivas a los trabajos de otros, completan esta amalgama de lugares comunes que le quitan a la gente las ganas de ver películas.

Al otro lado del ring, el enteradillo de turno, que nos pone al día sobre la cancelación del rodaje de la última película del director tailandés Apichatpong Weerasethakul, debido al mal estado de salud de su perro (que curiosamente se llama como él, pero al que el director llama simplemente “perro”). La rata de internet que lo escribe nos avanza también que la cinta no llegará a tiempo para inaugurar el festival de Cannes y que desde la muestra han tenido que llamar a Woody Allen urgentemente para que contrate a Monica Bellucci, la convenza para enseñar un pezón mientras a él se le caen las gafas y hagan una película en 7 días.

No hallarán nada de toda esa basura pseudoindie y sin relevancia emocional en este cuaderno. Tampoco les hablaré de entregas de premios o de la ceremonia de los Goya de ayer. Ni de la sonada felación que, según se rumorea, practicó José Mota al Presidente de la Academia momentos antes de la entrega del premio al Mejor Actor Revelación. No hablaremos de eso porque es mentira. Y porque José Mota finalmente no logró hacerse con el premio (según se mire). Vayan a buscar esa información de color rosa al Cinemanía o al Lecturas, que hace tiempo ya que vienen siendo lo mismo.

Un cartel de película

Hablaremos de cine, pero seguro que les parecerá mucho más interesante que comentemos otros temas, por ejemplo titulares como éste:

Podía ser perfectamente el cartel de la genial comedia de Francis Veber “La cena de los idiotas”. En este festín en la Moncloa, al igual que en la película, no hay realmente un idiota invitado a cenar sino que los dos protagonistas demuestran que cada uno es idiota a su manera, y que la idiotez parasita en los seres humanos desde su nacimiento hasta su muerte.

¿Serán conscientes ambos personajes de la idiotez supina que transmiten sus caretos? Fíjense en la sonrisa maliciosa de Rajoy. Muchos pensarán que, simplemente, tiene cara de idiota, lo cual es cierto. Yo más que idiota diría que se parece a Don Pimpón. Pero es que además, con esa sonrisa parece querer decirnos algo como “lo que nos vamos a reír ahí dentro”, como le ocurría al protagonista de la película cuando abre la puerta a su idiota recién sacado del horno. Seguro que Rajoy se rió un buen rato pero, ¿de qué se reía? ¿De quién se reía?

¿Se habrá tirado el Presidente un cuesco presidencial, igual de tóxico que la central de Fukushima y de ahí la cara de circunstancia del líder de la oposición? ¿Puede que se riera Rajoy del propio Rubalcaba, que acude a la cita atraído por el Rioja y que, según dicen, acabó bailando sevillanas con la peruana que servía el catering y gritando “¡Viva el vino!”? ¿O se reía Rajoy porque ya había probado las setas antes de salir a recibir a Rubalcaba? “Alfredo, despuésh de probar estas setas vash a querer cambiar la ley del tabaco, la del aborto y hasta recuperar la mili”, le comentó una vez sentados en la mesa, con la mirada extraviada, mientras Rubalcaba se probaba el chuletón a modo de boina.

¿O acaso te estabas  riendo de nosotros, grandísimo idiota, como llevas haciendo ya unos cuantos meses?

Pues aquí también nos vamos a reír, entre otras cosas, de ti. Nos reiremos, y hablaremos de historias, reales e inventadas, y de emociones; es decir, de cine. Con la intención de que, al terminar de leer cada entrada, sea como si los lectores recién hubieran salido de la sala. La oscuridad y el hastío que les acompañaba toda la semana habrán desaparecido, pestañearán repetidas veces por el contraste de haber encontrado la luz y la verdad después de tantas horas miserables perdidas mientras buscaban algo distinto en internet. Será el frescor que habito el que les deslumbre, 38 caramelos Halls introducidos en la boca de un tirón, al mismo tiempo que usan colutorio marca Ahorra Más para digerirlos. Respirarán la brisa, se rizarán sus bellos diodenales, y verán la luz, pero eso sí, les retorcerá la barriga durante un buen rato. Que aproveche.

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Fernando G. Acuña

Cuando escuché por primera vez el refrán “pongo un circo y me crecen los enanos” pensé en lo afortunado que sería teniendo más enanos para mi circo. Por un momento, imaginé que los enanos crecían como las cebollas o los puerros, en un huerto, con un poco de sol y mierda de vaca. Así es mi vida: irreverente, cómica, absurda, como un circo lleno de enanos que crecen sin parar.


2 Comentarios

  1. JuanFresh Barullo dice:

    No puedo estar más de acuerdo, sobre todo, con del parecido abismal con Don Pimpón.
    Espero que de verdad este sea un espacio abierto donde hablemos, discutamos y aprendamos de cine. Y a reirnos, que nos hace falta…
    Ea! Que viva el frescor!

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  2. Alberti dice:

    Pues, con la mano en el corazón y las gafas encima de mi nariz os digo que a mí Rajoy se me parece más bien a un enterrador. A ver cuánto tarda en echarle la paletada de tierra final a España y a sus habitantes tramposillos. Y ¿Rubalcaba? No sé, en esta foto tiene pinta de extra en una peli de los Monty Pyton, pero yo le veo más colaborando con el circo de fofito, con perdón a la familia Aragón. En todo caso, esta legislatura el parlamento se va a poner más divertido que la gala de los Goya, y dará para muchas descargas “ilegales” en la calle, sobre todo en Valencia. Pero vamos, que va a haber peliculón en el parlamento, me la juego: tenemos a la cerdita Peggy, a la rana Gustavo (De Guindos o Montoro según el día), con la aportación inestimable de Rosa Díez, que cada vez que abre la boca parece como poseída pore el diablo. ¿Logrará el curita Camps exhorcizarla aunque sea a base de correazos?

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