O por qué nos acojona Justin Bieber

“Little Star”, John Ajvide Lindqvist (Quercus Publishing)

Tras un par de indolentes paseos por los parajes más melancólicos del horror (“Descanse en paz” y “Människohamn”, traducida al inglés como “Harbour”), el autor de “Déjame entrar” se descuelga con una versión splatterpunk de “Never Say Never”, el documental de Justin Bieber, y casi consigue superar en escalofrío y mala leche al original, entre otras razones porque culmina la parábola de megaestrellato precoz con su clímax lógico, una masacre multitudinaria que haría las delicias del John Waters de “Cosas de hembras” (y no teman, que no es un spoiler: Lindqvist pone las cartas sobre la mesa desde la primera página).

El Justin Bieber de Lindqvist se llama Theres y es una niña de rubios rizos que Lennart, un compositor en horas bajas que andaba buscando setas por el bosque, encuentra semienterrada y envuelta en una bolsa de plástico. Obedeciendo a impulsos no del todo racionales, Lennart decide quedarse con la niña y ocultar su existencia a las autoridades, sobre todo cuando descubre que la criatura posee un talento innato para la música y es capaz de imitar a la perfección cualquier nota. El compositor decide que se trata de un regalo de los dioses de la música, que le ofrecen una última oportunidad de realizar su destino y, cual Pigmalión, consagra su vida a esculpir a la portadora de la voz perfecta. Pero todos los Pigmaliones que en el mundo han sido, desde el doctor Frankenstein a los Sánchez Vicario, deben descubrir por las bravas que hasta la criatura más dócil termina buscándole las cosquillas a su creador y, si hace falta, al mundo entero, que para eso hemos pagado entrada.

Como bien saben los lectores de “Déjame entrar”, la película de Alfredson (escrita por el propio Lindqvist) y su remake americano obviaron algunos de los pasajes más pasados de rosca de la novela, en particular los que con más habilidad conjugaban humor negro y espanto (¿se imaginan verse encerrados en un cuarto oscuro con un muerto viviente de erección perenne?). Lindqvist, que fue humorista antes que escritor y nunca ha escondido su gamberrismo y su espíritu kitsch (véase el tráiler de su último lanzamiento en Suecia, lo encontrarán al final de esta reseña), instala el registro de “Little Star” en ese delicado equilibrio: violencia extrema al ritmo de ABBA, comedia de enredo empapada en sangre, dulces sonrisas de psicópata prepúber.

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Alejandro Romero

Mientras se hunde en el asfalto, Alejandro Romero traduce libros de magia, escribe tebeos crípticos como "La canción de los gusanos" y tratados herméticos como "El humor en la sociología posmoderna" (sí, en serio), y se materializa en las más recónditas universidades andaluzas para enseñar sociología a los inocentes, así, a traición y con toda su mala idea.


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