Desnuda para el asesino

El giallo italiano

 

“Se busca sádico que sepa manejar todo tipo de armas blancas, que vista preferentemente de negro, con gafas oscuras y sombrero. No importa sexo, ni edad, eso sí, debe llevar guantes negros y contar con buena presencia cuando no ejerza como maníaco homicida”. Ésta podría ser una demanda de empleo para encontrar al asesino prototípico del giallo, un (sub)género nacido en Italia en los años ‘60 y que dio lo mejor de sí en la década siguiente.

El giallo es un (sub)género tan italiano como el spaguetti-western o el peplum. Repleto de largas secuencias de asesinatos (algunas un poco gore) que llenaron la pantalla de la sangre más roja que se haya visto y de impresionantes bellezas que aprovechaban la menor ocasión para desnudarse, este tipo de películas dinamitaron las ya de por sí débiles censuras de países como Inglaterra o Estados Unidos durante los años ‘70.

UN ORIGEN LITERARIO


Giallo significa en italiano amarillo y muy pronto se relacionó en este país ese color con las novelas de misterio y policíacas, debido a una línea de la editorial Mondadori que nació en 1929 y cuyas portadas eran gualdas. Eran novelas pulp, de entretenimiento barato, donde la línea argumental era básicamente descubrir quién era el asesino o el ladrón en la historia entre un nutrido grupo de sospechosos, básicamente un whodunit (quién-lo-hizo) al estilo de Agatha Cristie. Tanto es así, que las novelas de la inglesa fueron reeditadas dentro de esta misma colección y aún hay más: “El nombre de la rosa”, de Umberto Eco, también se considera un giallo en el país de la bota. Con el paso del tiempo sus portadas comenzaron a incluir dibujos de chicas atractivas ligeras de ropa para llamar la atención del público. Esta colección goza de éxito aún hoy en día y ha conseguido que en Italiagiallothriller sean prácticamente sinónimos.

Pero volviendo al cine, el trasvase del papel al celuloide lo realiza por primera vez el pionero Mario Bava en 1963 con “La muchacha que sabía demasiado” (sí, remite directamente a un título de Hitchcock), donde ya aparecen elementos característicos. Pero es un año después con “Seis mujeres para el asesino” donde las pautas del género se definen completamente y aparece ya nuestro prototípico asesino con guantes de cuero que gusta de rajar y maltratar a muchachitas guapas e indefensas en la oscuridad, ya sea con cuchillo, navaja (de afeitar, de mariposa, de resorte…), machete o hacha. Quedan descartadas las armas de fuego. Otro cambio importante con respecto al título anterior, que era en blanco y negro, es una fotografía en color completamente irreal, en cuya elaboración participó también Bava.

Sin embargo, el culpable de que el giallo floreciese fue Dario Argento, gracias a “El pájaro de las plumas de cristal” (1970). A partir de ahí se produce un auténtico boom por el amarillo en Italia, y en los siguientes años se produce una auténtica avalancha de títulos y todo un asalto a las carteleras. Y no sólo de las europeas: ahora gracias a cineastas como Quentin Tarantino sabemos que estas películas eran habituales en los programas de las “grindhouses” (cines cutres de sesión doble) americanas.

Como decíamos, la trama central de este tipo de películas es descubrir quién es el asesino, pero pronto se da uno cuenta de que los guionistas hacen trampas. Si en muchos thrillers uno puede averiguar quién es el culpable aplicando la lógica, el giallo busca epatar al espectador al final mostrando que el asesino es quién menos te lo esperas, de este modo se intenta justificar lo injustificable en un más difícil todavía, por lo que muchas veces el argumento roza lo descabellado. Por ejemplo -intentaré reventar el final lo menos posible- en el caso de “El extraño vicio de la Señora Wardh” (Sergio Martino, 1971) esperas un responsable de los crímenes, pero hay ¡hasta cuatro asesinos compinchados! Otro ejemplo aún más espectacular es “La casa de las ventanas que ríen” (Pupi Avati, 1976) donde uno de los personajes que ha aparecido como hombre durante todo el film, al concluir resulta que era una mujer (y una de las asesinas).

De todas formas, aparcando los razonamientos durante el visionado del film, ya que el argumento no sigue la lógica convencional, uno puede llegar a disfrutar plenamente con otros méritos que no son los puramente literarios. Y es que la historia funciona aquí como excusa para enlazar lo que importa de verdad: extensas secuencias de crueles asesinatos operísticos y granguiñolescos con un gran trabajo técnico. Estas secuencias son las más curradas de la peli, puntos de clímax que siempre comienzan con un plano subjetivo donde vemos a través de los ojos del asesino, con una música inquietante con arreglos inusuales que nos anticipa lo que está por venir. Además, entre crimen y crimen también podremos deleitarnos con el exquisito uso del scope, la música y de vez en cuando, algún desnudo de una jamona italiana.

LA CARA CHUNGA DEL DESTAPE


El erotismo está muy presente en este tipo de films y es que, no en vano, las víctimas suelen ser chicas de muy buen ver que en la mayoría de los casos no muestran reparos en exhibir sus encantos frente a la cámara. Uno de los directores que más cultivó esta faceta fue Sergio Martino, que llegó a su culmen en “Torso, violencia carnal”: las supervivientes de un grupo de muchachas que son perseguidas por un asesino con una sierra de arco se refugian en una casa de campo y de buenas a primeras, dos de ellas se montan un número lésbico. Sería una forma de relajar la tensión…

Y es que éste es el género voyeur por excelencia (no es casualidad que haya tantos planos que nos muestren los ojos de cerca): el espectador desea mirar y el mirón -al igual que el cotilla- no desea acceder a lo público, sino a lo privado. Ya saben: el momento de la muerte y lo que se esconde debajo de la ropa. En definitiva: carne y sangre. No obstante, esta ansia por ver también se verá castigada de vez en cuando y muchas veces el globo ocular será objeto de mutilación. A causa de su sádico y expeditivo tratamiento de la violencia, así como de su mórbido acercamiento al sexo, estos films forzaron al máximo la permisividad de las censuras locales de países como Francia, Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos -censuras, por otra parte, en plena decadencia-. Lo que sirvió para dotar de mayores cotas de libertad de expresión en el cine. Aún quedaba lejos la censura de lo políticamente correcto que nos domina hoy día.

Con estas motivaciones, es normal que hablemos de un cine popular: el giallo tiene un origen de serie B oexploitation, la producción no era para tirar cohetes, su circuito natural eran los cines de barrio y en el fondo se trata de un producto kitsch. Si entendemos el kitsch como “una cultura vulgar, caracterizada por el establecimiento de tipos, con repetición estandarizada de géneros, presentando una tendencia al conservadurismo social y respondiendo a un consumo manipulado”. “La cultura del barroco”. El giallo se podría considerar conservador en el sentido de que sus víctimas son siempre mujeres y en la mayoría de los casos un poco promiscuas.

Sin embargo, el gran oficio del equipo técnico -la fotografía, los largos travellings, los cuidados encuadres, el esmerado trabajo de cámara…- recuerda más al cine de autor, de las salas de arte y ensayo de la época que en un cine zetoso. Además si la incoherencia del guión hace caer el peso del film en su parte visual (parecen secuencias independientes encadenadas por un débil hilo) en el caso de films como “Suspiria” (Dario Argento, 1977) o “Siete notas en negro” (Lucio Fulci, 1977), la inclusión de elementos sobrenaturales en la trama remite al surrealismo. Los hallazgos visuales de estas películas hicieron de la imagen un elemento narrativo y poético de primer orden en el thriller.

Los giallos incluyen habitualmente temas psicológicos, el asesino lo es normalmente por traumas infantiles y muchas veces agresor y/o víctima están afectados de histerias y alienaciones varias. Un buen ejemplo de ello es “Todos los colores de la oscuridad” (Sergio Martino, 1972), que comienza con una pesadilla de Edwige Fenechque nos hace dudar mucho de su salud mental. Conforme la película avanza la duda sobre si lo que vemos es real o son alucinaciones de la protagonista crecerá.

PINTANDO DE AMARILLO EL MUNDO


España también se apuntó a la moda del giallo y su más reseñable aportación es “Una libélula para cada muerto” (1974), de León Klimovsky con el gran Paul Naschy en el papel de detective, que también reincidió en el género con menos éxito. El estilo del giallo también influyó en obras de culto dentro del cine de terror español como “La Residencia” (Narciso Ibáñez Serrador, 1969) o las de un director tan extraño y original como Eloy de la Iglesia: “La semana del asesino” (1972), “Algo amargo en la boca” (1969)…

También hay que señalar que muchas de estas películas fueron coproducidas con España y que algunas se rodaron casi íntegramente aquí. Es el caso de “El ojo en la oscuridad”, de Umberto Lenzi, donde uno puede ver asesinatos en las Ramblas de Barcelona o en una de las atracciones de terror del Tibidabo.

El giallo también afectó a otras filmografías y directores, como en el caso del director de culto Nicholas Roegen “Amenaza en la sombra” (1973), rodada en Venecia. La continuación natural del giallo es el slashernorteamericano de los ‘80, con sagas como las de “Halloween” (John Carpenter, 1978) o “Viernes 13″ (Sean S. Cunningham, 1980). También hay influencias notables en películas como en la opera prima como director de Clint Eastwood “Escalofrío en la noche” o en “A la caza” (William Friedkin, 1980). Y por supuesto también son evidentes en la filmografía de Brian de Palma, especialmente en “Vestida para matar” (1980) e “Impacto” (1981).

A principios de los ‘80 la fiebre del giallo comenzó a remitir y muchos de los nombres claves se pasan a otros subgéneros de la explotación. Por ejemplo, Umberto Lenzi sería el responsable de “Cannibal Ferox” o Sergio Martino rodaría “La isla de los hombres peces”. Fulci encontraría su lugar en el cine zombie con títulos como “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” o su obra maestra, “El más allá”. El único que seguiría fiel al género fue Dario Argento, uno de los pocos directores del género considerado como autor por la crítica.

¡AUTOR, AUTOR!

Dario Argento: El autor por excelencia del giallo, cuenta con el favor del público y el respeto de la crítica y en su país su nombre se ha convertido en un sinónimo del cine de terror. Comenzó en el cine como asistente de Mario Bava y guionista, hasta que en 1970 dirige “El pájaro de las plumas de cristal”, un giallo al que siguen títulos de similar orientación como “El gato de las nueve colas”“Cuatro moscas sobre terciopelo gris”. A la que siguió su mejor giallo“Rojo oscuro” (1975), donde por primera vez colabora con el grupo rockGoblin, que sería habitual en las bandas sonoras de sus películas a partir de ese momento. En “Rojo oscuro” realiza un homenaje a “Blow up” del recientemente fallecido Antonioni, ya que vemos al asesino al principio de la cinta pero no nos damos cuenta hasta el final.

La mezcla de lo policiaco con elementos sobrenaturales se convertiría en una constante en la filmografía de Argento, como se comprueba en sus siguientes trabajos como “Suspiria” (1977), el film que le consagra internacionalmente como uno de los maestros del terror moderno o “Inferno” (1980). Las dos forman parte de la inconclusa hasta hace poco “Trilogía de las Tres Madres”. Y es que este año termina esta trilogía con “La terza madre”, protagonizada por su hija, Asia Argento, que se ha convertido en una presencia habitual en sus últimos trabajos.

Su papel es tan importante en el giallo que no es casual que muchos historiadores sitúen la muerte oficial del género en el año 1982 con su film “Ténebre”, aunque él no se dio por enterado y ha seguido en su línea, en ocasiones con resultados más que aceptables, como “Terror en la ópera” (1987).

Como guionista, se le debe las historias de la saga “Demons”. También produjo la segunda parte de la trilogíazombie de Romero y para muchos la mejor de la saga: “Zombi” (“Dawn of the dead”, 1978).

LOS 5 TAJOS INDISPENSABLES

LUCIO FULCI: Más conocido por ser el creador del spaghetti-zombie, antes de rodar “Zombi 2″ dirigió unos cuantos giallosdestacables: “Una lagartija con piel de mujer” o “Angustia de silencio”, donde su sadismo ya apuntaba maneras. A destacar la secuencia del asesinato de la bruja del pueblo a manos de padres enfurecidos que desatan su furia a cadenazos. Fulci no escatima ni un solo plano desagradable y sanguinolento.

MARIO BAVA: El pionero del género y creador de la fotografía característica del mismo. En 1971 aun le daría otra vuelta de tuerca con “Bahía de sangre”, donde se anticipaba el slaher que después saturaría el mercado en los ‘80 con “Viernes 13″ y productos similares. Era un director todoterreno y a lo largo de su carrera tocó desde el peplum alwestern.

EDWIGE FENECH: La buenorra oficial del género. De belleza nórdica, mirada cándida y curvas rotundas, lo pasó mal y se desnudó en un puñado de títulos destacables hasta que su carrera derivó hacia comedias de erotismo zafio junto a Jaimito (Alvaro Vitali) en títulos que emitió y repitió Tele 5 en su etapa “cadena amiga”, como “La profesora y el último de la clase”. Eli Roth la ha rescatado en “Hostel II”.

ENNIO MORRICONE: Aunque es más conocido por sus bandas sonoras para el spaghetti-western, sobre todo en la “Trilogía del dólar” de Sergio Leone, sus colaboraciones con el primer Argento en su “Trilogía animal” son muy destacables. Pero, para hacer justicia no podemos olvidarnos de su discípulo Bruno Nicolai o de músicos como Riz Ortolani, mucho más habituales en el giallo.

SERGIO MARTINO: Aunque al término de su carrera viró hacia productos genuinamente exploit como “Caimán” (1979) o “La Montaña del Dios Caníbal” (1979), es el responsable de algunos de los mejores giallos como “La cola del escorpión” (1971) o “Torso, violencia carnal” (1973), además de otros títulos con Edwige Fenech como protagonista. En todos estos trabajos introdujo, claro, un fuerte componente erótico.

 

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Juan Jesus Sanchez


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