Cara y cruz de la revolución sexual

"La viuda embarazada", Martin Amis (Anagrama)

A caballo entre la crónica vital, el retrato de costumbres, la peripecia social y el relato de iniciación, Martin Amis continua con sus filias y fobias personales con una novela que no alcanza la plenitud de sus mejores trabajos (léase “Dinero”, o “Campos de Londres”), pero que tampoco es la enésima mirada al ombligo que algunas críticos han querido ver. El siempre sarcástico y descarnado autor de “Perro callejero” ajusta cuentas aquí con la revolución sexual de los 60 y primeros 70, donde el amor libre y sus arrebatos disfrazaban egoísmos, narcisismos y demás tiranías del yo. La historia de un verano entre veintañeros, con jóvenes despertando al hervor y la confusión de los roles y la vorágine hormonal campando a sus anchas sirve al de Oxford un lienzo idóneo donde plasmar su experiencia vital y, como es habitual, recrearse en ella con un lenguaje tan rico en matices como apabullante en recursos.

Que el propio Amis haya comentado en alguna ocasión que la novela no habla sino de un trauma sexual agudiza esa mirada más mordaz que nostálgica. Pero Amis, viejo zorro, mantiene las distancias. Como él mismo ha reconocido, “escribir de sexo de manera autobiográfica es sencillamente asqueroso”.

Aun así, su novela azuzará otro mito: la misoginia galopante de Amis. No será el primer escritor al que adular su prosa y repudiar su persona. Recuerden a Céline, por ejemplo. Pero por más que pese (a algunos y supongo que sobre todo a algunas), “La viuda embarazada” es una brillante tragicomedia y un acertado cuento moral sobre una sociedad, la nuestra, que ha mitificado la superficialidad de una época hasta la saciedad.

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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