Norman Bates ataca de nuevo

"Psicosis 2", Robert Bloch (La Factoría de Ideas)

¿Robert RedfordSylvester StalloneClint Eastwood vendiendo sus encantos en un lupanar gay? En efecto aunque, como suele ocurrir en todas las novelas de Robert Bloch, nada es exactamente lo que parece.

A principios de los 80, el señor Bloch, cuya novela “Psicosis” había provocado el desembarco masivo de asesinos en serie en el cine de terror del último par de décadas, echó un vistazo a su alrededor y decidió que no le gustaba nada el cine charcutero de machetazo y tentetieso que había brotado como excrecencia tumorosa de su obra. Puesto que su contrato con Hitchcock le reservaba los derechos literarios de Norman Bates, decidió que podía escribir una sátira del nuevo Hollywood usando como excusa al hostelero demente: al saber de la próxima filmación de una película basada en sus correrías, Bates escaparía del psiquiátrico para supervisar personalmente el rodaje. Ojo al dato: Bloch no solo dio el pistoletazo de salida para la fiebre del slasher sino que, al escribir la primera gran parodia metanarrativa del género, se adelantó en unos quince años al “Scream”de Wes Craven.

Por pura cortesía, Bloch envió un ejemplar de su novela al estudio que poseía los derechos cinematográficos de su personaje (Hitchcock ya había muerto). Al parecer, la sátira no les hizo ninguna gracia y le respondieron que no tenían la menor intención de continuar la saga. Poco después pusieron en marcha una (muy estimable) secuela, cuyo argumento no tiene nada que ver con la de Bloch pero que, irónicamente, podría pasar por un remake de “El caso de Lucy Harbin”, un divertidísimo melodrama truculento con Joan Crawford que escribió Bloch en 1964. En vista de lo cual, uno siente la tentación de preguntarse si acaso no hay nada en el género de terror que no haya hecho antes (y mejor) Robert Bloch, experto donde los haya en dar vueltas de tuerca.

 

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Alejandro Romero

Mientras se hunde en el asfalto, Alejandro Romero traduce libros de magia, escribe tebeos crípticos como "La canción de los gusanos" y tratados herméticos como "El humor en la sociología posmoderna" (sí, en serio), y se materializa en las más recónditas universidades andaluzas para enseñar sociología a los inocentes, así, a traición y con toda su mala idea.


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