“El Fantasma Enamorado”. Cuando la fantasía se convierte en filosofía

Jonathan Carroll (LA FACTORÍA DE IDEAS)

Un tipo que se abre la cabeza con el bordillo de la acera. Un virus en el sistema informático del más allá. Un fantasma, enviado para facilitar la transición del difunto al otro mundo, que se encuentra con que el presunto cadáver está paseándose por ahí, fresco como una rosa. Unos superiores, los del fantasma, que lo dejan tirado en el mundo de los vivos mientras el informático hace los arreglos pertinentes para poner a cada cual en su sitio. Y una prometida, la del difunto vivo, que enamoraría a cualquier fantasma sin siquiera proponérselo.

¿Qué ocurre cuando se produce semejante conjunción de elementos? Pues básicamente, que Jonathan Carroll escribe otra de sus irónicas y emocionantes novelas de fantasía sin unicornios al peso ni un triste hechicero de saldo que echarse a la boca.

Puede que esta vez a Carroll se le haya ido la mano con los incisos reflexivos, que en más de una ocasión amenazan con comerse la historia, pero su habilidad para escribir personajes interesantes y, sea cual sea el lado de la verja del cementerio en el que habiten, irreprimiblemente vivos equilibra los excesos discursivos y, como de costumbre, nos obliga a pasar páginas de forma compulsiva para averiguar cómo va a acabar tanto viaje en el tiempo, tanta reencarnación y tanto encuentro con el mismísimo ángel de la muerte.

Pero ya que Carroll se pone filosófico… ¿existe el más allá? Y si existe, ¿tendrán acceso sus ocupantes a los libros que se publican aquí? Porque entonces seguro que René Clair, que sabía más que nadie de comedias sobrenaturales, ha rodado ya su versión de “El fantasma enamorado”.

 

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Alejandro Romero

Mientras se hunde en el asfalto, Alejandro Romero traduce libros de magia, escribe tebeos crípticos como "La canción de los gusanos" y tratados herméticos como "El humor en la sociología posmoderna" (sí, en serio), y se materializa en las más recónditas universidades andaluzas para enseñar sociología a los inocentes, así, a traición y con toda su mala idea.


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