Uri Geller

 

En 1975 Uri Geller, mentalista de folletín, pisa por primera vez España. Invitado estrella en “Directísimo”, el magazine que de repente nos hacía modernos, logró desviar la atención de miles de españoles de los trasuntos capilares de José María Íñigo a sus artificios con cucharas maleables y relojes sin cuerda. Unas habilidades que esconden sin duda bastante de magia pues de su chistera, más que un conejo, este hombre ha sacado una fortuna.

Nacido en Israel en 1946 y descendiente de inmigrantes húngaros y austriacos, pariente lejano de Sigmund Freud, la vida de Uri Geller parece marcada por sus facultades mentales desde que en su infancia se encuentra con una esfera luminosa flotante en un jardín cercano a casa. Pocos días después, descubre la magníficahabilidad que le hará famoso en todo el planeta: mientras tomaba una sopa, al niño Geller se le dobla la cuchara y se parte en dos sin que aparentemente haya ejercido ningún esfuerzo sobre ella. Hay que asumir que a partir de entonces y para conseguir una alimentación completa, sus padres usarán cuberterías de madera…

Sin darle demasiada trascendencia y asumiendo que son habilidades heredadas de Freud (del que hasta el día de hoy se desconoce que doblase cucharas con la mente), Geller sólo usa sus poderes para asombrar a los compañeros de la escuela. Después de emigrar a Chipre, Uri Geller regresa a Israel con diecisiete años para convertirse en soldado y luchar en la guerra de los Seis Días, donde es herido. A partir de entonces trabaja como modelo publicitario.

En 1969, comienza a demostrar ante pequeñas audiencias sus poderes psicoquinéticos y telepáticos. Dos años después, su nombre ya es reconocido en Israel hasta el punto de que Golda Mair, por entonces primera ministra, contestaba a las cuestiones sobre el futuro de la nación con un escueto “pregunten a Uri Geller”.

Mediados los 70 y como una rock starGeller inicia una gira por distintos países europeos en los que demuestra sus poderes, consiguiendo la atención de cualquier medio de comunicación. Cuando llega a Alemania y retado por un periodista a hacer algo realmente sorprendente, el mentalista asegura que detendrá un teleférico y lo dejará suspendido en el aire. Seguido por una multitud de periodistas y tras varios intentos (¿en qué consisten estos intentos? ¿en apretar los ojos?), deja colgadas durante unos minutos las cabinas del funicular de Hollstein, a las afueras de Munich. Para demostrar que no es un truco vulgar, asistido por un compinche oculto, le conducen a unos grandes almacenes donde de nuevo vuelve a parar, tras varios minutos de concentración, unas escaleras mecánicas.

Tras asombrar en Europa, Geller viaja a Estados Unidos, donde lo reciben unos escépticos científicos convencidos en refutar los poderes del mentalista. Sin demostrar nada, pero con su anillo de oro aplastado como plastilina, a Wernher von Braun, inventor del cohete V-2, no le queda más remedio que admitir que se encuentra ante un prodigio que llena de interferencias televisores y magnetófonos, adivina objetos escondidos, arranca relojes parados o repara electrodomésticos con sólo mirarlos.

Geller se dedica desde entonces a escribir libros pseudo científicos, ensayos de superación mediante el poder de la mente, interviene en películas y aplica sus conocimientos en la invención de artefactos como el Moneytron (que distingue los billetes falsos) o el Diamontron.

Su última creación es un pequeño detector de terremotos casero, que prevé instalar en cada casa por un pequeño coste, sin que aún se sepa cuál es la utilidad del ingenio. Estos aparatos le sirven para afianzar una fortuna que no deja de crecer, casi tanto como su ego.

Combina sus apariciones cada vez más esporádicas en televisión con su trabajo como asesor para compañías mineras, que le consultan sobre los lugares más idóneos para excavar. Participa en conferencias en las que divaga acerca de sus poderes psíquicos, asentando definitivamente la leyenda que le declara como “el mayor mentalista” del planeta, status que avalan publicaciones tan prestigiosas como Der Spegel, Paris Match o Time.

En la actualidad, Uri Geller reside en la campiña inglesa en una mansión de 22 habitaciones junto a la que ha instalado su gran creación: La Pirámide de Luz. ¿Más magia? ¿Otro truco? ¿O acaso sólo una excusa más para que sigamos hablando de él? Pregunten a Rappel…

 

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Samuel Tristán


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