“Peyton Place”. ¿El origen del culebrón?

Grace Metalious (Blackie Books)

Cuentan las crónicas que Grace Metalious -un nombre que haría las delicias de Preston Sturges, ¿no creen?- basó su “Peyton Place” en tres ciudades de Nueva Inglaterra: Gilmanton, la localidad donde residía, Laconia, adonde se dirigía con frecuencia a visitar un bar, como buena escritora, y Alton, un pueblo tristemente conocido años antes por el asesinato de una joven a manos de un padre incestuoso. Vivencias, tragos y escándalo. Una combinación irresistible para crear, cual monstruo de Frankenstein, un best seller.

Y así fue: “Peyton Place”, la novela, facturó millones de copias -60.000 de ellas sólo en los primeros diez días en las librerías- y se mantuvo en la lista de los libros más vendidos de The New York Times durante la friolera de 59 semanas.

La obra de Metalious era (y es) puro fast food, un plato fácil de digerir por una audiencia deseosa de devorar carnaza sazonada con condimentos tan escandalosos para la época -hablamos de los mojigatos, al menos en apariencia, años 50- como incesto, asesinatos, abortos y adulterios.

El sexo era, sin duda, el motor del relato. Las peripecias de tres mujeres en una ciudad provinciana, “donde las personas intentan esconder sus esqueletos en los armarios”, como afirmó la misma escritora, no escatimaban en detalles escabrosos. Y esa querencia por sacar a la luz temas tabúes, secretos inconfesables y, en definitiva, trapos sucios, es lo que hizo de “Peyton Place” un éxito sin precedentes, que se tradujo incluso en adaptaciones cinematográficas y televisivas. El estilo, pese a que Metalious posee esa fuerza tan arrebatadora de las plumas femeninas yanquis, es aquí lo de menos. La historia manda. Si buscan algún día un origen del culebrón, diríjanse a “Peyton Place”. Que Boris Izaguirre firme el prólogo en esta cuidadísima edición, como viene siendo habitual, perpetrada por Blackie Books, no es casual. Sin las correrías de “Peyton Place”, quién sabe, igual ni siquiera hubieran existido hoy sus archiconocidas bajadas de pantalones…

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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