Los hermanos Calatrava

 

Un siniestro grupo dibuja signos arcanos en el suelo, minutos después un eclipse lunar oscurece la ciudad. Un viento huracanado barre las desiertas calles y un extraño sonido, parecido a un latido, golpea los oídos de los pocos que se atreven a salir de sus casas… La invocación se ha realizado. ¿Satanás llega a la tierra…? ¿Cthulhu…? No, hombre, no. Una pareja de hermanos y humoristas que nos han marcado de por vida.


Manolo, alias El Guapo (“hay gustos para todo” o “qué chungo es comparar”…) nace en un pueblito llamado Villanueva de la Serena. Dos años más tarde paren (se me ocurren términos más ofensivos para definir su nacimiento, pero dejémoslo así…) a Paco en la capital, Badajoz.

La pobreza de la época y los enfebrecidos lugareños obligaron a la familia a emigrar a Barcelona, más concretamente a L’Hospitalet de Llobregat, donde se mezclan con gentes de todas las provincias del país. El barrio de La Torrassa conoce los primeros escarceos de la pareja de hermanos en el mundillo artístico. Ganan algún que otro premio en festejos y los espectadores ya los ven como dúo, al que llaman Los Hermanos Lozano (aún se lo tomaban con seriedad).

Manolo, el mayor, siempre había estado relacionado con la iglesia, interpretando música sacra. Mientras, su hermano, más payasete, se dedicaba a la charanga y era el encargado de amenizar cualquier reunión familiar o de amigos.

El Club Pimpinela, donde se practicaba el tenis de mesa, fue el escenario donde los bros interpretaron a personajes de zarzuela con más o menos tino. Tirando siempre hacia lo cómico y la mojiganga, éste fue el lugar donde definitivamente se les bautizó como Hermanos Calatrava.

Una radio local y más tarde Radio Barcelona fueron testigo de su arte, interpretando temas famosos de la época. En una de estas performances Paco se queda afónico y comienza a hacer gestos y sí, la gente se partió de risa… Nace la leyenda.

Comenzaron a recorrer las carreteras españolas junto a otro jóvenes cómicos y cantantes que también empezaban: Andrés PajaresCassenRudy VenturaJosé Guardiola fueron algunos. Con mucho esfuerzo se van haciendo conocidos y llega el año ‘61, en el que dan su primer salto al otro lado del charco, concretamente a Venezuela, donde estaban más pendientes a cuántas veces sacaba la lengua Paco que a la afinación en sus canciones. Ocho años más tarde volverían, ya con un disco, y tendrían bastante más éxito.

Su primer disco, editado por la discográfica Discofón, contenía temas con títulos tan curiosos como “El peluquero ye-yé”, “Un payaso en el paraíso”, “Las berreaciones de Pascuán” y “Mister Marciano”. Este disco no hay que oírlo al revés para enloquecer, con sólo ver la portada nos podemos volver tarumbas…

Y así van produciendo, cantando, haciendo versiones de famosos temas. Entre una cosa y otra más de ciento noventa aportaciones al mundo musical, casi nada. Entre ellas versiones del “La, la, la” de Massiel, “Cariño Trianero”, “Se equivocó la Paloma” (no había nada sagrado para los ellos…), “La burra de Yon Toñín” (con la que ganaron el primer Premio de la Canción Infantil de Televisión Española, ¡todo un logro!), “Space Oddity” (sí, la de Bowie…) y muchas, muchas más.

Pero hay una fecha fatídica en la historia del mundo, en la que los dientes de los espectadores rechinaron y un grito mudo surgió de las salas de cine patrio. Los hermanos protagonizan su primera película: “Horror Story”, en la que, como si fueran unos Abbott y Costello cañís, las pasaban canutas en un castillo ocupado por monstruos variados y algún que otro fiambre. Fue dirigida por Manuel Esteba, que seguramente no sabía donde se estaba metiendo, ya que reincide en sus labores y vuelve a ponerse al frente de otra superproducción“Los Kalatrava contra el Imperio del Karate”… Cágate, Bruce Lee. En ella, la pareja, que vende puerta a puerta un cursillo de karate, son confundidos con maestros de las artes marciales y enfrentados a una organización de gánsteres chinarros. Entre torta y torta, Ágata Lis enseñaba cachamen.

Y no pararon, había que aprovechar la buena racha. En el ‘74 ve la luz “El último proceso en París”, comedieta erótico judicial con María José CantudoRafaela Aparicio y otro feo del cine español, Víctor Israel.

“Los hijos de Scaramouche” (1975), “El In… moral” (1976), “Makarras Conexión” (1977) y uff, finalmente, “El E.T.E. y el Oto” (1983), donde Manuel Esteba regresa a dirigirlos para completar un círculo ignoto que cierra sus aportaciones al mundo del séptimo arte…

Los tiempos cambiaron y los gustos de los españoles también, poco a poco fueron desapareciendo de nuestros televisores, pero no de nuestras memorias. De todas formas, aún se les puede contratar para amenizar cualquierfiestón.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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