“Corona de flores”. Barcelona se viste de gótica

Javier Calvo (Mondadori)

Machen, Conan Doyle, Perucho, McCarthyJavier Calvo no esconde sus cartas en la manga. El mismo autor las pone sobre la mesa al hablar de “Corona de flores”. ¿A qué autores rendirse si no, estando como nos hallamos ante un relato policial gótico en toda regla, a la antigua usanza? Ambientada en la Barcelona de 1877, con algún que otro flashback no demasiado lejano en el tiempo, la novela quizás menos ambiciosa pero sí más accesible del escritor barcelonés, navega con presteza entre el desmesurado folletín decimonónico, el certero retrato social y el estremecedor thriller victoriano. Si hubiera sido un cómic, pueden apostar su brazo derecho a que Alan Moore lo hubiera firmado sin despeinarse un pelo de su frondosa barba.

Atento tanto al detalle en la descripción del entorno -esa Barna cambiante, despertando bostezante a la era industrial, con el omnipresente Dosel de Sombras como aniquiladora bóveda de oscuridad- como en la pintoresca fauna humana que lo habita, Javier Calvo erige una adictiva trama detectivesca (el eco de Poe también reverbera por las callejuelas de esta urbe sacudida por unos asesinatos) que seduce al lector desde las primeras páginas.

Personajes como el despreciable y desgraciado Semproni de Paula, tan acomplejado como feroz, o Menelaus Roca, alias Trasgo por su agorafobia, su fotofobia y su descuido personal, una mente tan dotada para el análisis científico más cerebral como para el desvarío más psicótico, o el escritor y editor Aniol Almarrosa, arribista presto en tiempos de cambios, son figuras que alcanzan en la hábil pluma del novelista una vivacidad contagiosa, una cercanía abrumadora.

Conjugando con pericia elementos esotéricos y pasiones mundanas, secuencias de alto voltaje y pasajes macabros, no exentos de gore, “Corona de flores” es a todas luces -y sombras- una de las más gratas sorpresas de la temporada.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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