Danny Kaye

 

Todos los que ya superamos la treintena recordaremos aquellas lluviosas tardes de invierno en las que sentados en el mullido sofá, coco a codo con nuestra familia, veíamos la película que la Primera Cadena tenía a bien ofrecernos. Muchas de ellas estaban interpretadas por este loco maravilloso, que con sus desquiciadas interpretaciones podía poner taquicárdico a la más tranquila de las personas.

 

Nacido dentro del seno judío, Daniel David Kamisnky llegó al mundo llorando y pataleando. Lo suyo era llamar la atención. Sus padres, inmigrantes ucranianos, vivían instalados en Brooklyn e intentaron inculcar la fe hebrea a su travieso y larguiducho vástago. Pero el nene era un torbellino, y ya a la temprana edad de 4 años se subía al escenario de la escuela pública número 49, que curiosamente, hoy en día lleva su nombre como sentido homenaje.

Jacobo y Clara, los padres del pelirrojo Danny, querían lo mejor para él y le ponen a trabajar como ayudante de un dentista, el doctor Samuel Fine (que, agarraos, era el padre de la mujer con la que nuestro prota compartiría la mayor parte de su vida) y así poder realizar una futura carrera médica. Pero Danny lo tenía claro, y se escapaba del control de todos para ir a los centros de entretenimientos judíos, llamados Borsth-belt y allí ofrecer a su público todo su arte.

“La vida es como un lienzo, y deberiamos echar todo el oleo que podamos”

La profesión médica quedó en el olvido y en el año 1935 debuta en la película “Moon over Manhattan”, donde la gente empieza a fijarse en él por dos motivos: su innegable vis cómica y el histrionismo que exudaba por todos los poros de su cuerpo.

Su carrera artística despega y trabaja en Broadway en una obra creada por los genios Kurt Weill e Ira Gershwin, “Lady in the Dark”, en la que, tomad nota, interpreta el famoso número musical “Tchaikovsky (and other Russians)”, donde canta una cadena de nombres de compositores rusos sin perder el resuello. Bate un record Guinness y los periódicos de la época publican en sus páginas de espectáculos el siguiente titular: “Es capaz de cantar 54 nombres en 38 segundos”. Ahí es nada.
Inmerso en la época dorada el cine hollywodiense, protagoniza multitud de cintas, entre las que destaca “Up in Arms” (aquí, “Rumbo a Oriente”) y comparte títulos con una de las estrellas más voluptuosas de la época, la curvilínea Virginia Mayo. Ambos hacían una pareja perfecta: él el torpe, nervioso y solitario; ella la resuelta, valiente y atractiva moza. De una forma u otra, tras varias peripecias, la parejita terminaba junta, dando un happy ending a estas divertidas producciones en Technicolor.

“No nací así de idiota. Me ha costado mucho trabajo.”

Galardonado en el año 51 con un Globo de Oro por la película “On the Riviera”, tres años después arrebata un papel creado para Fred Astaire y comparte pantalla con el genial Bing Crosby en “Navidades blancas”. “El bufón de la corte”, junto a Basil Rathbone y un par de pelis biográficas -”Hans Christian Andersen” y “Las cinco monedas”, sobre el pionero del jazz Red Nichols ( con la participación de otro gran histriónico, Louis Armstrong) son algunas de las pelis que le llevaron a tener su estrella en el Paseo de la Fama y en los corazones de los cinéfilos.

Pero en toda existencia hay zonas oscuras y durante la Segunda Guerra Mundial fue investigado por una supuesta evasión del servicio militar y la pertenencia a grupos comunistas. De todas estas ellas salió limpio y nunca pudo probarse nada. Ya sabéis, eran otros tiempos y era raro el actor, guionista o director de cine que no era puesto bajo la, a veces miope, lupa de la Justicia.
En el Reino Unido se le consideraba un dios, era seguido con histeria por miles de fans. La cosa llegó a tanto que fue requerido por la Real Corona Inglesa para interpretar uno de sus shows en una función privada y los miembros de la monarquía british se saltaron el estricto protocolo que los colocaba en su palco y bajaron a la primera fila del teatro para estar cerca de su ídolo.

Se unió en matrimonio a la compositora Sylvia Fine, que escribió muchas de las originales canciones que Danny interpretaba en los escenarios. Con ella compartió casi toda su vida, concibiendo una hija, Dena. Pero los rumores lo unieron a varias mujeres, entre ella Eve Arden y Marlene Sorosky. Se rumoreaba que aunque siguieron casados no hacían vida matrimonial y de hecho hubo algunos malignos comentarios, que no vieron con buenos ojos la gran amistad que lo unía a otro genio de la interpretación, Laurence Olivier. Se los acusó de mantener una relación homosexual y aunque la viuda del inglés, Joan Plowright, lo negó siempre, el rumor hizo que Danny rehusara participar en la película “Arlequín”.

A lo largo de los años siguió cosechando éxitos, ya fuera en cine o televisión. Sus mohines, histriónicas mojigangas y falsetes le dan un lugar de honor en el Panteón de Freaks y nos acompañarán hasta el fin de los tiempos.

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José Luis Vidal

Cómo si del Tío Gilito se tratara, vivo sumergido entre cientos de cómics, libros, deuvedés, figuras de colección, cedés... Pero si no fuera así, no sería yo, así que siempre quiero MÁS, MÁS y MÁS!!!!!! (Se admiten donaciones y/o regalos)


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