Poder aussie

The Lime Spiders, "The Cave Comes Alive!" (Virgin, 1987)


 

Fue en su momento una de las bandas más contundentes de la independencia australiana. Como unos The Nomads atávicos, mezclando psicodelia, 60s punk, pop con músculo y hard rock, The Lime Spiders conquistaron USA y parte de Europa durante un periodo en el que la palabra underground tenía un sentido dentro de la industria. Luego llegó el silencio. La experiencia de sus directos demoledores y todos aquellos discos repletos de matices quedan atrás, como un legado que vuelve a reactivarse con una gira mundial y un flamante disco en vivo, testimonio de una llama que no cesa.

Robo de ideas. Copy/paste. Sospechosa inspiración. Son prácticas muy comunes en estos años de bloggers, redes sociales y sobreinformación digital. Nadie se libra del sabotaje, aunque tampoco importa mucho el hecho cuando lo que impera es el reciclaje. Un servidor, que acostumbra a pecar alguna que otra vez, se ha decidido por la opción más cómoda. Tratando de ilustrar el nuevo disco que corona la sección más viejuna de la FREEk!, optaré por usar algún párrafo extraído de la revista Ruta 66. Y abusaré de la amistad que me une a su plantilla esgrimiendo el concepto “cita”. Así camuflaré mi falta de recursos a la hora de exponer los cuatro puntos cardinales del cuarteto que he decidido rescatar del ostracismo en esta ocasión.

Amigas flequilleras y colegas patilludos, os insto a rebuscar entre los cajones de saldo de vuestra tienda de vinilos favorita. Puede que os topéis con alguna copia en buen estado de los ya clásicos “Volatile” (Caroline, 1988), “Beethoven’s Fist” (Caroline, 1990) o el incendiario “The Cave Comes Alive!”, el debú de The Lime Spiders aquí rescatado.

Mi pregunta inicial es: ¿cómo abordar sin recurrir a los tópicos un disco que a simple vista podría parecer el típico álbum de rock garage? ¿Cómo afirmar que las versiones de Electric PrunesCreamWarren Kendrick contenidas en sus surcos llegan a superar con creces a las originales? Quizás parafraseando a Richard Lawson, baterista de los Lime Spiders, que fue entrevistado hace ya una década por Joe Seg, corresponsal en Sydney de Ruta 66.

Empecemos por el nombre del grupo, que siempre me resultó de lo más atípico. Copio y pego, sin más. “El nombre tiene cierto sabor sixties, y también es una bebida muy popular en Australia, una especia de refresco. Es perfecto para combatir resacas”.

Sin duda, la magia del vinilo cobra fuerza con discos como el aquí revisado, con esa carpeta de diseño serie-B, alucinógena y barata, tan sugerente cuando la sostienes entre tus manos mientras arranca un misil del calibre de “My Favourite Room”, un puyazo power-rock que comparte líneas consanguíneas con las primeras producciones de Angus YoungDeniz Tek.

Algo de historia, por favor. “Nuestro primer concierto tuvo lugar en 1979, y fue en el Railway Hotel de Sydney. Si no recuerdo mal fue lo único que hicimos hasta 1981. Luego nos convertimos en una party-band hasta el ‘83. Ese año ganamos una battle of the bands cuyo premio consistía en un contrato para grabar un disco. Fue todo muy extraño, porque siendo un grupo suburbial, crecido en un contexto donde los gustos populares se inclinaban al cien por cien por el heavy, parecía casi imposible que nuestro sonido psicodélico pudiese desbancar a otros grupos que practicaban una música mucho más dura”. No tardaron The Lime Spiders en posicionarse en la escena psicodélica ochentera, con poderío, citando a clásicos como base estructural pero superando complejos y deudas pasadas con una efervescencia poco común en las bandas de garage de la época. “Empezamos imitando a bandas de punk psicodélico, inspirándonos en The StandellsCreationSonicsStrawberry Alarm Clock, todas esas formaciones que te encuentras en cualquier volumen de la colección ‘Peebles’. Pero también es importante decir que en aquella época, algunos de nosotros nos sentíamos también interesados por el heavy-metal. Por eso combinábamos el sixties punk con un discreto matiz metálico”. El resultado, refrescante, impetuoso y adictivo. Tanto que llegué a comprar una segunda copia del álbum por temor a acabar gastando la primera. Pero no esperen nada sorprendente, aquí no caben etiquetas ingeniosas a lo Rockdelux. Simplemente guitarras, melodías contagiosas y una voz arisca y personal. O como diría el líder de una conocida formación post-rock andaluza, “el rock es lo que tiene, siempre es igual”. Ahora, eso sí, no escatimes en gastos cuando te topes con una copia de este artefacto, aunque tengas que buscarlo en la sección de heavy metal.


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Emilio R. Cascajosa


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