Rodrigo Fresán en la dimensión desconocida

Nacido en Buenos Aires en 1963, Rodrigo Fresán sorprendió en 1991 con la publicación de “Historia argentina”. Aprovechando la reedición de aquel primer libro y la publicación de “El fondo del cielo”, su última novela, charlamos con él sobre su complejo universo.

Comentas a menudo que en “Historia argentina” ya se anunciaba todo lo que aparecería después en tu obra, ¿se puede decir que en “El fondo del cielo” se recogen toda la colección de citas y referentes esparcidos en estos años?

“Historia argentina” fue una obra con puntos autobiográficos, especialmente el relato llamado “La vocación literaria”. No creo que en “El fondo del cielo” se recoja nada exactamente, más bien es como ir encendiendo luces por las habitaciones de una casa extraña, parecida a la de los Beatles en “Yellow Submarine”. Además, los guiños a otros libros me gustan como lector cuando aparecen en otros autores, así que decidí incluirlos.

¿Hasta qué punto sobrevuela “Dimensión desconocida” (“The Twilight zone”) toda tu obra y más aún este libro, que flirtea con la ciencia ficción?

“Dimensión desconocida” es el mejor taller literario posible, como narración y estructura. Yo quería ser escritor desde pequeño, no me imaginaba otra salida posible. Era nulo en lo demás: ya cuando estaba en el colegio y me enseñaron aquello de los decimales di la batalla por perdida. Sólo me imaginaba como escritor o como Rod Serling, que salía al principio de los capítulos, solo un par de minutos, para introducir la historia. Dicen que esta es la época dorada de la televisión, pero en realidad es la época dorada del DVD. Ya no se hacen series que tengas que esperar una semana para ver, como “Dimensión desconocida”. Están bien, “The wire”, por ejemplo, para comprarte todos los DVDs y verlos de un tirón, pero semana a semana…

Otra referencia constante: el verso de David Bowie en “Ashes to ashes”: “Sordid details following”.

Sí. Es que me gusta mucho cómo la canta. La canta como un novelista más que como un cantante. Eso lo hace mucho Dylan, la frase suena así como en un aparte, como si el escritor asomara la cabeza. Me pasa algo semejante con “Lake Marie”, de John Prine.

Teniendo en cuenta tu pasión por lo audiovisual, ¿has pensado en dirigir alguna película o participar como guionista?

Me lo han propuesto, pero sólo pensar en tener que discutir con los productores, con los actores, que cada uno me pida más diálogo para su personaje… A mí, como mucho me gustaría hacer el eslogan que aparece en el cartel de la película. Eso sí me gustaría.

Yo quería ser escritor desde pequeño, no me imaginaba otra salida posible.

¿Y en qué consideración tienes al cómic? ¿No crees que hay algo de “Watchmen” en la película, con esa “chica rara” -en el libro no tiene nombre, Fresán apunta que podría ser la María-Marie de “Mantra”- vigilando el orden del universo como el Doctor Manhattan?

Sólo he visto la película, no he leído el cómic, y la verdad es que, sin llegar a decir que es un plagio, hay un cuento de Theodore Sturgeon que es muy parecido a “Watchmen”. No está entre mis mayores influencias. De joven, dibujé cómics, por influencia paterna, supongo. Me acuerdo de “El eternauta”, un cómic argentino, pero tendría que trabajarlo más.

Bioy Casares, Borges, Vonnegut… Te han comparado con varios de tus escritores favoritos, pero date el gustazo: ¿con quién no te han comparado nunca y te encantaría?

Pues esa es una buena pregunta… No se me ocurre a nadie. Afortunadamente, como dices, me han comparado con casi todos a los que admiro. No sé, no caigo. Me acordaré de esta pregunta a las dos de la mañana y me despertaré por eso e inmediatamente te odiaré (risas). Sí te podría decir el libro que me habría gustado escribir por primera vez: “Cumbres borrascosas”, de Emily Brontë.

 

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Guillermo Ortiz


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