Video killed the porno star

El porno de los 80

Con lo tranquilos que estaban ellos y ellas pegándose unas buenas frotadas en celuloide, que tuvo que llegar el arma del diablo, el vídeo, para que todo se tomase aún más a cachondeo. ¿Qué pasó con el porno en la decada del guardapolvo, los cardados y Eva Nasarre? (No es por cortaros el rollo, en serio). ¿Por qué se le tiene tan poca estima al porno? ¿La estrella del video mató a la chupadora de 35mm? Aquí las respuestas. O no. Las quejas, a Charlie Sheen.

 

Cruzando el gran charco (de mar, aún no nos hemos metido en materia) y llegando a los Estados (libres) Unidos de América, remontándonos a los últimos momentos de la convulsa década de los setenta, vemos como el cine porno vive momentos de efervescencia: no sólo ya dispone hasta de un, todo lo modesto que se quiera, star system propio, sino de publicaciones serias, como las ya célebres Penthouse, Playboy o Hustler, que hacían las veces de mecenas y divulgadores de sus parabienes y hazañas eróticofestivas.


Incluso ya se ahondaba en una nueva forma de entender el género, con destroyers hippies como los hermanos Mitchell en “Tras la Puerta Verde” innovando con sus eyaculaciones a través de filtros de colores, o elcultureta Damiano dejándonos el cuerpo un poco mal con la obra maestra “El Diablo en Miss Jones”. Entre nosotros John Holmes, Linda Lovelace, Amber y Ginger Lynn, retozaban pegados, aún, a una banda de celuloide. Y no me quiero poner nostálgico, soltándoos el ya manido “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Pero en esto, en el género de los jadeos y los cinco contra uno, definitivamente los ochenta no fueron su mejor época.

¿Que por qué? Porque a la gente le gusta mucho el dinero, y el cine es caro, y el vídeo, barato. El porno a principios de los ochenta dejaba ingentes cantidades de dinero en los EE.UU. Según la Adult Film Association of America (AFFA), los americanitos se dejaban, al año, más de 500 millones de dólares pelándosela frente a 
Georgina SpelvinHarry Reems, por decir un par a voleo. Muy fuerte. Pero nada, ya se sabe que el poderoso, cuanto más mejor, cuanto más se tiene, más se quiere… el dinero llama al dinero.

El vídeo era usado para las copias que se mandaban a los videoclubs y eran los mismos productores los que las hacían. Exhibidores y realizadores eran reacios a usar ese material para realizar su trabajo, pero ante el crecimiento desaforado (no haré comparaciones, no teman) de cintas y el abaratamiento que conllevaba la realización de este tipo de películas en formato vídeo (sumado a la premura de los rodajes, la utilización de los mismos decorados y actores para distintas películas), acabaron por aceptarlo como material habitual de trabajo.

En 1979 se comenzaron a comercializar las primeras video-cintas X, pero no fue hasta mediados de los ochenta cuando se le ganó la partida al cine. Para que nos demos cuenta básicamente de cómo estaban las cosas, en 1984, se estrenaron 900 pornos en EEUU, de los que un 37% estaban grabados en video… Un año después el porcentaje ya ascendía a más de la mitad… y en 1988 se le puede decir adiós sin ningún tipo de remilgos: ascendían ya a un 96% del total. Todo hijo de vecino tenía un reproductor en casa, y antes que hacerse las gayolas en un cine al lado de Pee Wee Herman, era comprensible que prefiriese la intimidad del salón familiar.

Familia, porno, EE.UU. Menudo cóctel. Ni Tom Cruise hubiese podido con él. Además, no nos olvidemos que por entonces, quien era dueño del mundo era aquel cáncer con patas llamado Ronald Reagan (ooooh, ¡cómo hemos cambiaaadooo!), que en su casa, lo mismo azotaba a gusto a la Nancy, pero de cara al público tenía que dar ejemplo.

Varios fueron los abrazos armados de la moralidad (Moral Majority y Moral in the Mediajujujeantesnombres como habrán podido leer) y varias las vías (no venéreas) por las que atacar: ya en los setenta muchos estados se encontraban incapacitados de abrir un saloncito de recreo, con su pantallita y olor a lefa con lejía (yo es por lo que cuentan, que así huele) y ni que decir tiene que en el estado en el que más leñadores vestidos con ligueros por metro cuadrado hay, Texas, la ley de material pornográfico no se revisaba desde los cincuenta.

Por otro lado, la TV, ese instrumento del demonio tantísimas veces atacado por estas mismas asambleas del orden y el decoro, y más concretamente los espacios televisivos de la Moral Majority, se dedicaban a lanzar falsos rumores, como que a las actrices, después de hacerle janderclandeces, las mataban off the record (risas enlatadas). Por supuesto, el FBI se ocupó del caso y nunca encontraron ningún fluido vital (rojo) desparramado por la escena.

Y no sólo los embajadores de la más recia moral se preocupaban en darle por detrás a esto de la pornografía. En California fue tratada con las mismas leyes que regían la prostitución: así, algún que otro director fue acusado de proxenetismo y varias actrices mandadas a comisaría por conducta obscena. La Adult Film Association of America creó un gabinete jurídico para defender los intereses de la industria.

Toda esta bacanal agresiva contra el mundo del porno repercutió en un endurecimiento (mmm) de las leyes y se siguió acosando de manera intensiva a los profesionales del ámbito. Estos, con el rabo entre las piernas, se limitaron a filmar pornos sosainas con escenas que no levantasen excesiva polvareda: escenas hombre-mujer con penetración vaginal, sadomasoquismo de salón, sexo oral y algún que otro destello de bollería fina. Un aburrimiento, vamos. Pero aburrimiento, aburrimiento.

Entrados los 80, muchas de las habituales prácticas sexuales del porno mainstream quedaron relegadas al ostracismo debido a absurdos y exiguos plazos de rodaje y a las rígidas relaciones contractuales entre los actores y directores. Asimismo, ya sabemos que sí, que está muy bien que la tecnología esté al alcance de todos, y es muy bonito eso de “hazlo tú mismo”. Pero claro, el manejo del vídeo era bastante sencillo, y esto hizo que proliferaran ineptos que basaban su “arte” en planos metesaca, decorados de todo a cien, y, en general, muy poco gusto por una mínima narrativa o un saber hacer en el registro del polvo.

La culpa de la mala prensa del porno (ya sabemos que no es un género muy dado a la exploración -ejem- “artística”) no es otra que este formato barato y accesible, además del ansia de ganar dinero en detrimento de la calidad. Menos mal que últimamente ha regresado el gusto por hacer cine X en 35 mm, con autores de la talla deMario Salieri, el esteta Andrew Blake y el imprescindible Michael Ninn. Y en que en algunos casos, el tamaño sí importa.

DÉJATE DE PLANOS GENITALES: AUTORES EN LOS OCHENTA


GERARD DAMIANO.

Uno de los autores más reconocidos dentro del porno de qualité (sí, que las hay con argumento y todo, panda de pajilleros) siguió en sus trece de hacer cine X en 35mm, mas no pudo seguir investigando y tratando sus películas un poco más allá del mero ejercicio onanista.

Al principio tuvo que limitar su genio a perpetrar vehículos de lucimiento para algunas de las más grandes tragonas de la época como “Beyond your Wildest Dreams” (1980), protagonizada por Juliet Anderson, “Night Hunger” (1983) con ese bis a bis entre dos Sharon, la Kane y la Mitchell, o “Ultra Sex” (1987) con la imponente Barbara Dare.

Aún así, le dio tiempo de filmar curiosos ejercicios de ciencia ficción en “Satisfiers of Alpha Blue” (1981) en la que el follar es proporcionado por seres programados por sus lascivos usuarios; un porno protagonizados por muñecos (y con escasas escenas de sexo real) en “Let´s my Puppet Come”, todo un fracaso estrepitoso… y hasta arremetió contra Linda Lovelace (la mítica “garganta profunda” se reconvirtió en adalid de la causa antipornográfica) en “Throat 12 years later”. Como vemos, Damiano no se conformaba con poco, y seguía dándonos algo más que otros coetáneos de la época.

PAUL THOMAS.

Aunque su carrera se centrase más en la década de los 90, Paul Thomas fue el que mejor entendió y, en cierto modo, sacó buen provecho de la invasión del vídeo en la década que nos ocupa.

Hablar de Paul Thomas es hablar de Vivid. Vivid fue de las primeras productoras en aprovechar el tirón del vídeo porno para hacer dólares, convirtiéndose actualmente en una de las más poderosas productoras de cine X mundial. En 1984, David JamesSteve Hirsch fueron los fundadores de Vivid Vides, empeñados en dar un brochazo de lujo y glamour a sus productos: desde las carátulas de sus videos (una carátula Vivid se nota) realizadas por importantes diseñadores y fotógrafos hasta el empeño de establecer un star system a la antigua usanza, contratando en exclusiva a sus actrices.

Fue la primera productora en tener línea de sexo telefónico, organizar giras de striptease con sus estrellas y hasta de originar el primer serial porno de la historia con “The Brat”, dirigida por Henri Pachard (quien en un mismo año, 1980, rodó dos de las vividmovies más recordadas: “Budding of Brie” y “October Silk”), con Jamie Summers de protagonista.

Pero también le hizo un flaco favor a la calidad del porno en general: muchas veces importaba más el diseño de la carátula que la película en sí, y había veces que se daba gato por liebre. La foto de la portada pocas veces coincidía con lo que después se asomaba a través de la pequeña pantalla. De hecho, Vivid llegó a imprimir un emblema en sus carátulas que rezaba “la foto de portada coincide con la actriz protagonista”.

Paul Thomas fue su director estrella. Primero como actor (se las sabía todas, el picaruelo) y luego como el más famoso director de porno de los ochenta, y eminentemente creador de la filosofía Vivid: diseño de producción ostentoso, ambientes de Beverly Hills, lujo, poder. Para que nos entendamos, sus películas son culebrones venezolanos con temáticas muy similares, donde más que sugerirse, todo se muestra. Un porno políticamente correcto e indicado para que la pareja la vea unida (qué bonito) y se caliente unida, llamado Couple Oriented.

Pero también ha dado buenas muestras de inquietud artística, sobre todo en esa pulla a los mecanismos legales de su país para con la pornografía que representa la serie “On Trial” (cuatro capítulos de una hora cada uno), protagonizada por la irrepetible Savannah (llantos), Raquel DarrianChristy Canyon entre otras.

JIM Y ARTIE MITCHELL

Menudo par de dos. Creadores irreverentes, mamadores de la cultura underground de San Francisco, elaboraron a principios de los setenta una de las mejores películas del género: “Tras la Puerta Verde” (1973), influenciada por la (est)ética del LSD, cuenta la historia de una chica que es secuestrada e iniciada en el sexo en un escenario y frente a una nutrida representación popular. Un experimento que aún hoy día no ha sido superado y que se merece ver con las manos desocupadas y los sentidos fijados en ella.

No consiguieron asimilar excesivamente bien que el modus operandi de la industria había dado un giro de 69º y se dedicaron a producir espectáculos eróticos en vivo en el O’Farrel Theater, donde se estrenó “Tras La Puerta Verde”, reconvertido en el Eros Center, y donde asiduamente actuaba Marilyn Chambers, protagonista a su vez de aquella.

No olvidaron tampoco totalmente la producción de películas, financiando títulos de colegas suyos como Alex de Renzy. Incluso doce años después de su mítica ópera prima deciden realizar “The Graffenberg Spot”, una sátira sobre el mítico punto G femenino y su libro de cabecera “The G Spot”, de Alice LadasBeverlly Whipple. A pesar de contar con un reparto de campanillas (veteranos como Harry Reems, John Holmes y Annete Havense mezclaban con juventudes lascivas como Ginger Lynn, Amber Lynn y -suspiros- Traci Lords) fue un fracaso en la taquilla.

No por ello se amilanaron, decidiendo realizar una secuela de “Tras La Puerta…”, titulada así, “Behind The Green Door: The Sequel” (1986) en colaboración con Sharon McKnight. Una película, como su predecesora, alucinada, donde la eyaculación es escamoteada al mostrar todos los actos sexuales con preservativo (incluso los cunilingus) y se presentaba como manual de sexo seguro ante la incipiente oleada de casos de SIDA (la película se rodó en San Francisco, una ciudad donde esta enfermedad constituía una auténtica psicosis entre su nutrida comunidad homosexual). Fue protagonizada por Missy Manners, nombre artístico de la activista republicana en la época de Ronald Reagan Eliza Flores, con el consiguiente escándalo y publicidad gratuita que eso conlleva: llegó a aparecer en las páginas interiores de Playboy junto con senadores de la época e incluso con el mismísimo Reagan.

A partir de ahí, Artie decide compartir lecho con la susodicha derechista, provocando el inicio de una fisura que resultaría trágica entre los dos hermanos (¡ay estas mujeres, pardiez!). Además, fueron acusados por la Moral Majority de permitir la exhibición de “copulaciones orales” en su local, viéndose involucrados en unos cuantos procesos legales.

Artie le daba a la farlopa que era un gusto, su hermano Jim se enzarzaba en peleas día tras día con su querida cuñada Eliza… En este panorama tan caótico la tragedia se mascaba: el 21 de febrero de 1991 Artie se quedó como un bonito colador después que su hermano Jim le pegase unos cuantos tiros rifle mediante. Estos hechos inspiraron el libro “The Mitchell Brothers: A True Story of Sex, Money and Death” de David McCumber que a su vez sirvieron de base para una película aún inédita en España “Rated X”, dirigida por Emilio Stevez (¿ein?) y protagonizada por él mismo y por su querido hermano, Charlie Sheen. Esperemos que no acaben a tiros como los pobres Mitchell… o sí.

ELLAS LAS PREFIEREN MUY MUY GORDAS: FELATRICES DE LOS 80


TRACI LORDS

“Es mejor folladora que Traci Lords pero reconozca conmigo que la boca y la lengua de la segunda son prodigiosas” (Carlos Boyero, en relación a otra de las grandes, Ginger Lynn)

Qué podemos decir que no se haya dicho ya en cientos de libros, webs, conversaciones a dos, o a uno, mientras ve una de sus películas… Nada nuevo, así que lo volvemos a repetir. Traci es una de las mejores actrices que ha dado este singular género, una pedazo de tía que no dudó, a sus dieciséis años y burlando los exiguos controles administrativos que regían el porno, a comenzar una carrera intensísima que no dudo en terminar rodando su última película… ¡el día de su 18 cumpleaños!.

Actriz posteriormente en películas de serie b como “Not of This Earth” y no tan b, como “Cry Baby” del añoradoJohn Waters o “Blade” (la rubia que, al principio de la película, se llevaba a su presa a la disco-vampiro). De infancia repleta de drogaína y malas compañías (a los 14 años emigró a Los Ángeles y pronto comenzó a posar desnuda para Hustler o Playboy), no se sabe muy bien si fue ese pedazo de actor llamado Tom Byron o la mismísima madre que la parió quienes indujeron a que esta bella moza estuviera todo el día abierta de patas recibiendo flashes y pollas. De todos modos, se lo agradecemos profundamente. Sea a quien sea. Amén.

GINGER Y AMBER LYNN

No, no son hermanas, pero las muy pillinas se hacían pasar por lo propio en algunas películas para regocijo del viciosillo aficionado. Para entendernos, Ginger era el lado amable y Amber el zorrón (solo hay que ver las fotos). Introdujo a su hermano en el mundo del guarrerismo (pero, ¿qué le pasa a esta gente con la familia?).

Amber destacó por su riesgo al participar en numerosas incursiones en el porno fantacientífico o de puro cine negro. Por su lado, Ginger demostró grandes dotes para la escritura de varias películas. Fue el estandarte de Vivid, y a día de hoy una de las actrices más importantes de la historia. También quiso probar suerte en el cine comercial, pero con mucha menor fortuna que la Lords.

Tuvo un romance escandaloso con Charlie Sheen (que sí, que aquí somos como “Salsa Rosa” también).

SAVANNAH

Triste historia la de esta preciosidad de inconfundible flequillo y larga melena lacia rubia platino. Al principio fue dando tumbos entre el cine comercial y el porno lésbico, hasta que fue acogida por la Vivid y, de aquí, al estrellato fulminante. Siempre en películas de lujo y poder, pocas veces accedió a que su puerta trasera se abriera, limitándose a escenas corrientuchas.

Comenzó a codearse con estrellas del rock (mantuvo un sonado romance con Slash, del grupo Guns’n'Roses y deAxl Rose comentó que “su pene era aún más diminuto que su cerebro”). Como buena chica descarriada, le daba tanto a las drogaínas que pasaba un rato de su trabajo, por lo que fue puesta de patitas en la calle por parte de la Vivid.

Tras un retorno efímero al porno, Shanon Wilsey se pegó un buen tiro en su preciosa cabeza dejando de existir el 10 de julio de 1994.

 

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Antonio Bret


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