Confesiones de un payaso

Pepe Viyuela

Poco a poco, Pepe Viyuela se ha ido metiendo en nuestras casas. Primero lo hizo con su participación en “Pero, ¿esto qué es?”, luego con sus colaboraciones en “Un, dos, tres” y ahora con su entrañable Chema de la serie “Aída”. Por si fuera poco, este cómico orgulloso de serlo interpretó en la pantalla grande a Filemón Pi, uno de los más queridos personajes del tebeo español. Sin embargo, y pese a ser conocido por su trabajo en televisión y en cine, Pepe es también un sólido actor de teatro y un hombre solidario que se ha convertido en uno de los impulsores de la ONG Payasos sin Fronteras. Ahora, y dando rienda suelta a su lado más infantil, pone la voz a Elliot, el ciervo descornado de “Colegas en el Bosque”, una de las películas de dibujos animados más divertidas de la temporada. Muy relajado y siempre con una sonrisa de bondad en la cara, el actor nos habló de su vida y obra en un decorado que simulaba a una guardería, un lugar muy adecuado para entrevistar a un hombre que se define a sí mismo como un payaso.

 

: ¿Por qué decidiste poner voz a Elliot, este ciervo medio descornado de “Colegas en el bosque”?
Porque no lo había hecho nunca. Me apetecía saber qué caminos se tenían que recorrer para hacerlo. Intuía que tenía que ver mucho con el juego que había practicado y todavía practico con mis hijos, y que consiste en quitar la voz a la televisión y poner voz a los personajes que salen en ella. También creo que tenía que ver mucho con el juego con muñecos que yo practicaba con mis hijos cuando eran más pequeños. Me dije que si era tan divertido como esto merecía la pena. Como no lo había hecho nunca, y me apetecía hacerlo, pues me decidí. Ahora no me arrepiento. Ha sido una experiencia chula. Fueron tres días nada más lo que tardamos de doblar a Elliot. Yo sentía pasar las horas sin que me diera cuenta. La película es muy dinámica e infantil, y todo lo que tiene que ver con eso me hace sentir muy bien.

: ¿Escuchaste la versión original del filme donde Ashton Kutcher doblaba al mismo personaje que tú?
He oído fragmentos cuando se ponía como ejemplo de lo que había que hacer. El trabajo ya venía hecho de Estados Unidos, aunque había que darle un alma. Por otra parte, sería absurdo inventarte algo. Había una consigna muy clara que nos decía que no debíamos poner voz de muñeco sino de ser humano. A partir de ahí sólo había que lanzarse y jugar. Es el concepto que intento aplicar a todos los trabajos: la idea de juego y de pasármelo bien. Yo empecé haciendo teatro porque me divertía mucho y espero morirme haciéndolo así. Es importante el estudio y el entrenamiento, pero para ponerlo al servicio del juego.

: Te has definido siempre como payaso, ¿te sigues considerando un clown?
Yo intento levantarme con esa idea y acostarme de la misma forma. Es una manera de no perder el norte. Creo que la época en la que merecemos más la pena es cuando somos niños. Es cuando estamos más locos, cuando somos más capaces de decir lo que pensamos, cuando somos capaces de hacer las mayores locuras y las mayores travesuras, y cuando, desde un determinado punto de vista, somos más buenos, porque después nos convertimos en gente muy peligrosa. Cuando somos niños somos auténticos. La infancia es un paraíso perdido y hay que recuperarlo. Creo que el payaso es la forma a través de la que lo intento. Además payaso es una palabra preciosa. Creo que lo es tanto payaso como cómico. Fíjate si asusta la palabra que nosotros la disfrazamos con un anglicismo. Entonces, en vez de decir payaso, decimos clown. A mí me gusta ser payaso. Los americanos hacen el clown y yo hago el payaso. Cuando utilizo la palabra clown no me siento del todo bien porque es lo mismo conceptualmente, pero tiene un carácter intelectualoide. Yo quiero ser payaso y es una de las cosas que más me ha costado conseguir.

“Cuando somos niños somos auténticos. La infancia es un paraíso perdido y hay que recuperarlo. Creo que el payaso es la forma a través de la que lo intento”

: Tu relación profesional con Javier Fesser parece que va a ser del estilo a la que mantienen Leonardo DiCaprio y Martin Scorsese. Ya habéis hecho juntos “El milagro de P. Tinto”, “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” y el corto “La cabina”. ¿Cuéntanos algo de esta última colaboración? ¿Cómo es trabajar con Javier Fesser?
“La cabina” es un corto de Fesser tan loco como él. Lo rodamos al poco de terminar “Mortadelo y Filemón”. Él tenía ganas de hacer algo pequeñito. Es lo que le pasa a Javier, que le gusta jugar. Es un juguetón nato y un niño grande. Tras el gran peso de “Mortadelo y Filemón”, él me dijo: “Quiero hacer algo pequeño y tengo una idea. ¿Qué te parece si nos juntamos y lo hacemos”. Eso es “La cabina”: un recreo cortito que quedó allí hasta que lo colgó de Internet, dos años después. Yo estoy contentísimo de estar en “P. Tinto”, “Mortadelo y Filemón” o “La cabina”, pero, sobre todo, estoy contento de tener en Javier a un amigo. Creo que ha quedado en mi vida como eso, como un amigo. Es una persona a la que me gusta llamar por teléfono, quedar para cenar… Si estoy en más trabajos suyos o no casi me da lo mismo. Me gustaría, pero siempre con el mismo espíritu que se ha hecho hasta ahora. Ahora tiene un proyecto nuevo y no sé si estará en su cabeza que interprete alguna cosa. No somos un matrimonio aburguesado y que vayamos juntos a todas partes.

: ¿Tendrá secuela “Las aventuras de Mortadelo y Filemón?
Sí, tendrá secuela, aunque no la va a dirigir Javier Fesser. La va a dirigir Miguel Bardem. Javier (Fesser) necesita cambiar. Cuando terminamos “Mortadelo y Filemón”, nada más terminar, a los periodistas no se les ocurrió otra cosa que preguntar que cuándo habría segunda parte. Él dijo que no quería hacer la segunda parte. No ha querido hacerla y se ha mantenido en su decisión. La va a dirigir Miguel Bardem, lo que le da un componente de riesgo.

: ¿Cómo llevas eso de que para mucha gente siempre serás Filemón Pi?
Eso me lo dijo Javier al terminar la película: “Ya te he colgado el sambenito para toda tu vida. Me vas a odiar por ello”. A mí me hace mucha gracia. Me gustaría menos ser Superman. Filemón Pi me encanta. Lo he leído desde que era pequeño. Mi padre me lo traía a casa y lo leíamos juntos. Filemón es un sueño cumplido que nunca tuve. Es algo que no fue ni siquiera un sueño porque es algo que ni se te pasa por la cabeza. Cuando de repente Javier te llama y te dice: “Vamos a hacer unas pruebas contigo a ver si resultas”; yo no me lo podía creer. Cuando me veía en la pantalla me moría de vergüenza porque pensaba: “¿Cómo lo van a ver esto los fans e incondicionales”.  Lo veía con miedo y respeto, aunque salió bien. Además, estoy encantado de que me llamen Filemón por la calle.

“Estoy encantado de que me llamen Filemón por la calle. Me gustaría menos ser Superman”

: Te has hecho bastante popular en la televisión, ¿cómo recuerdas tus comienzos en el programa “Pero, ¿esto qué es?”?
Por una parte, todo eso me parece la prehistoria. Entonces tendría 26 ó 27 años, y me vino muy grande. Yo venía de la sala alternativa, del espacio pequeñito, de la calle o del Retiro. De pronto llega el mundo de la televisión, te haces famoso, te conocen por la calle, ganas dinero y todo empieza a tambalearse. La primera sensación que tuve era la contraria que cuando trabajaba en pequeñito. No lo podía llevar porque era demasiado estresante y demasiado grande. La ola me arrastró durante algunos años. No hacía lo que quería hacer. Sólo hacía lo que otros querían que hiciera y eso es muy incómodo. En el ‘95, un poco porque estaba quemadísimo de cara a la galería y de cara a mí mismo también estaba muy cansado, me dediqué al teatro. Eso me hizo ver que podía trabajar en esto toda la vida. Además era más tranquilo y reposado. Sentía que aprendía y evolucionaba.

: Tu vuelta a lo grande al mundo de la televisión ha sido con “Aída”, ¿no crees que el personaje es casi un calco de la imagen que tú proyectas al exterior?
Sí, es una vuelta a la tele con ganas. Desde el ‘95 había hecho tele de manera esporádica, pero no tenía ganas de volver. Hice algo en algún programa y en alguna serie. Cuando vi el proyecto de “Aída” sí me interesó y me interesó el personaje. Creo que cuando me llamaron para hacer a Chema, creo que sí estaban pensando en el perfil que tú has comentado. Es un personaje ingenuo y perdedor, aunque con unos valores muy firmes. Yo no sé si es la imagen que yo doy como persona o es algo de lo que ha quedado en el imaginario colectivo de lo que hacía en un principio. No lo sé, aunque estoy muy contento con el personaje. Creo que es un personaje que estaba definido desde el principio, aunque se ha ido encontrando. Ahora, viendo los primeros capítulos, veo que hay más comodidad con el personaje y el actor.

: Entre tu primera etapa en televisión y “Aída” colaboraste en “Un, dos, tres”. ¿Cómo fue la experiencia?
Fue algo raro. Era un programa que veía de pequeño y, de repente, estaba dentro de la tele con las azafatas, aunque faltara Don Cicuta. Ver el “Un, dos, tres” me remontaba a mi paraíso perdido, la infancia. Además te da la oportunidad de trabajar con Chicho, que es todo un mito viviente de la televisión española. Haber llegado a participar en el “Un, dos, tres” fue también bonito y divertido.

: Uno de los proyectos más bonitos en los que has colaborado es la ONG Payasos sin Fronteras…
Yo soy participante y fui presidente, aunque es algo que no me cuadraba. Yo entré a Payasos sin Fronteras para hacer lo que hago: actuar, ser payaso e ir a los sitios donde haya que ir. Sin embargo, todo lo que tiene que ver con la burocracia, evidentemente, alguien lo tiene que hacer, pero yo no estaba cómodo. Era un puesto demasiado poco adecuado para lo que yo siento.

: ¿Y cómo van las cosas ahora?
El proyecto va muy bien. Sobre todo porque, a pesar de que han pasado los años, se mantiene muy fiel al espíritu que le dio origen, que era ser pequeños para no perdernos en estructuras grandes, para no perder nunca el norte, para saber lo que teníamos que hacer y para sentirnos limpios con la procedencia del dinero. Es un dinero corto en cantidad, pero sabemos de dónde viene. Pese a ser una organización llena de artistas, nunca hemos querido darle ese toque de glamour falso para atraer el dinero. No hemos querido hacer fiestas con famosos ni cenas con grandes artistas. Todo lo que tiene que ver con el comercio del sentimiento lo repudiamos mucho. El dinero queremos que venga de los socios, del trabajo que hacemos, de las aportaciones de nuestro bolsillo  y de alguna entidad pública. Últimamente nos está pasando algo muy bonito en Payasos sin Fronteras: hay niños a los que se les está ocurriendo destinar el dinero de sus cumpleaños para la organización. Eso nos parece muy bonito y da la idea de que el dinero va de niño a niño.

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Julio Vallejo

Creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Desde entonces lo ha hecho en Lainformacion.com, Europa Press, Freek Magazine, Cine para leer, Culturamas,Tendencias Magazine, Notasdecine.es, Aviondepapel.tv, los libros “Cine para leer” o la agencia Coveritmedia, entre otros medios.


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