Jeff Feuerzeig: en la mente de Daniel Johnston

Entre las virtudes de “The Devil & Daniel Johnston”, que son muchas, destaca una especialmente: en todo momento, el documental esquiva ofrecernos una visión sentimental de la enfermedad de Daniel Johnston, su protagonista, y evita caer en el mito del genio loco. El culpable de tan fresco acercamiento a la singular vida, obra y desgracias de un artista tan singular como Johnston, responde al nombre de Jeff Feuerzig. Locuaz, comunicativo y con la tranquilidad pasmosa que suponemos otorga el dar su próximo salto al cine de ficción con un premio de Sundance bajo el brazo, el director y también músico nos desvela los detalles de su película, un auténtico viaje alucinante al fondo de la mente.

 

: “Bowling for Columbine”, “Fahrenheit 9/11”, “Capturing the Friedmans”, “Super Size Me”… y ahora “The Devil & Daniel Johnston”. ¿Estamos viviendo una edad de oro del documental como género cinematográfico?
Sí, sin duda. Creo que los documentales, sobre todo los más innovadores, son la vanguardia del cine independiente en estos momentos. El cine independiente se ha vuelto convencional y perezoso, no es muy diferente al de Hollywood. Hay un agotamiento de las ideas y la forma de contar historias. En cambio, el documental es un lienzo en blanco que permite a los directores expresar sus ideas con más libertad. Todos los documentales que has mencionado son diferentes. En mi película, he intentado ser innovador y explorar los límites del documental combinando distintas ideas narrativas. Es un documental que se desarrolla en tres actos y que además tiene un monólogo interno, un recurso utilizado en algunas películas que admiro, como “Taxi Driver” y “La naranja mecánica”. Creo que el monólogo interno es un recurso muy eficaz si se hace correctamente.

: ¿Cree que una parte del público se ha cansado de la ficción al estilo de Hollywood y está deseando ver historias reales en la gran pantalla?
La realidad es sólo una de las dimensiones del documental. Su verdadero potencial es la búsqueda de una verdad más profunda que vaya más allá de la simple presentación de la realidad. Eso es lo que he intentado lograr mediante el uso de subjetividad. Es una película muy subjetiva porque está contada desde el punto de vista de Daniel. He intentado colocar al espectador dentro de su mente para que le acompañe en su viaje por sus momentos de euforia y depresión, de comedia y tragedia, y que, al final de ese viaje tenga una sensación especial. Quiero que el espectador se quede hecho polvo.

“El cine independiente se ha vuelto convencional y perezoso, no es muy diferente al de Hollywood”

: ¿Cómo surgió la idea de hacer una película sobre Daniel Johnston?
Me obsesioné con sus canciones y su obra pictórica hace muchos años, en 1985. Me fascinó porque era único, crudo y real. Lo que expresaba me conmovía de un modo muy especial.

: ¿Descubriste su música directamente o indirectamente a través de la influencia que ha tenido para otros músicos como Sonic Youth, Teenage Funclub o Nirvana?
Sí, descubrí su música directamente. Probablemente fui una de las primeras personas que escuchó sus cintas. Pedí la primera por correo y me encantó. Después me las compré todas. Lo que más gustaba de esas cintas era que entre canción y canción había grabado las broncas que le echaba su madre, y también los dibujos que hacía para las carátulas, que eran increíbles. Desde el principio me di cuenta de que Daniel Johnston era algo más que un cantautor, era un gran artista.

: Evidentemente Daniel dista mucho de ser un artista convencional, pero en los Estados Unidos, ¿se trata de una figura de culto conocida en todo el país gracias al boca a boca o sólo es un fenómeno tejano?
No, ha sido una figura de culto en todos los EE.UU. durante los últimos 15 años. Lo peculiar del caso es que su popularidad se está extendiendo por todo el mundo por ósmosis. Es como un “apretón de manos secreto” que se va pasando entre amigos y que ahora, gracias a Internet, se está extendiendo de modo exponencial.

: En tu película hay muy pocas imágenes de Daniel hablando sobre sí mismo. ¿Es el resultado una decisión consciente o se debe simplemente a la dificultad de conseguir que hable ante la cámara?
Son las dos cosas. Sí le habla a la cámara, pero está tomando tanta medicación que sus entrevistas no tienen ningún interés. He filmado horas de entrevistas, pero no son interesantes. Se podría haber planteado así, pero esa película ya la hemos visto. Yo quería hacer algo innovador y pensé que era mejor usar sus diarios grabados en cintas y sus películas, y entrevistar a otras personas que tengan algo más interesante que decir.

“Todos los grandes artistas son grandes nacisistas, y Daniel Johnston lo es en grado superlativo”

: Aunque traten temas completamente distintos, tu película tiene muchos puntos en común con “Capturing the Friedmans”. Por ejemplo, la utilización de gran cantidad de filmaciones realizadas por los protagonistas del documental. Desde este lado del Atlántico, resulta extraño, rayano en el narcisismo, que haya individuos corrientes que filmen los aspectos más triviales de su existencia como si estuvieran rodando la película de sus vidas. ¿Se trata de una práctica común entre las familias norteamericanas de clase media o es una excentricidad?
(Risas) Es una pregunta de dos niveles. En primer lugar todos los grandes artistas son grandes nacisistas, y Daniel Johnston lo es en grado superlativo. Tiene una gran confianza en sí mismo y en su talento, y lo que hace que su música y su pintura sean tan especiales es que son totalmente autobiográficas. Daniel se expresa a través de su arte. Podemos llegar a saberlo todo sobre él a través de sus dibujos y canciones. Una parte muy importante de esta labor artística ha sido filmar películas para documentar su propia vida. Por otra parte, no creo que esto sea nada común. Aunque los temas de ambas películas no podrían ser más distintos (la vida de un pedófilo y la de un artista), me encanta “Capturing the Friedmans”, pero creo que son casos excepcionales. Es fantástico poder contar con todo ese material de “autodocumentación”, es un recurso extraordinario porque permite eliminar la subjetividad del director, pero no creo que sea nada frecuente.

: ¿Pero eras consciente de la existencia de todo ese material y de que ibas a poder utilizarlo?
Nadie sabía que Daniel Johnston había filmado esas películas, nadie las había visto. Yo era su fan número uno y no sabía que existían. Son fantásticas, muy divertidas; son las mejores películas caseras que he visto. Me recuerdan a las películas de Charles Chaplin, Buster Keaton y Jerry Lewis… O a Peter Sellers cuando interpretaba varios papeles y se dirigía a si mismo en “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú”. Daniel hacía lo mismo cuando se vestía como su madre y la parodiaba.

: Tardaste cuatro años en rodar la película. Ya debes de ser como de la familia…
Soy un perfeccionista. Era una historia épica y tenía que hacerse bien. No podía dejarla a medias. La gente debería tomarse más tiempo en hacer las cosas bien.

“Sabía que Daniel se iba a enfrentar a mí cualquier momento, pero no le iba a permitir que saboteara la película”

: ¿Tuviste algún tipo de aprensión al tratar con un tema tan delicado y con una personalidad tan inestable como la de Daniel?
Sabía lo que me esperaba, conocía bien su historia y era consciente de lo peligroso que podía ser. También sabía que una de sus formas de expresión artística consiste en joder a la gente de un modo intencionado: a su familia, sus amigos, etc. Su padre suele decir: “Todos somos peones en el tablero de la mente de Daniel”. Eso es muy cierto. Yo estaba preparado y sabía que Daniel se iba a enfrentar a mí cualquier momento, pero no le iba a permitir que saboteara la película.

: Tu primer largometraje,”Half Japanese. The band that would be king”, fue también un documental sobre una banda de rock. ¿Estás preparado para el cine de ficción?
Sí, ya he dado ese paso. Estoy trabajando en un par de proyectos en este momento. Uno de ellos es una película sobre Chuck Webner, el boxeador en el que se basó el personaje de Rocky.

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Paco González


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