Ramsey Campbell. El susto es mío

Comenzó, igual que Robert Bloch, como discípulo aventajado de Lovecraft. Pasó a redefinir el terror urbano con sus “Demonios a la luz del día”. Y hoy por hoy se le considera el más directo (y literariamente digno) heredero de la tradición del relato de fantasmas inglés. Estudioso conocedor del género terrorífico, afilado crítico cinematográfico, estilista como hay pocos, Ramsey Campbell nos habla de sus últimas novelas publicadas en España (el único país donde sus historias se han adaptado al cine, incluyendo una película tan notable como “Los sin nombre”, de Balagueró), de la invasión de horror japonés, de la dura vida del autor “prestigioso pero no superventas” y del estado actual de la literatura de espanto. Eso sí, se nos pasó preguntarle por su afición por el cine de Almodóvar.

 

: “Nazareth Hill” es particularmente impactante, quizá una de tus novelas más fuertes. ¿Alguna vez tienes la impresión de que vas demasiado lejos?
¡Hasta la fecha no! Creo que parte del propósito del horror es tratar aspectos de la vida que preferiríamos no tener que afrontar. Suelo pensar que es mejor no enseñar más de lo estrictamente necesario, ciertamente, pero no que haya que considerar ciertos temas como tabú intocable.

: Durante los años 90 escribiste fundamentalmente thrillers, y ahora has vuelto al terror sobrenatural. ¿Hay alguna razón específica para ello?
A mitad de los ‘90 el agente que tenía por aquel entonces me dijo que no tenía demasiado sentido que siguiera escribiendo terror y que debería pasarme a la novela criminal. De por sí, no tenía ningún problema con el género. “La cara que debe morir”, “The Count of eleven” y “The one safe place” habían sido novelas criminales, después de todo, y me parecían un desarrollo lógico de lo que había escrito hasta entonces. La diferencia era que ahora me sentía forzado a escribirlas, y también en un estado de pánico. Se me ocurrió el argumento de “The last voice they hear” mientras yacía insomne y desesperado a eso de las cuatro de la madrugada. Los primeros capítulos parecían escritos como protesta, pero bastante pronto -en torno a la escena en el aeropuerto de Heathrow, creo– encontré elementos con que encender mi imaginación y el libro comenzó a convertirse en el tipo de historia que yo escribiría (del mismo modo, ahora que lo pienso, en que pude encontrar mis propios temas en las tres novelizaciones de películas de terror de la Universal que escribí bajo el seudónimo Carl Dreadstone). La ironía del caso es que cuando mostré “Last voice” a los editores ingleses pensaron que tenía una reputación demasiado sólida como escritor de terror para poderme reinventar como cualquier otra cosa. Con todo, “Silencio” también salió de ese periodo, y después de “El segundo nombre” decidí que volvería a desarrollar la literatura que mejor sabía escribir y a ver si alguien la quería. Y la querían.

“Suelo pensar que es mejor no enseñar más de lo estrictamente necesario”

: Hay ciertas reminiscencias de tu trabajo en algunas películas recientes (“Una historia de violencia” o “Cigarette Burns”, de John Carpenter). ¿Se sabe de alguna nueva adaptación?
No que yo sepa, pero alguien compró los derechos de “The one safe place” en Inglaterra. Esperemos que llegue a hacerse.

: ¿Qué piensas de la reciente ola de horror asiático y su peculiar reformulación del cuento de fantasmas clásico? ¿Conoces la obra de Junji Ito, cuya cualidad obsesiva es bastante cercana a algunos de tus libros?
Sólo conozco la versión cinematográfica de “Uzumaki”, que me gustó por su extravagancia. Me gustó “The Ring” (que me pareció una actualización japonesa de “El maleficio de las runas” de M. R. James), “Dos hermanas” (incluso mejor en un segundo visionado) y “Kairo”, que se parece bastante a “Sobre la desolada tierra” de Philip K. Dick y es prácticamente igual de perturbadora. Y “La maldición”, desde luego, nos asustó a mi mujer y a mí.

: ¿Cómo ves la literatura de horror actual? ¿Qué pasó con los grandes nombres de los 80, como T. E. D. Klein? ¿Algún nuevo autor al que nos convenga echarle el ojo?
Creo que se publica bastante buen material: por lo que a relatos cortos se refiere, echadle un vistazo al “Mammoth Book of Best New Horror” de Stephen Jones. Ciertamente, me gustaría que Ted (Klein) fuese más prolífico. Y en cuanto a nuevos nombres que recomendaría, están Glen Hirshberg, Mark Samuels, Reggie Oliver, o Joe Hill.

: Háblanos de tu nuevo libro, “Secret story”. ¿Alguna posibilidad de verlo publicado en España?
Es sobre un escritor que basa demasiado literalmente su ficción en la realidad, y se ve obligado a encontrar una nueva -por no decir criminal- fuente de inspiración cuando su obra se hace pública. ¡Espero que haya una edición española!

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Alejandro Romero

Mientras se hunde en el asfalto, Alejandro Romero traduce libros de magia, escribe tebeos crípticos como "La canción de los gusanos" y tratados herméticos como "El humor en la sociología posmoderna" (sí, en serio), y se materializa en las más recónditas universidades andaluzas para enseñar sociología a los inocentes, así, a traición y con toda su mala idea.


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