H. G. Lewis. Papá Gore

Con la ayuda de la playmate Connie Mason y unas cuantas vísceras, él sólo creó un género, el gore, que aun hoy es un filón de oro para la serie B, la Z y demás letras del abecedario fílmico. Sus películas fueron toda una revolución cultural, social, sexual y hemoglobínica. Y hoy día, más de cuarenta años después de su estreno, “2.000 maníacos”, por muy burda –y burra- que parezca, es todo un clásico. Aprovechamos la tardía y reciente secuela que lanza Aurum en DVD en nuestro país (“2.001 maníacos”, con Robert Englund como maestro de ceremonias), para charlar largo y tendido con el hombre que hizo de la casquería un arte: H. G. Lewis. ¡Y nos lo pasamos de miedo!

 

: Usted estudió Periodismo y trabajó como profesor de Inglés. ¿En qué momento sintió la llamada del cine?
Yo era realizador de televisión en una agencia de publicidad en Chicago cuando compré la mitad de las acciones de un estudio de películas comerciales. Después de gastar todo el dinero que tenía en comprar el equipo necesario para rodar en 35mm, me di cuenta que tenía también la capacidad suficiente para rodar lo que fuera…

: Supongo que usted, en sus comienzos, con todas aquellas pelis ligeritas de ropa, quiso dar un paso más allá que gente como Kroger Babb y su serie “Mom & Dad”, que no eran sino nudies disfrazadas de película educativa, ¿me equivoco?
No, no te equivocas, tienes bastante razón. Ese campo estaba ya bastante concurrido y además los principales cines no se atrevían a programar pelis como las de Kroger Babb.

: ¿Cómo se las ingeniaba entonces para eludir la censura del Código Hays?
El Código Hays estaba ya bastante obsoleto… y no creas: mis películas hacían mucho menos daño que la gran mayoría.

: Por los títulos nadie lo diría: “Goldilocks & The Three Bares”, “Bell, Bare & Beautiful”… ¿Qué condiciones, desnudos aparte, debían reunir estas películas?
Tenían que tener, por supuesto, al menos una excusa, por pequeña que fuera, para desarrollar los argumentos. Aparte de eso, el principal ingrediente era un enfoque de la cámara lo más nítido posible… Ja ja… Las escenas demasiado oscuras podían matar la respuesta de la audiencia, ya sabes…

: Su compañero en aquellos años, David Friedman, dijo en una ocasión que se dedicó al espectáculo porque “era demasiado joven para trabajar y demasiado nervioso para robar”. ¿Tan fácil era el show business entonces?
Te puedo asegurar que no. Para sobrevivir como un independiente, un productor tenía que ingeniárselas mucho mejor que las majors.

: Ya que hablamos de Friedman, pocos críticos señalan su importancia en la explosión de las nudies y el gore, por mucho que usted le haya nombrado siempre en sus entrevistas. ¿Qué recuerda de su compañero de aventuras?
Nunca jamás he vuelto a tener un compañero tan dinámico, tan astuto, tan dotado para encantar al público. Dave y yo aprendimos el uno del otro. Atesoro cada momento que pasamos juntos, y aun nos vemos siempre que podemos.

: Por cierto, y como última pregunta sobre esta etapa de nudies, usted fue el primero en dar una oportunidad a Karen Black, precisamente en “The Prime Time”, ¿hay en su carrera otros descubrimientos –gore aparte- tan sensacionales como Karen?
Claro. Tim Holt, por ejemplo, que protagonizó junto a Humphrey Bogart “El tesoro de Sierra Madre”, tuvo un papel en “This Stuff’ll Kill Ya”. Y algunos secundarios menos conocidos como Larry Drake o Harvey Korman comenzaron su carrera en mis películas.

: Llegamos a “Blood Feast”. La leyenda cuenta que la empezó a rodar un día después de acabar “Bell, Bare & Beautiful” y que la acabó sólo una semana después. ¿Se tomaba entonces los rodajes como una operación de combate?
Fue todo una casualidad, más que una batalla. Acababa de rodar “Bell, Bare and Beautiful” bajo contrato con otro productor. Tenía todo el material y el equipo allí en Florida, con el viaje pagado, así que pensé que podría rodar algo más por mi propia cuenta.

“Sin un guión, la disciplina es difícil”

: Al parecer, el guión no pasaba de las 15 páginas. ¿Siempre ha sido partidario de que cuanto más simple todo, mejor?
“Blood Feast” fue una película francamente experimental. Literalmente, fuimos hiciendo la historia según rodábamos. En cambio, “2.000 maníacos” fue todo lo contrario. Desde un principio contamos con un guión. Un productor acostumbrado a los bajos presupuestos tiene que tener un calendario de rodaje de lo más férreo, y además debe seguirlo religiosamente. Sin un guión, la disciplina es difícil.

: Con “2.000 maníacos” llegó el delirio. Y eso que tuvo que recortar el número de maníacos previstos, ¿no?
Sí. El título original era “5.000 maníacos”, pero la pequeña ciudad de St. Cloud, en Florida, no tenía demasiados habitantes… Ja ja ja…

: Se inspiró en la leyenda de Brigadoon. ¿Sabe si Vicente Minnelli vio su particular aportación al mito?
Realmente, entonces no tenía ni idea siquiera de dónde se había originado esa leyenda. Mucho después de que se estrenara la película fue cuando tuve conocimiento de “Brigadoon”, tanto de la leyenda como del filme de Minnelli.

: “She Devils On Wheels”, “The Gore Gore Girls”… Son muchas sus películas que han marcado estilo en la imaginería del rock, hasta nuestros días (sólo hay que ver a bandas como The Raveonettes). ¿No le han llegado nunca ofertas para hacer algún videoclip?
Sí, pero desgraciadamente la negociación se fue al traste.

: En un alarde de economía, usted grababa las voces de sus trailers. ¿Impostaba la voz a lo Vincent Price o se le daba bien eso de meter el miedo en el cuerpo? Supongo que el haber trabajado en la radio ayudó lo suyo…
He sido bendecido con una voz fuerte y profunda. En mi opinión mi voz es mucho más masculina y poderosa, incluso, que lo fue la de Vincent Price…

: También firmaba muchas de sus bandas sonoras como Sheldon Seymour. No le hacía ascos a nada, pero ¿dónde se sentía más cómodo? ¿Tras la cámara o en la sala de montaje?
Siempre amé, y amo aun hoy día, el estar detrás de la cámara. Quizás porque me licencié en demasiadas facetas como cineasta, acabé también ocupándome de las bandas sonoras en muchas de mis películas o echando más de una mano en el montaje. Pero para evitar ser considerado un auteur (en francés en el original), me inventé un nombre como el de Sheldon Seymour… y en ocasiones, incluso, firmaba al revés: Seymour Sheldon.

: Ahora, a través de su empresa Communicop Ad Agency, asesora a muchas otras empresas a lo largo de todo el mundo. ¿Le piden también auxilio desde el mundo del cine?
No, no… eso ya pertenece al pasado. Communicop no existe en la actualidad, ni creo que exista más. La vendí a una agencia de publicidad mucho mayor. Ahora escribo y asesoro como Lewis Enterprises.

: Recientemente volvió a dirigir, precisamente una secuela de “Blood Feast” en el 2002. ¿Fue una experiencia agradable?
Decir agradable no le haría justicia suficiente. Fue una experiencia increíble.

: ¿Veremos algún día ese proyecto titulado “Grim Fairy Tales”?
Una productora, FilmState 51, compró una opción para el guión. Si se ven incapaces de financiar el filme, cuando su opción expire buscaré el dinero donde sea. Quiero producir esa película. Sea como sea.

: En alguna ocasión rodó películas para los más pequeños, como “Jimmy, The Wonder Boy” o “The Magic Land of Mother Goose”. ¿Por qué dio un giro tan brusco a una trayectoria como la suya?
Fácil: hice cualquier tipo de filme siempre y cuando los distribuidores me aseguraran que tendría éxito.

“Ofréceme pollo frito y tendrás un amigo”

: Una curiosidad: al parecer, es usted todo un fan del Kentucky Fried Chicken, hasta el punto de ofrecer un cameo del Colonel Harlan Sanders en una de sus películas. ¿Sigue con ese tipo de dieta?
Ofréceme pollo frito y tendrás un amigo. Ja ja…

: Última pregunta, inevitable: ¿cuál ha sido la última película que realmente le ha asustado?
¡Santo cielo, no recuerdo ninguna! Hoy en día tienes que estar todo el rato analizando los efectos especiales, y la sensación de terror se diluye. Tendría que irme muy, muy lejos para recordar una película que me diera miedo realmente. Hay un filme llamado “The Wicker Man”. Pero lo cierto es que la volví a ver el año pasado y tampoco sentí todo el miedo que pasé la primera vez que la vi.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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