Jordi Costa. Aquí, un mostrenco.

“Mostrenco articulista de alquiler, autor de bibliografía disfuncional (‘Mondo Bulldog’, ‘Vida Mostrenca’…), comisario de exposiciones pintorescas (‘Cultura Porquería’, ‘Plagiarismo’), padre cariñoso y persona de muy malas pulgas. Tras atravesar una vida de lujo fatuo, actualmente vive en un tonel”. Así se define Jordi Costa, uno de los mejores periodistas freak de España y autor del libro “Todd Solondz. En los suburbios de la felicidad”, un peculiar  retrato del autor de “Happiness”, al que no hace ni dos meses que tuvimos en nuestras páginas. Hoy, el turno es para Costa…

 

¿Por qué decidiste incluir interferencias de otros autores en tu libro sobre Todd Solonz para el Festival de Gijón?
La idea de hacerlo así era para no aburrirme. A mí los libros de festivales me repugnan. Me parece que son libros encargados a un crítico con muy poco tiempo y que requerirían más tiempo de elaboración, y en los que se dedica a hacer una felación por escrito a un autor durante ciento y pico páginas. Además, hacer un libro sobre un autor al que le quedan muchas sopas por comer y que el tono de ese libro sea sumiso y reverencial  me repele. En mis libros me apetece tener un estímulo adicional que me haga placentera la escritura. Una de las cosas que te pueden hacer placentera la escritura de un libro es tener algún interlocutor durante el proceso de elaboración. Cuando hice “Vidas mostrencas”, que en principio fue una sección y luego fue un libro, ese interlocutor era Dario Adanti. Cuando yo le mandaba un texto y él me mandaba una ilustración era como jugar al ping pong. Yo le mandaba un texto, él hacía una ilustración y esto generaba nuevas ideas que me obligaban a retocar mi texto.

Aquí, además de contar con Dario Adanti, que de alguna manera es mi otra mitad, se me ocurrió invitar a gente que no tenía nada que ver con la escritura de cine, y que viene más bien del ámbito literario, para que hablaran de Todd Solondz sin ninguna imposición. Les dije que hicieran lo que les apeteciera teniendo a Todd Solondz como referente. Incluso les dije que podían hacer ficción, como ha hecho gente como Hernán Migoya, que ha escrito un relato a propósito de Solondz. Al final sale un libro donde no hay una opinión dogmática de un crítico sobre un autor, que eso a mí me parece terrible, sobre todo en el caso de Todd Solondz, que es un autor en  formación.

En el festival de Gijón me sorprendió ver que en Todd Solondz convivían una parte tímida con otra más abierta, ¿cómo es Todd Solodz? ¿Cómo conseguiste que, por ejemplo, te enseñara sus primeros cortos y su primera película, unos  trabajos que el propio director desprecia?
Creo que ganándome su confianza. No sé realmente cómo lo hice. Yo tampoco es que hable inglés tan bien como para simular que soy buena persona y que voy a aprovechar ese material. Yo creo que en un momento decidió confiar. Creo que Todd Solodz es una persona contradictoria. De joven se exhibió mucho, salía como actor haciendo de freak en todos sus cortos e incluso se planteó ser cómico de micrófono. Además es una persona con los pies en la tierra, pero que se planteó ser rabino cuando era pequeño. Es un tío muy reservado y en un principio parece que no vas a conseguir que se abra, pero en el fondo no tardas mucho en conseguir que lo haga. Esas contradicciones hacen que sus películas sean muy difíciles de leer en una sola dirección. Yo creo que me enseñó sus cortos porque en el fondo quería enseñármelos. En el fondo, sabía que un libro sobre él  tenía que tener ese material. A pesar de que no me enseñó su primera película, que es un tabú para él porque le hizo estar un tiempo retirado del cine y sufrió mucho personalmente, yo creo que él sabía que iba a ver esa película e iba a hablar de ella. Cuando al final ha aparecido un capítulo en el libro sobre esa película, él lo ha visto y no ha dicho nada.

“El mostrenco es una especie de ronin, es aquella persona que está fuera del rebaño. Puede ser un sinónimo de freak ahora que el término se ha trivializado”

Quizá tú y Jesús Palacios habéis sido los pioneros en España de una corriente que se ha preocupado por la cultura más freak y denominada por algunos como cultura basura.
Creo que te olvidas de un nombre que abrió camino y que ha hecho cosas muy brillantes, pero que ha hecho quizá poco esfuerzo en verter todo eso en libros. Ese nombre es Pedro Calleja. Es un hombre que desde “Fotogramas” escribió de serie B, de serie Z o de porno. Antes de Pedro Calleja, también había gente que se interesaba por lo subcultural y por la cultura pop. Eran gente como Luis Gasca, Terenci Moix o Luis Tébar. Yo creo que nuestro interés por lo freak es una cosa generacional.  Jesús Palacios, Pedro Calleja y yo, por edad, estábamos acostumbrados a ir a cines de barrio en lo que lo normal es que hubiera una película de “Santo, el enmascarado de plata” y un spaghetti western.

En tus textos has dado un nuevo uso a la palabra “mostrenco”, ¿qué es lo que significa para ti?
Es una de las acepciones del diccionario que yo apliqué en mi sección de “Tentaciones” y que luego recogí en un libro, “Vidas mostrencas”. Es el que no tiene amo ni señor, es la persona que no tiene que rendir cuentas a nadie. Es una especie de ronin, es aquella persona que está fuera del rebaño. Puede ser un sinónimo de freak ahora que el término se ha trivializado. El concepto de mostrenco era el que unía una serie de artículos que luego se reunieron ampliados en un libro. La idea era hablar de irregularidades en el mundo de la cultura y de gente que te es difícil encuadrar dentro de algo. No quiere decir que mostrenco tenga que ser algo bueno o positivo. Hay mostrencos del mal como Bin Laden que acuñan un orden mundial. En otro sentido, el primer mostrenco sería Diógenes, un hombre que, sin escribir ningún libro, daba la vuelta con una paradoja a las situaciones en cada momento. Yo, de hecho, creo que hay cierto paralelismo estético entre Diógenes y Bin Laden. Si los mensajes de Diógenes trastocaban el orden lógico de su tiempo, los comunicados de Bin Laden nos obligan a pararnos y escuchar.

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Julio Vallejo

Creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Desde entonces lo ha hecho en Lainformacion.com, Europa Press, Freek Magazine, Cine para leer, Culturamas,Tendencias Magazine, Notasdecine.es, Aviondepapel.tv, los libros “Cine para leer” o la agencia Coveritmedia, entre otros medios.


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