José Luis López Vázquez. Made in Spain

¿Qué actor puede presumir de haber sido una querida señorita, un hombre lobo ibérico, el tito de una gran familia y uno de los no muy distinguidos miembros de la saga Leguineche? Sólo José Luis López Vázquez puede. Por esta razón, y aprovechando el  estreno de la película “Cuba Libre”, donde interpreta a un abuelo muy revolucionario, el mítico intérprete nos contestó a algunas preguntas sobre su inigualable carrera.

 

Directores como Luis García Berlanga, Carlos Saura, Marco Ferreri, Jaime de Armiñán, George Cukor o Antonio Mercero tienen algo en común: José Luis López Vázquez. El  inolvidable protagonista de “El pisito” puede presumir de ser una parte importante de la historia del cine español. Además, y con casi la única salvedad de Alfredo Landa, el mítico actor ha reflejado como nadie los miedos, las inseguridades y los deseos del españolito medio de los últimos cuarenta años. Ahora, a sus 84 años, López Vázquez estrena “Cuba Libre”, una alocada comedia protagonizada por un grupo de okupas que se refugia de la policía en la embajada de Cuba en Madrid.

: ¿Por qué ha decidido participar en “Cuba libre”?
En primer lugar porque soy actor y vivo de esto desde hace unos años ya. La película me pareció una crítica simpática de un modo existencialista de vivir hoy en día. Es una película muy dinámica y con gente joven, donde sólo hay un personaje mayor, el abuelo, que soy yo. Me divertía trabajar con chicos jóvenes y contarles mis cosas, algo de lo que, al fin y al cabo, también trata la película. “Cuba Libre” trata de unos okupas que han tomado una nave y la han convertido en un centro social y cultural. Precisamente el día en el que es el cumpleaños del abuelo, llega la policía al centro y tenemos que salir de ahí a trompicones y a gorrazo limpio. Yo cojo mi silla de ruedas, que no anda nada, y me meten en una furgoneta y echamos hacia delante. Entonces, y tras una persecución, llegamos de estampida a la Embajada de Cuba, y todo el mundo cree que la hemos ocupado. Es una  película llena de acción y muy divertida.

: Usted que ha trabajado con casi todos los directores relevantes de la historia del cine español, ¿qué diferencias ve entre las películas que se hacían antes y las que se hacen ahora?
Últimamente he trabajado poco, pero ha cambiado en muchos aspectos, como la manera de conducirse y en ciertas costumbres. Antes, también, yo era más joven y no te dabas cuenta de lo difícil porque podías con todo. Tengo una anécdota de cuando empezamos “Peppermint Frappé” con Carlos Saura, que ilustra todo esto. En el primer día de rodaje, Carlos Saura nos dijo a Gerarda (Geraldine Chaplin), Alfredo Mayo y a mí: “He pensado que digamos todo en inglés, ¿qué os parece?”. Nosotros le dijimos: “¿En inglés?”. Y él: “Sí, sí, claro, en inglés”. (Risas). Entonces, en la  primera escena, Alfredo Mayo comienza diciendo “How are you?”. Al oírlo todos empezamos a reír. Carlos Saura nos pidió seriedad y repetimos la toma. Entonces, Alfredo Mayo volvió a decir “How are you?” y volvimos a reírnos. Esto lo hacíamos porque teníamos esa osadía y decíamos: “Estupendo, en inglés y que nos eche una mano Gerarda, que para eso es americana”. En este sentido, había esa insensatez y se trabajaba muy a gusto. Todo lo que hacíamos se hacía plácidamente y con mucha camaradería. Además éramos  siempre los mismos y el director también. Por ejemplo, yo con Pedro Lazaga terminaba una película el sábado y empezaba otra el lunes. Trabajábamos constantemente, jamás  nos peleábamos ni el director se enfadaba por nada, porque no pasaba nunca nada. Se acababa una película en el tiempo previsto y se empezaba otra. Así nos hemos bandeado en los ‘60, ‘70 y parte de los ‘80. Por ejemplo, el telefilme de “La cabina” lo hice por casualidad. Elías Querejeta me había traído un guión, que era el de “Cría Cuervos”, y a las tres horas me llamó para decirme: “No estudies el guión porque me lo han tirado los de la censura”. Yo le comenté si no se podía reanudar y él me dijo: “Confío, pero no te puedo dar mi palabra”. Poco después, se entera Leonardo Martín que estaba  libre y me comenta: “Me he enterado que ibas a hacer una cosa con Elías pero que lo han suprimido por la censura. ¿Puedes hacer una  película conmigo”. Yo le dije que me mandará el guión. Al final acepté trabajar en la película, que se llamaba “El vikingo” y que trataba de un gerifalte político. Entonces Elías me llama para decirme que le daban luz verde a “Cría Cuervos”. Yo le comenté que acababa de firmar una película con Leonardo Martín y que, como ambos eran productores, que le llamara para llegar a un acuerdo. Elías llamó a Leonardo, pero Leonardo dijo que no podía posponer el filme porque ya tenía cerrada la distribución y la exhibición. Entonces pierdo esa película que para mí era fundamental. Empiezo a rodar “El Vikingo” y es cuando un responsable de producción de Televisión Española me dice: “Tengo un guión para ti”. Yo le comenté: “No puedo hacerlo. Tenía que hacer ‘Cría  cuervos’ y no la he hecho, y estoy haciendo otra”. Él me comenta: “No es un guión muy largo. Durará una hora. No tienes mucho trabajo. Me interesa que lo hagas porque es estupendo. Léelo”.  Yo le repliqué: “Perdóname, pero es que no tengo tiempo”. El productor insistió: “Yo te lo dejo aquí para que lo leas”. Era el guión de “La cabina”. Al leerlo, me di cuenta que era un guión asombroso y le dije al productor de la película que como podíamos hacer para arreglarlo. Él me dijo que algo haríamos. Entonces me las arreglé para hacer “La cabina” entre la película que tenía pendiente, que terminó antes de lo previsto, y mi siguiente trabajo, que empezó después de lo acordado.

“El telefilme de ‘La cabina’ lo hice por casualidad”

: Usted y Jaime de Armiñán rompieron moldes con “Mi querida señorita”, un filme que trataba los problemas de identidad sexual de una mujer de provincias que resulta ser un hombre. ¿Cómo surgió  el filme?
A mí me dijeron: “Oye, tenemos esto, léetelo”. Yo les comenté: “Esto es una pica en Flandes si sale. Esto es muy complicado y muy difícil, y es algo fuera de serie. Yo me atrevo a hacerlo si se me deja revisar el trabajo de cada día porque no se puede hacer un travestido, sino que tiene que hacerse como si fuera una señora de verdad y que el público se crea que es de verdad”. Yo, después de casi cien películas que llevaba, que casi todas eran de humor, me era muy difícil que pudiera entrar en el papel y que la gente se creyera que era Doña Adela. Con estos criterios, y con unas condiciones modestísimas de producción, empezamos a hacer la película. No me pude hacer unos trajes ortopédicos y tuve que conformarme con que me los hiciera una modista. Además, llegábamos a las cuatro y media de la tarde, y yo les decía a todos: “Tengo  barba”. Todo el mundo me decía que no se me notaba, pero yo insistía diciendo: “Tengo barba y me la noto”. Teníamos unas discusiones tremendas sobre el tema…

: Entonces, ¿llegó casi a convertirse en una auténtica señorita?
Además es que la película no son dos personajes, sino muchos personajes. Hay un proceso: el personaje no es un hombre al principio pero, poco a poco, se va convirtiendo en un hombre.

: Además de trabajar con grandes directores, usted participó en películas de consumo, unos largometrajes que ahora son muy reivindicados por ciertos sectores, ¿qué siente al verlos ahora?
No las veo. No las grabo porque no tengo vídeo.

: En algunas de ellas formó dúo cómico con Gracita Morales, ¿qué recuerda de esa pareja que formó con la desaparecida actriz?
Yo empecé con Gracita Morales haciendo cine en “Cómo está el servicio”, que tuvo mucho éxito. Ella era una mujer muy carismática. Era como las maravillosas actrices genéricas de Hollywood. Era una compañera estupenda y con una habilidad bárbara. Hicimos varias películas juntos y luego nos preguntamos: “¿Por qué no hacemos una compañía de teatro?”. Entonces, los dos formamos una compañía e hicimos una comedia, “Los palomos”, que tuvo un éxito asombroso y en la que llenábamos todos los días. Nos fuimos del Teatro de la Comedia a provincias con el teatro lleno. Yo vi que no había un entendimiento como empresarios, por lo que al final dejé ese negocio. Fue entonces cuando Lazaga nos contrató en exclusiva para hacer dos o tres películas.

“Gracita Morales era como las maravillosas actrices genéricas de Hollywood”

: Entre su vasta filmografía cabe destacar “Viajes con mi  tía”, una película interpretada por Maggie Smith y dirigida por George Cukor. ¿Cómo surgió la  posibilidad de trabajar en el filme?
Como todo. Alguien me dijo que fuera a Sevilla Films porque había una película que iba a hacer Katharine Hepburn, que había empezado ella, pero que dejó a la mitad del  rodaje, y que la iba a hacer una actriz inglesa. Yo le dije a esa persona que yo, de inglés, nada, pero él me contestó que tenía que interpretar a un personaje en su etapa de joven y cuando era más mayor, y que hablaba poco, por lo que creía que no habría problemas porque se iba a doblar todo. Me llamaron y me dijeron que Mr. Cukor quería hacer una prueba con los trajes. Entonces me encontré con él, que era una persona muy amable, muy dúctil y muy simpática. Yo hacía de un hombre riquísimo que tiene una amante y me pusieron un traje de cornejo. Fue entonces cuando Cukor le dijo a su ayudante que me preguntara qué me parecía el traje. Yo le dije: “Me parece completamente un disparate. Un magnate que tiene una suite en el Royal París con una amante y que va con una chistera no puede ir con un traje alquilado”. Al comunicarle lo que estaba diciendo, el ayudante me comentó: “Me dice el señor Cukor que por qué no va usted a Londres a encargar el vestuario”. Yo les contesté: “Mira, yo no soy asesor artístico. Tiene que venir un señor conmigo y otro señor que vaya con el dinero. No voy a irme a pasear por las buenas a Oxford Street”. Entonces, lo hicimos y nos gastamos novecientas y pico mil pesetas de la época en vestuario. Después de la película, los dos hemos sido muy amigos y me invitó tres o cuatro veces a su casa. Hasta que ha muerto nos hemos carteado, aunque, eso sí, con las cartas traducidas. Cukor me llegó a decir: “¿Por qué no se viene a Hollywood conmigo que yo le introduzco allí?”. Yo le contesté: “Yo sólo hablo castellano. Le tengo como amigo, estoy encantado con usted, se lo agradezco muchísimo y le recordaré toda la  vida, pero me tengo que mover en mi mundo”.

: Ahora le voy a  ir diciendo una serie de nombres de directores con los que ha trabajado para que me diga lo que significan para usted. Empecemos con Luis García Berlanga.
Con Berlanga he trabajado muy a gusto porque siempre estábamos de acuerdo. Siempre me decía que qué se me ocurría. Cuando tienen fe en tu trabajo y todo eso, lo pasamos bien. Lo mismo me pasaba con Marco Ferreri cuando rodamos “El pisito”. “El pisito” no era nada, era un bosquejo de una  idea de Rafael (Azcona). Después se fue armando a medida que cada uno iba diciendo: “¿Por qué no hacemos esto?”. Era una cosa muy particular y muy insólita.

: Marco Ferreri.
Un tío estupendo. Sólo hice dos películas con él, “El pisito” y “El cochecito”.

: Carlos Saura.
Yo, con Saura, he hecho tres grandísimas películas, que son tres modelos: “Peppermint Frappé”, que es la más atrabiliaria; “La  prima Angélica”, que es muy bonita y con cosas muy interesantes, y “El jardín de las delicias”, que es asombrosa.

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Julio Vallejo

Creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Desde entonces lo ha hecho en Lainformacion.com, Europa Press, Freek Magazine, Cine para leer, Culturamas,Tendencias Magazine, Notasdecine.es, Aviondepapel.tv, los libros “Cine para leer” o la agencia Coveritmedia, entre otros medios.


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