Carlos Aguilar. Y el verbo se hizo fotograma (y viceversa)

Lo suyo es pura pasión. A Carlos Aguilar le mueve el corazón, sobre todo cuando éste huele cerca celuloide. Botón de muestra: desde 1986, ha revisado una y mil veces su indispensable “Guía del Cine”, todo un best seller entre cinéfagos, curiosos y neófitos. Tal es su amor por la sala oscura que hasta sus novelas de ficción, como la presente “Nueve colores sangra la luna”, bascula con soltura entre lo real, lo imaginado y lo filmado. A tan inspirada, sentida elegía a las pelis de barrio con las que muchos hemos crecido, acompaña otro lanzamiento digno de alabanza, “Yakuza cinema. Crisantemos y dragones”, realizado a cuatro manos con su hermano Daniel. Otro al que le pierde el corazón. Y el cine.

 

: Tu nueva novela reincide en algunos aspectos con tu obra de ficción inmediatamente anterior, “Coproducción”. A saber: sus personajes se mueven entre celuloide de barrio y decorados de cartón piedra. ¿Por qué reincidir en lugares ya transitados?
Para cambiar el punto de vista, lo cual me permite ofrecer una ficción distinta, redondeando un tema predilecto. “Nueve colores sangra la luna” es más negra,  más áspera. Los personajes creo que difieren bastante. Por ejemplo, el director protagonista de “Coproducción” es joven, buena persona y, apenas empezar su carrera, ya se encuentra en dique seco. En cambio, el director de “Nueve colores sangra la luna” es viejo, mala persona, y, encima que ha conseguido hacer muchas películas, logra rodar una más. Con todo, procuro entenderle en la misma medida que al protagonista de “Coproducción”, de ahí que no emita juicio moral alguno sobre él.

: Hay más coincidencias. En ambas novelas mezclas personajes de ficción con personas reales. En “Coproducción” aparecían Joaquín Romero Marchent y una peli ficticia con Chet Baker. En ésta hacen acto de presencia John Phillip Law y Dan Van Husen. ¿Son ganas de contextualizar la trama de tus obras o son homenajes hechos desde el más puro cariño?
Ambas cosas. Pero también aquí hay diferencias, aunque tienes razón respecto a que existen rasgos comunes. Es decir, Joaquín Romero Marchent es un director sobre el que he escrito un libro; Chet Baker un músico al que no conocí, aunque sí a mucha gente que lo trató. En cambio, John Phillip Law y Dan van Husen son actores, y ambos vivieron en Madrid durante los mismos años, curiosamente sin llegar a conocerse ni a trabajar juntos. Eran dos de mis actores preferidos en la juventud, y ahora, lo que son las cosas, ambos se cuentan entre mis amigos. Me encanta hacer este tipo de homenajes en las novelas, pero busco que sean plausibles y no forzados: tanto John como Dan aceptarían encantados hacer en una película como “Las noches del hombre lobo” los roles que les he adjudicado.

: Lo tuyo con el prota de “Diabolik” y “El viaje fantástico de Simbad” es casi una obsesión. De hecho, leí en una ocasión que de pequeño querías ser como él de mayor… ¿es cierto?
Totalmente. Todo vino de una escena de “Que vienen los rusos, que vienen los rusos”, en la que él comía, con una carita inocente y encantadora, un bollo de chocolate, inconsciente del deseo que despierta en una linda jovencita que lo está mirando embelesada, sentados ambos en la mesa de una cocina. Yo, que tendría doce o trece años, pensé: “Eso es justo lo que quiero ser de mayor. Guapísimo, indiferente a las mujeres, que seguro que son todas unas golfas, y concentrado en comer chocolate”. Cosas de niños, claro. Pero desde entonces no me perdí una peli suya, y reconozco que “Diabolik”, que vi con catorce o quince años, me impactó, al igual que “El viaje fantástico de Simbad”, que vi unos dos años más tarde. Cuando conocí a John, le conté esta anécdota mía de lo que pensé viendo aquella escena. ¡Y se partió de la risa!

: Fuiste de los primeros cinéfilos en recuperar a gente como Giuliano Gemma, Ricardo Palacios, el citado Romero Marchent o incluso Sergio Leone. ¿A eso se le llama buen ojo o justicia histórica?
No sé decirte, yo realmente pensaba que merecían más atención de la poca, o ninguna, recibida. Sabes, cuando yo defendía a gente como ésta, no hace tanto tiempo atrás, la gente se descojonaba, y me tomaban por sinónimo del mal gusto. En cambio, ahora si no están de acuerdo me lo respetan porque me he convertido en un autor renombrado. Qué hipocresía más triste, ¿verdad?

“Con Corman os llevaríais una decepción. Es un tipo gris y sin ningún sentido del humor, de lo más conservador y que sólo piensa en sus negocios”

: Hagamos acto de reflexión. Si tuvieras que hacer una entrada sobre ti mismo para una hipotética “Guía del Crítico Cinematográfico”, ¿cómo te definirías?
Como alguien que ha procurado ofrecer cierta diversidad dentro de una gran coherencia. En otras palabras, creo que en mi polifacetismo hay un común denominador, que es una personalidad reconocible, así como una honestidad a prueba de bomba. Justo por culpa de esto no soy rico, precisamente. Pero, ya que me lo pides, me encanta la definición que me hizo mi amigo el músico Alessandro Alessandroni, el silbador y cantante de Ennio Morricone durante los años 60: “Eres un escritor con mentalidad de artista”.

: El añorado José Luis Guarner se definía asimismo como cronista, antes que crítico. ¿Cuáles son las aptitudes, los requisitos, que ha de tener según tu juicio un buen crítico de cine?
Conocimiento de causa dentro de una cultura general, ante todo. Pero también sentido estético, cierta gracia literaria y no poca lucidez humana.

: Tu novela coincide en las librerías con otra obra tuya, escrita con tu hermano Daniel, “Yakuza Cinema, crisantemos y dragones”. ¿Cómo llevas el trabajo en familia? Supongo el hecho de que Daniel viva en Japón ha ayudado lo suyo…
Ya lo creo. Te digo más, sin Dani de la mano yo no osaría escribir sobre cine japonés. Porque él aporta el punto de vista nipón, y así nuestros textos en común no caen en los errores típicos del occidental que aborda el tema. Errores no sólo de documentación sino de perspectiva cultural. Ahora acaba de salir otro libro escrito entre ambos, “Japanese Ero Gro & Pinku Eiga”, sobre el cine erótico japonés de los años 50, 60 y 70, en la misma editorial italiana donde escribí el libro sobre Jesús Franco, llamada Glittering Images.

: Última pregunta, una cuestión sensacionalista: en tus múltiples encuentros en la tercera fase con nombres como Roger Corman, Seijun Suzuki y…¡Caroline Munro! ¿Cuál ha sido tu experiencia más surrealista?
Surrealista, lo que se dice surrealista… acaso la actriz Rosalba Neri, porque, después de tanta peli de terror a sus espaldas, ahora vive en un castillo, enorme, con sus cuadras y todo, pues dejó el cine para casarse con un megamillonario. Ahora que lo mencionas, con Corman os llevaríais una decepción. Es un tipo gris y sin ningún sentido del humor, de lo más conservador y que sólo piensa en sus negocios.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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