Javier Cámara, en la cresta de la ola

A la chita callando, Javier Cámara se ha convertido en un indispensable del cine español. Poco a poco, con esfuerzo, a pasitos de bebé, que diría aquel entrañable loco al que diera vida Bill Murray en “¿Qué pasa con Bob?”, este riojano se ha convertido en un rostro popular y en un actor de tomo, lomo y cubierta. Miren su interpretación en “Malas temporadas”, de Manuel Martín Cuenca y asómbrense. Este hombre crece que da gusto. Aun quedan por venir la inminente “La vida secreta de las palabras” de Isabel Coixet o la esperada “Alatriste”, la producción más cara en la historia del cine español. Y mientras, Javier, imparable, ya anda involucrado en pleno rodaje de “Ficción”, comedia romántica a las órdenes de Cesc Gay donde comparte planos con Eduard Fernández, otro actor como él. Todoterreno.

 
: Javier, el camino ha sido largo. En tu posición actual, volviendo la vista atrás ¿Te arrepientes de algo de lo hecho en estos años?
No, no me arrepiento de nada. No es que volvería a hacer lo mismo, pero una vez hecho, hecho está. Ha habido tropezones, caídas, pero también se han subido montañas, montañitas… y la verdad es que hay cumbres muy bonitas a las que merece la pena haber llegado. Pero para llegar, es preciso haber recorrido antes caminos mas áridos, menos bonitos, pero en definitiva igualmente válidos. En el fondo se trata de que he tenido suerte y que gente de mucha valía me ha llamado, me ha tenido en cuenta, ha contado conmigo. Unas veces las cosas salen mejor, otras peor, pero así son las cosas y así hay que admitirlas; por eso te digo que arrepentirme, no, de nada.

: Tus papeles en la tele te han hecho famoso, han popularizado tu imagen, primero como cura en “Ay Señor, Señor”, con Andrés Pajares, y después como Paco, el despistado hijo de Amparo Baró en “7 Vidas”. Sin embargo, dejaste estos personajes cuando más popularidad tenías, ¿te ha asustado la fama?
¡Qué me va a asustar la fama! Para nada. Bueno, en realidad es un coñazo, pero nada más. Sólo sirve para conseguir mesa en un restaurante, pero asustarme no. Lo dejé porque llegó algo mas bonito para mí, el guión de “Hable con ella” de Almodóvar, pero para hacerlo tuve que soportar una enorme presión de mucha gente, de mi representante, del equipo de Globo Media, de Amparo Baró, de Anabel Alonso… Pero trabajar con Pedro Almodóvar de protagonista en una película supone estar ocupado a lo largo de 8 ó 9 meses y yo soy demasiado torpe para hacer dos cosas a la vez. Creo que las mujeres pueden hacerlo, pero yo no. Siempre que he mezclado cine y teatro, o teatro y televisión, o cine y tele, me ha ido bastante mal. No tengo el cerebro bien diseccionado. Yo tengo que deslindarme. No sé hacer dos cosas a la vez. Cuando llegó el momento en que yo podía volver a televisión, a “7 Vidas”, la serie tenía un exitazo maravilloso. Se lo merecían y era su momento. No era oportuno ni correcto volver y decir: “Ya estoy aquí otra vez”.

“No tengo el cerebro bien diseccionado. Yo tengo que deslindarme. No sé hacer dos cosas a la vez”

: ¿Te molesta que te consideren gracioso?
¡Qué va! Caer en gracia a la gente te abre muchas puertas, lo que ocurre es que a veces la gente espera de ti cosas y yo eso no lo quiero. A veces el público y yo coincidimos, pero otras veces no. A fin de cuentas, qué más da que el personaje sea serio o gracioso, que haga reír o llorar. Para mí lo importante es que lo haya pasado bien haciéndolo. Hay veces que a la gente le gusta una película mía y yo lo he pasado fatal haciéndola. Una cosa es el camino por donde transcurre tu vida personal y otra muy distinta por donde lo hace tu vida profesional. Pero en definitiva lo que a mí me gusta es mi trabajo, la elaboración de mis personajes. A veces hay escenas en las que yo he disfrutado mucho y hay que suprimirlas porque el director piensa que no ayudan al conjunto de la película y me lo dice como con miedo, como si yo me fuese a enfadar y, de verdad, a mí no me molesta. Yo he disfrutado haciéndola y eso para mí es suficiente.

: ¿Y dónde te encuentras más a gusto? ¿Cine, teatro o televisión?
No tengo ni idea. Donde lo pase bien sin importar el medio que sea. Unas veces es el teatro, otras el cine, otras la televisión de la cual no reniego en absoluto y que me encanta. Alguien me ha preguntado: “¿Volverías a la televisión?”. Y yo le he contestado: “¡Ya! ¡Ahora mismo! Con los ojos cerrados”. Y siempre volvería a esa televisión donde me lo he pasado pipa, a ese teatro donde me lo he pasado pipa, a ese cine donde me lo he pasado pipa. Lo he pasado bien y lo he pasado mal en los tres medios. En el fondo es una apuesta. Juegas a la ruleta, se lanza la bola y te sale el número bueno o el malo. Tú haces todo lo posible para que todo salga bien, pero a veces algo se tuerce o la película no ha ido nadie a verla. Hay tantos factores para que una película o una función de teatro o una serie de televisión gusten o no que no se puede pretender que nosotros, los actores, seamos los únicos responsables. Bastante tenemos con lo que hacemos.

: ¿Pero dónde al verte te has sentido más orgulloso de tu trabajo?
No lo sé. Hubo un punto de inflexión en “7 Vidas”. Me gustó mucho como se engranó todo en esta serie. Yo venía de hacer otras series que a veces no tenían buenos guiones o en las que yo aún no había madurado lo suficiente. Y de repente nos encontramos allí un grupo de gente con la consigna de divertirnos haciendo el trabajo, un trabajo tipo americano, con espectadores en el rodaje, un formato que gustó a la gente y todo funcionó. Ahí me di cuenta de lo que decía al principio, que después de recorrer mucho camino árido y polvoriento, a veces te encontrabas una cumbre, una montañita en la que te podías sentar a contemplar el paisaje. Ésa fue la primera. Otras veces, sin embargo, tu trabajo no le ha llegado a la gente, como alguna obra de teatro a la que no va público, funciones con cinco espectadores en Matalascañas, pero eso no importa. La chispa puede surgir en cualquier sitio y en cualquier proyecto, lo único importante es estar allí, no perder nunca la capacidad de sorpresa y agradecer la ayuda de toda la gente buena que te encuentras por el camino.

“Los grandes actores que yo admiro no son sólo grandes intérpretes sino grandes personas”

: ¿Qué tipo de actor te gustaría llegar a ser? ¿Cómo te gustaría que te definiesen al incluir tu nombre en una enciclopedia o en un diccionario de cine?
A mí me bastaría con que detrás de mi nombre pusiesen la palabra actor. Eso me fliparía. “Javier Cámara, actor. 1967- cifra sin determinar…”. Pero lo más lejana posible, porque lo que a mí me gustaría sería vivir muchísimos años. Bueno, también me gustaría, y a mi madre más aun, que pusiesen “riojano”, actor riojano. Si acaso, detrás de esto, algunos títulos de películas, de obras de teatro, pero, fundamentalmente, actor.
Ahora que he trabajado con Tim Robbins, con Sarah Polley, con Amparo Larrañaga y José Coronado, gente que lo era todo cuando yo no era nada, te das cuenta de que esa gente maravillosa es la que mejor te trató. La gente más importante, la más valiosa, ha sido también la mas humilde, porque esa gente sabe que necesita a todos, a los actores que interpretan pequeños papeles, a los cámaras y hasta a los que les traen la cococola.
De repente, te tienes que desnudar en el set para hacer una escena como me ocurrió a mí en “Torremolinos 73” y cuando tienes a todo el equipo de tu lado puedes hacerlo. Si no, no. Tienes que ganarte poco a poco, tipo hormiguita, el respeto de la gente, de los de tu mundo. Los grandes actores que yo admiro no son sólo grandes intérpretes sino grandes personas. Este trabajo es muy sencillo y a la vez muy complicado. Alguien decía “o es fácil o es imposible”. En eso consiste, en llegar al set, oír la palabra “acción”, mirar al otro y empezar a hablar.

: ¿Quiénes son tus modelos en la profesión?
Mis modelos… No lo sé. Me gustan mucho las miradas. Esa gente que sabe mantenerse ante la cámara en silencio. Gente que se transforma, gente maravillosa.

: ¿Te ha tentado alguna vez trabajar fuera de España?
¡Claro! A mí me tienta todo. Trabajar en otros países, con otras costumbres, con otros métodos… No sólo en EE.UU. sino en la misma Europa, en francés, en checo, o aquí mismo, en España, trabajar en otros idiomas, ya sea en vasco o en catalán.

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Julio Vallejo

Creció queriendo ser un héroe Marvel. Sin embargo, las películas, los libros y la música se cruzaron en su camino y, desde entonces, se fijó como meta escribir de asuntos más o menos culturales. Desde entonces lo ha hecho en Lainformacion.com, Europa Press, Freek Magazine, Cine para leer, Culturamas,Tendencias Magazine, Notasdecine.es, Aviondepapel.tv, los libros “Cine para leer” o la agencia Coveritmedia, entre otros medios.


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