Rosa Montero. Éste no es el típico libro histórico

Diez años después de un ataque compulsivo de lectura medieval, grandes historiadores como Marie de France o Chrétien de Troyes, nace “Historia del Rey Transparente”, una novela metafóricamente autobiográfica en búsqueda de la propia identidad. La novela más ambiciosa y complicada de Rosa Montero, “aunque no se nota”, según sus palabras. La escritora y periodista madrileña, autora de obras como “El corazón del tártaro” o “La loca de la casa”, vuelve a visitar la aventura. En esta ocasión, con trastienda.

 

Afirmaba Rosa Montero en la habitación del Hotel Palace de Madrid en la que le hicimos la entrevista –sí, queridos freekis, el Palace- que “la escritura resulta de un proceso, en el fondo, muy poco controlado conscientemente. Controlas la mecánica, la artesanía, de lo cual se aprende, pero no controlas el material con el que trabajas, los temas te escogen a ti, no tú a ellos. Las novelas son como un sueño despierto del escritor y cuanto más maduro eres como tal, menos controlas el proceso”.

Sus novelas, desde la primera, que escribió con 27 años, “Crónicas del Desamor” -“…una novela malísima”, revelaba- contienen inevitablemente una continuidad temática dentro de ese mar que es la búsqueda continua del sentido de la vida. “Yo creo que en todos mis libros hay una coherencia y una continuidad, lo que pasa es que yo soy una escritora que intento cambiar en todos mis libros formalmente. Todas son novelas muy arquitectónicas pero escritas desde la frontera desde donde ya no sé escribir. Intento hacer nuevos retos. Copiarse a sí mismo no tiene sentido”. Aun así, es con sus tres últimas novelas “El corazón del tártaro”, “La loca de la casa” e “Historia del Rey Transparente” con las que ha conseguido culminar, casi, esa madurez que anhelan tantos escritores. “Julio Ramón Riveiro (diarista peruano) decía que para escribir una novela realmente madura hay que conseguir matar al autor, borrar el yo individual del autor y dejar que fluyan los personajes. Eso es lo que realmente hace la madurez narrativa, tan difícil de alcanzar”.

“Intento hacer nuevos retos. Copiarse a sí mismo no tiene sentido”

“Soy mujer y escribo, soy plebeya y sé leer, nací sierva y soy libre…”. Con estas palabras comienza en primera persona y presente continuo la novela que encierra la misteriosa “Historia del Rey Transparente” en la que Leola, protagonista del libro, trata de hacerse un hueco en el transcurrir de la vida con el fin de buscar su sitio, y reitero, su identidad, la felicidad. ¿Autobiografía vestida de épica? “Pues sí, estoy hablando de mí, no me había dado cuenta”, confiesa la autora. “Con el libro impreso, miré las tres frases primeras y me di cuenta de que metafóricamente estaba hablando de mi vida, no sólo de la mía, de la de muchas mujeres. Es una metáfora casi literal del paso que muchas mujeres han tenido que hacer. Son muchas las que tienen que ser bastante hombrecitos para sobrevivir… Supongo que los hombres también tienen que pelear y defenderse, claro. Igual que Leola, igual que todos, busco saber quién soy, saber cuáles son mis deseos, mi lugar en el mundo, y cuando lo vas encontrando, cada vez peleas menos, cada vez el entorno es más armónico, te sientes más feliz y más asentada en la realidad”. ¿Es Rosa Montero una mujer realizada? “Soy lo suficientemente mayor como  para haber aprendido algo en mi propia vida; no todo lo que quisiera realmente, pero algo sí”.

El comienzo de este camino a la felicidad está lleno de ignorancia, como el de la protagonista de la novela, pero poco a poco uno se va despojando de ella. Las cosas que al principio nos deslumbran e incluso pueden llegar a engañarnos, se van volviendo más conocidas, mientras vamos teniendo más puntos de referencia. O como dice la escritora: “Aprendemos a conocer a los otros, a ti mismo, y consigues que la apreciación de la realidad esté menos distorsionada”.

¿Es más fácil llegar a ese conocimiento por el simple hecho de ser escritor? “Los escritores lo somos porque somos personas que no nos gusta hablar en público”, desmitifica Rosa. “Cuando estuve en la universidad era la época de Franco y había muchas asambleas, pero yo nunca me levanté a decir nada. Y tenía cosas que decir pero no podía, me temblaban las piernas y tartamudeaba”. Ahora, inevitablemente, ha de enfrentarse de nuevo a la jungla promocional de entrevistas aquí y acullá para vender su libro, su amada e intima obra que al final de este periplo “se convertirá en basura” para la propia autora, después de haber hablado más de cien veces de lo mismo. Y todo sin dejar de escribir artículos para el dominical del diario del que una vez ya fue directora. Tal vez no hable demasiado, pero de escribir sabe un rato…

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Antonio Ojeda


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