Wim Wenders. El retorno del rey

En su partida de nacimiento figura el nombre de Wilhem Ernst, pero para nosotros, cinéfilos y cinéfagos de todo el mundo, él siempre es y será Wim. Estudió Medicina y Filosofía, coqueteó con la pintura y el periodismo y se moría por el rock, pero acabó detrás de la cámara, haciéndonos soñar con ángeles sobre Berlín y Nastassja Kinski en Texas. Ahora, Wim Wenders vuelve en su mejor forma, pletórico, en “Tierra de abundancia”. Y lo hace hablando, una vez más, sobre uno de sus temas preferidos, el amigo americano.

: En su último filme, “Tierra de abundancia”, a pesar de ese nombre, nos habla de los seres más desfavorecidos: jóvenes misioneras, veteranos de Vietnam, emigrantes…
No te olvides de los más desfavorecidos de todos: los “sin techo” y los que pasan hambre. Los Ángeles no sólo es la capital mundial del cine, también es la capital del hambre de los Estados Unidos. Es un hecho poco conocido, pero en esta nación tan rica la pobreza es un problema gravísimo.

: Llama la atención que aunque Lana, la protagonista, venga de una misión, sea Paul quien emprenda su particular misión… ¿Le gusta poner a sus personajes a prueba?
Yo no lo llamaría “prueba”, pero suelo insistir en la idea de que mis películas tratan de personas reales, no de figuras de fantasía. Después de todo, soy consciente de la importancia de basar las historias ficticias en experiencias reales, y ese es el caso de Lana y Paul. La única prueba a la que se puede someter a un personaje es la de la verdad, una especie de confrontación con la realidad contemporánea. A mi modo de ver, Paul y Lana superan esa prueba.

: Ambos personajes vivieron situaciones dramáticas para su país, pero la vivieron lejos de sus fronteras. Paul, la guerra de Vietnam pero destinado al frente. Lana, el 11-S pero desde Palestina. ¿Le parecía una opción acertada este enfoque por su condición de cineasta extranjero, si me permite el adjetivo?
Los problemas de América, si quieres llamarlos así, se han convertido en problemas universales de los que todos participamos. Hay una economía global, una injusticia global y un desequilibro global. Después del 11 de septiembre, hubo una oportunidad real de cambiar radicalmente la política mundial, pero desgraciadamente, el gobierno de los Estados Unidos, con George Bush a la cabeza, no sólo no la aprovechó, sino que eligió la política de la venganza, la fuerza y el poder, en lugar de la de la paz y la solidaridad posible con la mitad más desfavorecida del mundo. El resultado es que hoy en día los EE. UU. están más aislados que nunca y se ha generado en todo el mundo -no sólo en el mundo árabe- un odio y un resentimiento sin precedentes hacia ese país. Soy europeo, soy un director alemán que vive en los Estados Unidos. Tienes razón al decir que soy extranjero, aunque ya hace tiempo que elegí América como lugar de residencia, pero vivo allí porque me encanta. Y ahora que este país lleva ya un tiempo mostrándonos su lado más horrible (tal vez se pueda comparar esta época con la de la Guerra de Vietnam), creo que nuestro deber como europeos es solidarizarnos con la otra parte de Estados Unidos y defender su tradición liberal contra la toma hostil del poder que está llevando a cabo la derecha.

“Hoy en día los EE. UU. están más aislados que nunca”

: En cambio, la idea de “Tierra de abundancia” se le ocurrió en muy poco tiempo, ya que hubo un parón en la que ahora será su siguiente película, “Don´t Come Knocking”. ¿Estaba el germen de “Land of Plenty” rondando ya por su cabeza? ¿O fue una especie de iluminación?
El rodaje de “Don’t Come Knocking” tuvo que posponerse en el último momento, durante el verano de 2003. No obstante, sí se rodó en 2004, y ya casi he terminado la postproducción… Así que, de pronto, no tenía nada que hacer durante unos meses. Al principio estaba bastante decepcionado, por supuesto, pero después me di cuenta de la oportunidad que me brindaba este tiempo libre: podía hacer algo espontáneo, con el corazón, y tenía que ser la idea más necesaria y urgente que tuviera en la cabeza. Así que poco a poco caí en la cuenta de que el tema debía ser mi preocupación por la peligrosa orientación que estaba tomando la política norteamericana y la sensación creciente de paranoia, propaganda y pobreza. Además, me influyó mucho el sentimiento de que alguien estaba secuestrando mi religión y sentirme muy incómodo con la versión fundamentalista del cristianismo que había tomado el poder por sorpresa. Simplemente quería proponer una serie de valores cristianos muy básicos frente a esos valores “oficiales”: la solidaridad con los pobres y los desfavorecidos, y la dedicación incondicional a la paz. Estos principios fundamentales del cristianismo fueron ridiculizados por la llamada “presidencia cristiana”.

: No sólo la concibió en poco tiempo, sino que la rodó también en un tiempo récord…
Así es. Escribí la historia en tres días y después Michael Meredith y yo escribimos el guión en tres semanas. Sólo transcurrió un mes entre la decisión de realizar esta película y el inicio del rodaje. Como no se puede reunir un gran presupuesto en cuatro semanas, tuvimos que ingeniárnoslas para hacer esta película de la forma más barata. El tiempo es el factor más costoso de la producción cinematográfica, así que rodamos “Tierra de abundancia” en 16 días. Tratándose de una película de ficción filmada en tantos lugares distintos y con tanta gente, supongo que tenemos que haber batido algún récord mundial. Pero hoy en día, la realidad de la industria cinematográfica es que cuanto más dinero tienes, menos puedes contar. Si esto se tiene en cuenta, hay que reconocer que nuestro pequeño presupuesto nos proporcionó una increíble libertad de expresión…

: ¿Ayudaron en esta rapidez las nuevas técnicas digitales? ¿Cree que el futuro del cine ya está aquí?
De no ser por esas nuevas cámaras digitales diminutas, esta película no se podría haber filmado nunca. Nos permitieron rodar más de 40 escenas al día, y no filmábamos con la luz disponible, al contrario, iluminamos la película cuidadosamente. La revolución digital está en marcha ahora mismo, y el cine digital está aquí para quedarse. Ya se puede vislumbrar cómo será el futuro.

“El cine digital está aquí para quedarse”

: Dejemos el futuro y hablemos un poco del pasado. Usted trabajó en sus inicios en las oficinas de United Artists en Alemania. ¿Le sirvió la experiencia para crear luego su propia productora?
No mucho. Sólo descubrí lo desproporcionada y pesada que es la maquinaria del cine convencional. En los inicios del “Nuevo Cine Alemán” soñábamos con hacer algo totalmente distinto, y demostramos que tanto la producción cinematográfica como la distribución podían hacerse de otra manera.

: También ejerció como crítico en “Filmkritik”. Antes era muy usual que un crítico acabara sus días como cineasta (ahí está Truffaut, p.ej.), pero ahora es un fenómeno menos usual, ¿no cree? ¿Le pusieron trabas sus compañeros periodistas cuando decidió dar el salto tras la cámara?
Por aquel entonces a nadie le importaba un carajo. Mi trabajo como crítico ya se consideraba underground, y mis primeras películas también. En Alemania sólo empezaron a tomarnos en serio cuando nuestras películas tuvieron una buena acogida en Inglaterra, Francia, España, Italia y los Estados Unidos.

: Compartió lanzamiento con muchos de los genios alemanes: Herzog, Fassbinder… ¿Cree que hubo cierta afinidad generacional en aquella Alemania, con jóvenes cineastas que habían nacido cuando la 2ª Guerra Mundial tocaba a su fin?
Teníamos un sueño que no podía basarse en ningún precedente. Tuvimos que inventarlo todo desde cero. Pero como muy bien dices, éramos un grupo de genios (risas). Al final, fue la solidaridad entre nosotros lo que lo hizo posible.

: Hablando de colegas, en “Room 666” usted grabó en una habitación de un hotel de Cannes 50 minutos con algunas confesiones sobre cine de compañeros como Godard, Spielberg o Antonioni. ¿Llegaron a algún acuerdo conjunto sobre el estado del cine?
Bueno, lo divertido del caso es que cuando esos directores se pusieron delante de mi cámara, no había nadie en la habitación. Les dejamos solos con la Arriflex de 16 mm y la Nagra. Ellos mismos ponían las máquinas en funcionamiento y después hablaban. Yo tardé una semana en ver la filmación y escuchar lo que dijeron, y no hubo ningún consenso sobre el futuro del cine, sino tantas opiniones como directores. En conjunto, quizás existiera un cierto pesimismo sobre el futuro del cine a principios de los ochenta, lo cual demuestra que la mayoría de nosotros nos equivocábamos. El cine está más vivo y goza de mejor salud ahora que entonces.

: Usted ya rodó en nuestro país “La letra escarlata”… ¿Qué recuerda de aquellos días en nuestro país?
Cuando rodamos “La letra escarlata” en la costa atlántica de Galicia y cerca de Madrid, en uno de esos estudios en los que se rodaban muchos de los denominados spaghetti westerns, Elías Querejeta era nuestro coproductor español. Fue difícil rodar una historia genuinamente americana que deberíamos haber filmado en Nueva Inglaterra rodeados de puritanos, en una España mayoritariamente católica, pero lo pasamos muy bien y mi español era mucho mejor entonces. Casi todos los miembros del equipo de rodaje hablaban español, menos Robbie Müller (el director de fotografía) y yo. ¿Que si me gustaría volver a rodar una película en España? Claro que si! (en español en el original) Como muchos directores, sueño con llevar El Quijote a la pantalla. El Quijote es una de las más grandes historias jamás contadas, de eso no cabe duda…

“Sueño con llevar El Quijote a la pantalla”

: Más historia, es la guerra. “El rock salvó mi vida”, dijo una vez. Y su primera película, “Summer in the City”, la dedicó a The Kinks. ¿Y por qué acabó tras la cámara y no encima de un escenario?
Supongo que comprendí que nunca iba a tocar la guitarra como Jimi Hendrix ni a cantar como Van Morrison. Tampoco iba a pintar jamás como Paul Klee, Max Beckmann o Edward Hopper ni a diseñar viviendas como las de Richard Neutra o Mies van der Rohe. Pero pensaba que tal vez podría hacer películas como nadie las había hecho antes… Aún así, el rock and roll me cambió la vida, y todavía creo que el momento en el que la música se fusiona con las imagines de una película es el más emocionante de todo el proceso de producción cinematográfica.

: Su última película toma su nombre de una canción de Cohen. ¿Habló con él sobre el proyecto? ¿Leyó el guión?
Leonard grabó la canción “Land of Plenty” uno o dos años antes de empezar a filmar la película. Yo la escuchaba mucho durante el rodaje y se me ocurrió que no sólo sería un título perfecto para la película sino que resumía casi a la perfección el tema de la misma, así que le envié el guión cuano aún no habíamos empezado el montaje. Fue muy generoso; no sólo me cedió los derechos de autor para usar el título y la canción, sino que escribió otra canción para la película, “The Letters”, que suena al final de los créditos. El resto de la música la compuso Thom, un joven cantante y compositor alemán con un gran talento.

: En “Soul of a Man” indagó en la leyenda de grandes del blues como Skip James, Blind Willie Johnson y J. B. Lenoir, consagró “Lightning over Water” a su admirado Nicholas Ray, la sombra de John Ford sobrevuela algunos de sus films, en “Tokyo-Ga” rendía homenaje a Ozu… ¿Le interesa tanto ahondar en la tradición? ¿Cree que la única manera de entender el presente es mirando al pasado?
Creo que no hay mejor aliado para afrontar el futuro. No soy un nostálgico, por lo menos no lo creo, pero estoy convencido de que siempre le debemos algo al trabajo que han hecho otros antes que nosotros, y creo que si se está en deuda con alguien, es necesario rendirle tributo. Le debo tanto a la historia del cine (y al rock’n’roll) que siempre me he sentido obligado a devolverles algo. Para la generación más joven, sería una gran pérdida no conocer a Nicholas Ray o a Yasujiro Ozu, y para los jóvenes que aman el rock, el rap, el hip-hop o la música pop de hoy en día, sería una catástrofe no descubrir el origen de todo esto: el blues.

: Hablemos ahora de futuro: su nuevo proyecto, “Don´t Come Knocking”, le empareja de nuevo con Sam Shepard, más de veinte años después de “París, Texas”. ¿Cómo ha sido el reencuentro?
Sam y yo estábamos tan satisfechos con nuestro primer trabajo en común, “París, Texas”, que teníamos miedo de repetirlo. Pensábamos que con la repetición sólo lograríamos estropear esa experiencia única que vivimos juntos. Pero, por otra parte, 20 años es un período de espera más que suficiente. Disfrutamos enormemente al volver a trabajar juntos. En realidad, se podría decir que intentamos estirarlo, ya que tardamos más de tres años en escribir “Don’t Come Knocking”… En cualquier caso, se trata de una película difícil de clasificar. Es una especie de mezcla entre road movie, historia de familia, tragicomedia e historia de amor post-western. Sam interpreta al protagonista junto con Jessica Lange, Tim Roth, Gabriel Mann, Sarah Polley, Eva Marie Saint, Fairuza Balk y George Kennedy. Es el elenco de actores más increíble con el que he trabajado.

: Una última pregunta. Más que una pregunta, una curiosidad: en su certificado de nacimiento, figura el nombre de Ernst Wilhelm. ¿De dónde viene lo de Wim, si no es indiscrección?
Cuando nací, mi padre fue al registro civil a obtener mi partida de nacimiento e inscribirme como nuevo ciudadano alemán. Supongo que el funcionario que le atendió era aún una especie de representante teutónico del gobierno nazi (nací en agosto de 1945, pocos meses después del fin de la guerra). En fin, este hombre se negó a inscribirme como Wim insistiendo en que no era un nombre auténticamente alemán. Ciertamente no lo era, ya que Wim es más bien de origen holandés. Mi bisabuelo se llamaba así. Mi padre tuvo que inscribirme con un nombre genuinamente alemán, y el que más se le parecía era Wilhelm. Ernst era el nombre de mi padrino, y según una antigua tradición familiar, el nombre del padrino debía figurar en primer lugar. Wilhelm se subrayó como mi verdadero nombre. Hoy en día ya no se hace. Así que ahora, cuando tengo que rellenar un formulario, por ejemplo, para entrar en Japón, tengo que escribir: “Ernst W.”, como si fuese mi verdadero nombre. Qué tontería.

 

 

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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