Santiago Roncagliolo, anfibio literario

Publicar en un mismo año en la revista Granta en español y ser integrado a la vez en las filas de la factoría Alfaguara puede considerarse algo más que un bautismo de fuego para cualquier escritor joven. Pero es que Santiago Roncagliolo (Lima, 1975) ya se había batido el Cobre y el Bronce antes de llegar al gran mundo editorial. Mucho medio fondo con distintas disciplinas antes de saltar el slalom que llega hasta el status de escritor visible y leído. Miembro de una generación con más pasión por lo lúdico que por lo crítico, Roncagliolo parece, sin embargo, poder tocar todos los palos con esta adquirida capacidad anfibia. Testimonios desde la orilla.

 

: Novelista, cuentista, fabulador infantil, guionista de TV, dramaturgo, traductor, negro literario, ¿en qué papel te has sentido o te sientes más ubicado o más capaz o más ridículo o más retado a la hora de escribir?
Me siento más libre en la novela, porque escribo como quiero y no tengo jefes y las reglas son menos precisas. Esa libertad implica también un reto mayor. Pero ridículo me siento con mucha frecuencia, no necesito escribir para eso.

: ¿Crees que “Pudor” o tu anterior novela “El Príncipe de los Caimanes” son deudoras de esta variopinta gama de acercamientos a la escritura? Es como haber sido recogepelotas, juez, animadora, sponsor, entrenador y ahora, por fin, tenista. ¿O no ves tanto la novela como una meca o una casa a la que todo escritor debe llegar?
Ja, sí, es una buena manera de ponerlo, aunque los tenistas por lo general no son recogepelotas porque tienen dinero desde chiquitos. Yo uso en la novela lo que he aprendido en todos mis oficios. Por eso, cada uno de mis libros es muy distinto del anterior.

: También nomadismo geográfico. Saliste de Lima para ir a México DF y después, a partir del año 2000, establecerte en Madrid. ¿Has encontrado tu ciudad o piensas continuar instalado en la movilidad?
Me encantaría vivir viajando, pero con un pasaporte peruano, la cosa es bastante complicada. Tú sí podrías intentarlo. Pero no sé si deberías. España es un lindo sitio para vivir.

: La educación narrativa de todo aquel nacido más allá de los setenta se ha forjado a golpe de programación, mando a distancia, mucho cine, serie B e historietas. ¿Te parece entonces que escribir literatura para nosotros sería algo así como ponerse a hablar inglés siendo nuestra lengua madre el montaje, los primeros planos y las elipsis? ¿O es muy sano este spanglish?
El spanglish es inevitable, porque hablamos el inglés afortunadamente mal, así que lo sazonamos con lo nuestro. Ahora, esos referentes se han vuelto más universales que la literatura. Los entienden en Tailandia y en Perú y en Miami. Y dentro de veinte años, la literatura la escribirán los que ahora juegan con la Playstation.

: Algo de investigación genética latino-literaria: Bolaño, Piglia Fresán, todo el movimiento de revistas de creación como Gatopardo o Etiqueta Negra, indican que la hélice de ADN de la vanguardia literaria en lengua castellana hay que seguir señalizándola allende los mares. ¿Cómo lo ves?
Los españoles siempre dicen que los latinoamericanos escribimos mejor. Y yo respondo: “Es que América Latina no es un país. Son como veinte”. Si sólo te llega lo mejor de los veinte, cada uno con su propia variedad, impresiona. Pero los africanos también escriben mejor que los suecos, y los europeos mejor que los ecuatorianos. Es una comparación mal planteada.
Ahora, has mencionado Gatopardo y Etiqueta Negra como literatura, y eso es genial. Me parece que, en este momento, la literatura latinoamericana más interesante es el periodismo.

“Los españoles siempre dicen que los latinoamericanos escribimos mejor. Y yo respondo: ‘Es que América Latina no es un país. Son como veinte’”

: ¿Y no te daba miedo meter fantasmas y animales parlantes en tus obras a riesgo de ser tachado de revisionista posmoderno del realismo mágico?
No, porque ese gato es muy realista a secas. De hecho, es mi gato el pobre. Y tampoco tengo claro que los fantasmas sean fantasmas de verdad. Quizá el niño está loco, o simplemente ve a los adultos como fantasmas. La realidad es un lugar muy raro.

: Situaciones brillantes y muy eficaces -además de hilarantes- registros específicos para cada personaje: herramientas que probablemente proceden de la escritura teatral o del guión. “Pudor”, tu última novela, tiene un buen guión adaptado o incluso una obra de teatro latente, ¿no te parece?
Muchas gracias. De hecho, está directamente inspirado en el cine independiente norteamericano de Ang Lee, Solondz o Sam Mendes. Me encanta el cine, pero escribir una novela es millones de dólares más barato que financiar una película.

: Incluido en el último número de Granta en español, tu artículo “Los perros de Deng Xiao Ping” cuenta en clave de reportaje narrativo tu experiencia con Hubert Laussiers, sacerdote belga comprometido con la causa de los condenados por terrorismo en tu país. Dos preguntas dispares respecto a este artículo. ¿Crees que nuestra generación -demasiado descreída y demasiado amable- esta algo incapacitada para ficcionar manejando grandes palabras y grandes conceptos si no es a través de la ironía y de la parodia? Por otro lado, ¿compartes gustos con la línea editorial de Granta, especialmente en la voluntad de abrir interesantes vías literarias desde experiencias aparentemente menores?
Creo que los grandes conceptos se van vaciando de sentido. Lo que me gusta de Lanssiers es que no le importa si la gente es de izquierda o derecha, si quiere orden o justicia. Está demasiado ocupado tratando de que no se maten. Escribir ese reportaje significó para mí todo un descubrimiento de las posibilidades narrativas de la realidad. De hecho, la primera versión que escribí era un panfleto infumable. Mejoró mucho con las sugerencias de los editores de Granta, con quienes aprendí mucho, y no sólo sobre estilo. Yo crecí como parte de una generación que consideraba de mal gusto hablar de política, pero voy descubriendo maneras de contar historias potentes con ese tema.
El Perú en particular es una fuente inagotable para escribir sobre política de un modo diferente, porque ahí la política oscila entre el más despiadado thriller y una comedia de Groucho Marx.

“Yo crecí como parte de una generación que consideraba de mal gusto hablar de política, pero voy descubriendo maneras de contar historias potentes con ese tema”

: Haddon y su “Curioso incidente del perro a medianoche”, Juan Villoro, el mítico Roald Dahl, Dino Buzzati o el último premio de novela Alfaguara (ex aequo Montes-Wolf, ambas reconocidas narradoras infantiles y juveniles argentinas) o tú mismo con tu experiencia en el género infantil. ¿Puede ser que autores con esta doble nacionalidad literaria puedan aportar una nueva mirada a los temas clásicamente considerados para adultos?
Creo que vivimos una época en que la literatura trata de zafarse del corsé de la solemnidad y el elitismo. Cada vez más autores creemos que se puede hacer una literatura capaz de emocionar sin escribir sólo para escritores o especialistas. El estilo de la literatura infantil, que es transparente, imaginativo y sensible, está lleno de lecciones para nosotros.

: Y una guinda: si te dicen que “Pudor” es una comedia coral con vocación de serie fantástica de barrio que abordaría con ligereza los grandes temas de siempre (sexo-familia-muerte), ¿qué contestas? Sugiero para las tramas secundarias algunos de los personajes que aparecen en los relatos de “Crecer es un oficio triste”…
Si quieres que escriba el guión, tendrás que ofrecerme un contrato.

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Silvia Nanclares


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