Takashi Miike, o la seducción del caos

Asesinos sadomasoquistas, superhéroes enfundados en trajes de cebra, yakuzas con corazoncito gay, heroínas románticas dispuestas a cortarnos en pedacitos y fantasmas que dejan llamadas perdidas en el móvil. El universo fílmico de Takashi Miike no atiende a reglas, convenciones ni géneros. Escapa a toda lógica. Pero engancha como ninguno. Cine excesivo, libre, sin ataduras. Cine, al fin y al cabo. Esperemos que el éxito fulminante de “Llamada perdida” en nuestras salas se convierta en la avanzadilla de un desembarco masivo de sus otros hijos en celuloide. Que viendo la cartelera, falta nos hace.

 

Cuentan que a los 13 años, este director parapetado siempre bajo sus sempiternas y oscuras gafas de sol entró en la aun más oscura sala de un cine a ver una peli de Bruce Lee. Tocado y hundido. La fiebre del celuloide hizo mella en él, con síntomas agraviados por el cine de barrio. El bueno, no el de Parada. Cuando se le pregunta por aquellas primeras sacudidas filmícas, Takashi desata una inesperada verborrea: “La experiencia personal en cuanto a películas depende enormemente de cuándo, con quién y en qué cine la vi, ¿verdad? La película que te resultó interesante y conmovedora cuando eras un muchacho, al verla de nuevo ya adulto te parece poca cosa. No se trata de que te parezca poco interesante ya que tú eres un adulto con una mayor cultura o conocimiento al ver la película. Creo que la sensibilidad y la capacidad que tenías de disfrutar viendo las películas cuando eras un niño, ya no la tienes”. Un público no tan niño, en cambio, recibe sus nuevas películas con una algarabía propia de teenagers. No es de extrañar: sus obras sí que asombran, sorprenden, allá donde se estrenan. Y no crean que son pocas.

El cineasta nipón se ha labrado en tan sólo 44 años de vida una filmografía-río tan vasta como inaudita, repleta de giros estilísticos y argumentos imposibles: 60 películas . Tan bizarre que asusta. “Una obra fecunda no nace de un sistema determinado sino del impulso de querer hacerlo y, también, de un carácter irresponsable. Creo que la voluntad del hombre tiene una fuerza tal que puede hacer volar por los aires el sentido común que hay en el mundo del cine”, comenta Miike sin ruborizarse. Pero sin apenas despeinarse, este director con pinta de yakuza (se dice que la mayoría de sus amigos en la infancia han acabado sus días como miembros de triadas) es capaz de rodar la friolera de seis películas en un solo año, su récord hace un par de años. Es extraña la temporada que no baja de tres. Y todas ellas tan diferentes entre sí como si fueran hijos de diferentes mujeres. “En ninguna película existe un tema único y absoluto, ¿no? Diría que todas las cosas están enlazadas entre sí”. Punto en boca, pues.

Algo sí que parece inherente al universo Miike, ya sea en su trilogía harboiled (“Dead or Alive”), su delirio más polémico (“Ichi The Killer”, este mes de estreno en nuestro país vía dvd) o la enfermiza “Audition”: la violencia como catarsis. No en vano en el estreno de la segunda en el Festival de Toronto de hace cuatro años al público asistente se le obsequiaba con una bolsa para vomitar –con el logo de la peli, claro- antes de entrar en la sala. “Yo no creo que estas películas sean especialmente violentas”, comenta Miike sin ánimo de entrar en el juego de las excusas. “Siento mucho más la violencia en aquellas películas donde los actores/actrices secundarios existen sólo para resaltar la figura atractiva del protagonista. Sin embargo, indistintamente de la interpretación por parte de los espectadores, si ellos disfrutan mirándolas me doy por satisfecho”.

“Pienso que todas las personas, excepto yo mismo, son maestros, sin limitación alguna de las películas que hayan realizado o el hecho de que sean directores o no”

¿Y está satisfecho Miike con su condición de autor, un sambenito que le colgaron después del éxito internacional de “Audition”? “Eso del ‘Director Takashi Miike’ es una imagen falsa creada por los espectadores”, se apresura a corregir el cineasta. “Agradezco que se me haya concedido una posición prestigiosa desde la que a veces correspondo sus expectativas y otras veces las traiciono. Pero, para mí que conozco mi propia capacidad, estoy sorprendidísimo de aquella película y de la fuerza que tienen los espectadores que convierten la nada en algo”. Respecto a este asunto, llama la atención que Miike no sea considerado un autor en su país natal. De hecho, sus primeras obras se concibieron para ser destinadas al mercado del vídeo. Incluso ahora, el japonés no le hace ascos a este formato. Y de hecho también, la reciente “Familia” la grabó con una Sony VX 1000, una cámara que puedes comprar en cualquier tienda. ¿Es partidario Miike de la escuela rápida, económica y cómoda que supone el rodar en digital? ¿O eso supondría volverle la espalda a la tradición de maestros como Shoei Imamura, de quien se dice aprendió el oficio? “Pienso que todas las personas, excepto yo mismo, son maestros”, confiesa no sin cierta ironía, “sin limitación alguna de las películas que hayan realizado o el hecho de que sean directores o no”.

Pues aunque no se reconozca aun como maestro, a Miike le han llovido elogios por el magistral uso del tempo y del suspense en su última película estrenada entre nosotros, la inquietante “Llamada perdida”, su película más accesible hasta el momento. Que se haya lanzado en nuestro país con una fluidez admirable parece una (inteligente) consecuencia del boom del terror asiático en las pantallas de medio mundo. Esa mitad occidental que cada día parece pasarlo peor (o mejor, como prefieran) sobresaltándose con los aparecidos de ojos rasgados que con la típica jovencita corriendo delante del psycho de turno… “Es cierto que para el terror no sirve la diferencia cultural o religiosa”, confiesa Miike. “Aunque la verdad es que la mayor parte de las películas japonesas de terror actuales son meramente una caja de sorpresas con efectos visuales y sonoros, por lo cual cualquier espectador puede disfrutar de ellas. Creo, de todos modos, que el terror japonés es un tanto sombrío y produce una sensación muy peculiar en la mente de los espectadores, como una pequeña trangresión o rebeldía frente a las grandes obras o superproducciones que provienen de otras cinematografías como la estadounidense”.

Y ya que andamos con el terror que vino de Oriente, ¿podrá Miike explicarnos esa afición desmesurada por fantasmas de niños silenciosos y mujeres de abundante cabellera, presencias habituales en “The Ring”, “The Crudge” o sus secuelas? “Seguramente esa simbología se originó en los cuentos de terror clásicos del Japón… Desde antaño, en Japón la mujer ha sido siempre el sexo débil y se le ha demonizado por diversas cuestiones: guardar rencor, maldecir o vengarse era algo propio de la mujer. Y las mujeres siempre llevaban cabellos largos”. Interesante hipótesis. “O a lo mejor es cosa del ADN…”, añade Miike con sorna.

“Con tal de que haya un entorno donde pueda actuar libremente, crearé películas donde sea y con quien sea”

El humor es otra constante en la obra de este director. Los delirios de “Ichi The Killer”, con ese frenético asesino sadomasoquista como eje central, y el humor negro soterrado en “Audition” o revoloteando alegremente por la aún inédita en nuestras salas “The Happiness of the Katakuras” (¡un musical con zombies y crítica social!) así lo atestiguan. Su nuevo proyecto también parece preñado de una insólita comicidad. “Estamos filmando una película llamada ‘La Gran Guerra de los Espectros’”, anticipa el incombustible director. “Dichos espectros son unos monstruos clásicos en Japón. Es una película tremenda en la que un muchacho llorón y los espectros del título juntan sus fuerzas para salvar al mundo de la crisis en la que se halla sumido”. ¿Más cine de género? “Es una obra que no encaja en ninguna clasificación ya existente, es tremendamente extraña y divertida. En pocas palabras, es una película sobre una gran batalla donde no se lucha”. Ardemos en deseos de echarle el ojo…

¿Y el salto a Hollywood? “Con tal de que haya un entorno donde pueda actuar libremente, crearé películas donde sea y con quien sea. Sin embargo, no creo que exista un país tan libre como Japón”. Ahí queda eso, sr. Bush.

FREEK! te recomienda:

Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


Deja tu comentario


seis − = 2

Si, esto esta orgullosamente hecho con Wordpress | Deadline Theme : An AWESEM design

Featuring Recent Posts WordPress Widget development by YD