Cicciolina

 

La primera mujer que por méritos propios alcanza el protagonismo en esta sección es la polivalente italohúngara Illona Staller. La Cicciolina, como se la conoce desde que presentó un programa de radio italiano Voulez-vous couche avec moi en los setenta, ha sido actriz porno en unas treinta producciones y ha participado en política en varias ocasiones. Pero aún hay más cosas que la hacen merecedora de un hueco en este espacio para freaks de prestigio.

 

Aquellos que se tragan las pelis porno de principio a fin dicen que Cicciolina soltaba en sus ochenteras cintas porno, entre cópula y cópula, mensajes pacifistas y ecologistas. Una buena manera de exponer el prometedor futuro en el mundo de la política de este mito vivienda, nacido en Budapest, allá por 1951.

Su padre fue Ministro de Interior de Hungría y, a los 19 años, fue reclutada por los servicios secretos de su país, cuando trabajaba de camarera en un hotel internacional de la capital húngara. Según dijo, su misión no era redactar informes, sino hablar con ciertas personas y hacerles las preguntas necesarias. Una historia a lo Mata-Hari que duró poco tiempo. Concretamente hasta que se fue a Italia en busca de fortuna como fotomodelo.

“Me resfrié durante la campaña porque la hice casi toda desnuda”

Allí conoció al que sería su mecenas y amante Ricardo Schischi, director y productor de cine porno. Con éste, a la joven extrarrubia le entraron ganas de desnudarse ante la cámara y jugó a ser actriz durante bastantes años. Hasta que a mediados de los 80, a partir de “Teléfono Rosso” (1983), se introdujo en el vendible sexo explícito y hardcore.

Mientras se hacía famosa en los círculos más afines a este arte de consumo masivo tan mal visto, Illona se codeaba ya con leyendas de carne -mucha- y hueso como Moana Pozzi, Rocco Siffredi y John Colmes… Incluso se atrevió con el oscuro mundo de la coprofilia (de ficción o real, siempre será difícil de discernir) en“Banane al cioccolato” (1986).

Dentro de esta espiral de escenas no aptas para menores, la actriz coge y le pide al Partido Radical italiano, en cuya formación había candidatos como Emma Bonino, seria defensora de la despenalización del cannabis, que la admitieran en su lista de candidatos. Aceptan, pues no había cometido ningún delito, y la colocan en el puesto 46, por orden alfabético.

“Subí los brazos y el top se me cayó”, declaró al ser detenida ante el parlamento italiano, con el pecho al aire.

La prensa, a la que le encanta estas cosas, le hace una fantástica campaña gratuita, aprovechándose de su místico símbolo del pecho descubierto, que ofrecía en sus apariciones públicas, en homenaje a la Libertad deDelacroix. Y aunque fue juzgada constantemente por obscenidad, consiguió hacerse con un escaño, hasta concluir la legislatura en el 92. Su éxito fue achacado a que satisfacía las necesidades de muchos hombres (¿?) aunque también es probable que la gente, más que por su programa político, votara por su teta izquierda.

Pero en 1990 su vida dio un giro radical cuando se casó con el extraño artista Jeff Koons, quien la sacó del celuloide para convertirla en musa de sus esculturas y demás obras de arte erótico-vanguardistas. A partir de que naciera su hijo Ludwig, la pareja se rompió y la Cicciolina se vio envuelta en unas movidas judiciales por la custodia del niño que la hicieron crecer y madurar… con cuarenta años.

Para demostrar que era una buena madre dejó el porno bestia y volvió a la política. Se presentó en el 93 a las generales italianas, más tarde a la alcaldía de Monza, e incluso a las nacionales húngaras. ¿Qué tendrá la política? Nunca más consiguió el éxito del 87. Sin embargo, lo último que ha aparecido en los medios es su escandalosa intención de presentarse a la alcaldía de Milán. Escandalosa no por presentarse sino porque ha prometido convertir un castillo del siglo XV en un gran casino.

Su lema de hacer una Milán más interesante se debe a su opinión de que la ciudad está algo aburrida y ella llegará para salvarla. Además -¡qué bonito!- ha sugerido que parte de su sueldo, una vez sea alcaldesa, lo destinará a los más necesitados.

Aparte de que dice comportarse como madre ejemplar con su hijo -no hay por qué dudarlo- y de dedicarse a espectáculos soft light, grabar CD’s y publicar un libro autofotobiográfico, su extravangancia no descansa. Como colmo de la comunión entre show, carne y política, Cicciolina ha sido capaz de ofrecer su cuerpo al poseído de Sadam Hussein, a cambio de la paz mundial. Un gesto, asegura, que ya lo tuvo por primera vez en la guerra del Golfo, en el 91. ¿Que cómo lo haría? Según ella, tapándose la nariz y cerrando los ojos.

 

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admin


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