Mr. T

Para algunos, el nombre de Lawrence Tureaud les dice bien poco. Para muchos, en cambio, Mr. T les trae de inmediato a la memoria a este fanfarrón de metro ochenta. El tercer rostro más popular del mundo, si creemos las encuestas, pisándole los talones al mismísimo Papa y a Ronald, el payaso de la cadena del colesterol. Para otros, una inmensa mayoría, Mr. T será siempre B. A. Baracus, miembro fundador del Equipo A, dispuesto siempre a deshacer entuertos, blindar una furgoneta en tiempo record y aguantar las monerías de Murdock, el chiflado de su compañero.

 

Cumplió el pasado 21 de mayo cincuenta y dos años, pero aun se mantiene en forma. Lawrence Tureaud nació en Chicago allá por 1952. Su infancia no fue un camino de rosas. Abandonados por su padre cuando el pequeño Lawrence apenas tenía cinco años, él y sus once hermanos -cuatro niños y siete niñas- sobrevivían cómo podían con el mísero sueldo de su madre, en un pequeño apartamento de 3 habitaciones. El tesón de su madre por sacar adelante a la familia fue algo que le marcaría para siempre. Años más tarde, en plena popularidad, confesaría en una entrevista: “Cualquier hombre que no quiera a su madre no puede ser amigo mío”. Y con ese físico imponente, mejor tenerlo siempre como amigo, ¿no creen?

Cuando cumple los dieciocho, el joven Lawrence decide cambiar su nombre por Laurence Tero, que le parece, según propias declaraciones, “menos europeo”. Para entonces, y a pesar de su juventud, su forma física empieza a dar frutos: es la estrella del equipo de fútbol del colegio, practica con éxito las artes marciales y es nombrado tres años consecutivos campeón de lucha libre en los Campeonatos de su ciudad natal.

Una lesión de rodilla, no obstante, frustra todo intento de convertirse en deportista profesional… o casi. Comprobando con tristeza que correr no será lo suyo, prueba en mil y un oficios: portero de discoteca (incluso es galadornado con el Premio al Mejor Portero de EEUU… allí tienen premios para todo), profesor de gimnasia, guardaespaldas y hasta policía militar.

En 1972, cansado de tanto movimiento, decide quedarse en el ring. Es entonces cuando hace su aparición Mr T, convirtiéndose en todo un icono de la chavalería yanqui. Para cualquier niño de barrio, Mr T era el ejemplo a seguir: alguien que había salido del arroyo para saborear las mieles del éxito, abriéndose paso a puñetazo limpio.

Sus primeros pasos en el mundo de la lucha profesional los da en los primeros 80, junto a otra bestia parda,Hulk Hogan, otro asiduo a apariciones en el cine y la televisión. Ambas montañas de músculos compiten en el Wrestlemanía contra otra pareja de brutos, Paul OrndorffRoddy Piper (que protagonizaría años más tarde la deliciosa “Están vivos”, serie B de denuncia a las órdenes de John Carpenter), saliendo sanos, a salvo y victoriosos. La monumental paliza que propinaron a sus contricantes es ya todo un clásico e, incluso, se repite en la televisión estadounidense todos los años, como si fuera un clásico navideño digno de Dickens.

Mr. T, además, no volvería a la lucha libre hasta diez años después, en 1994, y sólo como homenaje a un ya ajado Hogan, con más pellejo que esteroides.

Serán aquellos años los más dulces de su existencia. En 1982, justo en la entrega de premios del citado Concurso de Porteros (sic), conocería a Sylvester Stallone. Éste, asombrado ante la fisionomía y la arrogancia de Mr. T, no duda en contratarlo para su próxima película, “Rocky III”.

La segunda secuela del potro italiano hace de él un rostro popular no sólo en EEUU, si no en todo el mundo. Ese mismo año interviene en otra franquicia de celuloide pugilístico, “Penitenciaría 2″, filme de serie B que, gracias al auge de Rockys & cía. goza de un inusual éxito.

Y la fortuna llama a su puerta: Stephen J. Cannell le ofrece interpretar al sargento Bosco “B.A.” (de BadActitude) Baracus en la serie de la MCA “The A-Team”, convertida desde su episodio piloto en todo un clásico de la caja catódica. Al igual que él, su personaje era oriundo de Chicago, había estado en el ejército y se las apañaba como mecánico. La simbiosis fue perfecta.

Aunque, desgraciadamente, tanta popularidad no tuvo eco más allá de las sobremesas. Mr. T no logró encauzar una carrera cinematográfica -sus escasas virtudes cantan- y sus intervenciones en la gran pantalla quedan como meras anécdotas, la mayoría de ellas además interpretándose a sí mismo: “Spy Hard”, “No es otra estúpida película americana”…

En 1993 aparecía incluso en “Freaked” (aquí, estrenada en vídeo como “La disparatada parada de los monstruos”) en el imposible rol de La Mujer Barbuda.

En 1995 le diagnostican un cáncer, lo que le obliga a retirarse un tanto de la vida pública y dedicarse tan sólo aspots televisivos.

Hace tres años, logró por fin superar el mal trago y ahora es presencia habitual en el show de Conan O´Brien… y en más de mil páginas de internet que honran su figura. ¿La mejor? Sin lugar a dudas, mrtvseverything.com, donde el incombustible Lawrence reparte sopapos a todos los personajes imaginables, desde George Bush a Harry Potter.

Ya ven: Mr. T sigue en plena forma.

CURIOSIDADES BARBUDAS:

Fue guardaespaldas de Muhammed Alí, Steve McQueen, Michael Jackson y Diana Ross.

Sus famosos colgantes están valorados en más de 300.000 dólares y tarda más de una hora en colocárselos.

Según una encuesta de la BBC, es el 4º americano más influyente, después de Homer Simpson, Abraham Lincoln y Martin Luther King.

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Tali Carreto

Siempre me tiró el lado oscuro: de renacuajo me metía debajo de las sábanas con una linterna y un libro. Menos mal que no me dio por las velas. Luego llegaría la sala del cine: tengo el record mundial de visionados de "Tiburón". Y al final, los antros: en una ocasión una chica se rompió el tobillo bailando lo que yo pinchaba. Literalmente. Catacrack. Pero un día vi la luz y con los Guisado bros. como jedialiados alumbré al mundo la FREEk!, el Monkey Week y algún que otro sarao interplanetario. No está mal para alguien que no sabe girar a la izquierda, como Zoolander.


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